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Con singular alegría… El espíritu no se gana, se merece

Lunes, 12 Febrero 2018 00:10 Escrito por 

El espíritu no se gana, se merece. Todo valor empieza con la vida: la justicia, el bien, la verdad y la belleza, de donde se desprenden todos los demás: honradez y dignidad; prestigio y libertad; tolerancia y conciencia; amor y espiritualidad; identidad y solidaridad; prestigio y humildad; templanza y prudencia; honor y conciencia. Sabiduría.

Si conjugo esto con lo que he aprendido, me puedo interesar más en mi nación y por supuesto en sus gobernados, en sus gobernantes y en su gobierno. La seguridