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Publicado en Opinión

Los Bancos Centrales alimentaron al capitalismo zombi actual

Jueves, 06 Diciembre 2018 04:26 Escrito por 

Los Bancos Centrales del mundo enfrentan una gran trampa de liquidez que puede provocar la próxima crisis mundial. En efecto, la Reserva Federal, el Banco Central de Estados Unidos, busca disminuir la expansión monetaria al subir las tasas de interés (repitiendo el ciclo que llevó a la pasada crisis que se manifestó con el crac bursátil de 2008).

Las mal llamadas crisis financieras son en realidad el efecto, no la causa de las transformaciones contemporáneas del capitalismo que derivan de desequilibrios estructurales. 

Es una ley general de la evolución del ciclo económico capitalista: en cada ciclo, las tensiones económicas, sociales y políticas van creando las condiciones para la siguiente transformación del orden capitalista previo. Por ejemplo, el capitalismo posterior a la crisis estructural de fin del siglo 20 y principios de este siglo 21 es muy diferente del anterior a la crisis de las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado.

La causalidad va de las Tensiones a la Crisis, de la Crisis a la Solución para lograr la Salida de la Crisis, pero esa ¨Solución¨ crea nuevas Tensiones.

Lo peculiar del Capitalismo son las Tensiones en la naturaleza cíclica misma del modo de producción, en donde están en juego los ritmos y las formas del cambio técnico, sus consecuencias sobre la tasa de ganancias y la lucha por su reparto por medio del laberinto de instituciones y mecanismos financieros en cuanto al crecimiento crecimiento o no de los salarios, del empleo y el desempleo, etc.

En otras palabras, la economía al transformarse produce tensiones, que tarde o temprano se manifiestan en crisis y es característico del capitalismo desde el siglo pasado cuando se crearon los Bancos Centrales que los ajustes de estos Bancos Centrales que dan ¨solución¨ a la salida de la crisis paradójicamente crean las condiciones para las posteriores tensiones que acarrearán la siguiente crisis.
Simplificando las cosas, comparemos las más recientes crisis estructurales del capitalismo. En los años setenta del siglo pasado se manifestó el agotamiento del modelo keynesiano de gasto público en la postguerra en que disminuyó la tasa de ganancia del sistema, lo que llevó a grandes déficit públicos y endeudamiento empresarial para evitar el estancamiento económico, pero que llevó a una enorme ola inflacionaria mundial. 

Para frenar la inflación, al principio de la década de los ochenta la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó drásticamente las tasas de interés  y se conjugaron con la desreglamentación monetaria y financiera que dieron nacimiento al neoliberalismo global, constituido en los centros financieros anglosajones (en Inglaterra, durante el periodo de la Señora Thatcher y en Estados Unidos cuando gobernó Reagan) y exportado a la periferia (tras sobreendeudarse para diferir la devaluación, México fue el primer país en declararse en quiebra en 1982 a consecuencia de continuar con el agotado modelo keynesiano, cuya aplicación alargó mientras duró el auge petrolero que acabó precisamente en 1981 con el desplome de los precios de exportación del crudo).

Las crisis financieras de los años noventa son complejas y, por lo mismo, difíciles de explicar por una sola causa. Sin embargo, pueden atribuirse en general a la globalización de los mercados y México fue nuevamente el primero en mostrar la inestabilidad neoliberal con consecuencias dramáticas.

El siglo 21 inició con un crac bursátil y un ataque terrorista en Estados Unidos que no degeneró en una crisis económica catastrófica porque la Reserva Federal (su Banco Central) bajó sus tasas de interés para que las instituciones financieras ligadas a la Bolsa pudiesen refinanciarse, con el fin de evitar las ventas masivas de pánico de las acciones, lo cual frenó la caída. Esta baja en las tasas de interés y los ¨ingeniosos¨ mecanismos que las instituciones financieras inventaron para aumentar desorbitadamente el crédito y trasladar las malas deudas (zombis financieros) por todo el mundo mediante sus paquetes hipotecarios de  ¨derivados¨, provocó que cuando la Reserva Federal en 2003 intentó frenar estos instrumentos gradualmente con el aumento de las  tasas de interés, disparara una tremenda caída en Wall Street a finales de 2008 que pronto contagió a todo el mundo y posteriormente desencadenara la Gran Recesión de 2009 y años subsecuentes. 

La ¨solución¨ a que los Bancos Centrales recurrieron para dar salida a la crisis fue una súper inyección de dinero a las economías y una baja inusitada en las tasas de interés para evitar, primero, una quiebra general de los bancos y, segundo, alejar la posibilidad de una Gran Depresión deflacionista (precios a la baja) como la de los años Treinta del siglo pasado. La solución logró la salida de la crisis, pero el remedio produjo nuevos problemas para la economía mundial que ahora se empiezan a ver. 

De entonces a esta fecha parece que se han reunido las condiciones que podrían provocar una nueva crisis, pero que -como en cada ocasión- ésta será diferente en algunos rasgos a las anteriores. 

Hay quien piensa que en los próximos años puede evitarse una repentina ¨catástrofe¨ económica, y en su lugar enfrentar un nuevo ciclo de bajo crecimiento, ya que no parece haber una amenaza de inflación, sino todo lo contrario, fuertes tendencias a la deflación. 

Lo anterior porque a pesar de la gran expansión monetaria ésta no se ha traducido totalmente ni en fuertes inversiones ni en altas tasas de consumo (como los bancos tampoco han aumentado fuertemente el crédito, el dinero se ha desviado a inflar la Bolsa y al mercado de bonos), lo que se refleja en una paralela disminución de la velocidad de circulación del dinero que a su vez no impulsa una fuerte demanda que haga subir los precios.  Demasiados círculos viciosos en la economía mundial. La economía mundial se zombifica (parece muerta pero puede espantarnos en cualquier momento).

El capitalismo mundial está actualmente afectado ¿infectado?), por lo menos, por cinco problemas que empeoran y de los que no parece encontrarse una cura inmediata: descenso de la tasa de ganancia y del crecimiento, concentración del ingreso en las oligarquías que no se traduce en inversión física, disminución de la participación de la esfera pública, corrupción  con una creciente participación del crimen organizado y una situación geopolítica anárquica a nivel internacional que causa graves problemas de ingobernabilidad, migración y proteccionismo que está reduciendo el crecimiento del comercio global. 

Todo ello, manifestado en el lado financiero por una enorme burbuja creada por la deuda soberana y el mercado de bonos, en el cual juegan una parte medular los Bancos Centrales con sus políticas expansionistas a través de compras de activos financieros, principalmente en renta fija de bonos del gobierno.

La Reserva Federal (el Banco Central) de Estados Unidos está intentando detener este endeudamiento excesivo causado por la expansión monetaria y subir gradualmente las tasas de interés esperando no provocar una nueva caída drástica de la economía, con todas sus consecuencias negativas sobre el empleo. 

Esta ¨solución¨ inicial de los Bancos Centrales nuevamente ha producido tensiones y turbulencias (recientemente cierta desaceleración del crecimiento económico mundial, caída de los precios del petróleo y otras materias primas, algunas bajas en acciones bursátiles, contracción del comercio mundial). 

Que estas tensiones no desemboquen en una nueva gran crisis depende de muchos factores, entre ellos que las autoridades monetarias no ignoren el curso del ciclo económico y reconozcan que no puede controlarse por las meras medidas monetarias ¨keynesianas¨ de los Bancos Centrales que, quiérase o no, ya no son tan efectivas en economías abiertas y muy endeudadas como sucede hoy en la globalización y como es la de México que comparte sus problemas.

México es un país muy endeudado, tanto interna como externamente, donde desde la gran crisis de 1982 se ha reducido la participación gubernamental en la inversión pública, con una tasa de ganancia en descenso y bajo crecimiento económico, con una de las mayores concentraciones del ingreso en el mundo y una gran pobreza.

Nuestro país está plagado de corrupción  y crimen organizado que causa graves problemas de ingobernabilidad, y es afectada por una situación internacional que tiende al proteccionismo y nos causa graves problemas en las corrientes migratorias. 

En su haber el país tiene una relativamente moderada inflación (es ¨menos peor¨ que la deflación), y su Banco Central cuenta con abundantes reservas monetarias que reducen la volatilidad del tipo de cambio del peso frente al dólar. 

Sin embargo, estas reservas se han logrado no por superávit comerciales ya que seguimos importando más que lo que exportamos, sino principalmente por flujos externos de inversiones financieras, ya sea en acciones bursátiles o principalmente en los bonos del gobierno, atraídas por las relativamente altas tasas de interés que pagan los bonos del gobierno de México, comparado con los bajísimos rendimientos en Estados Unidos. 

Esto último ha obligado a que los bancos comerciales cobren altas tasas de interés desalentando el crédito interno y, por tanto, el crecimiento económico del país en general. La economía mexicana  está zombificada. 

El reto económico y financiero del nuevo gobierno será salir de la trampa que hereda y transformar esta economía zombi en una nueva economía productiva.

¿Será posible ante un medio externo tan adverso, con tantas tensiones, y un margen interno de acción económica y financiera tan limitado? Ya iremos viendo.

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Javier Ortiz de Montellano

Articulista invitado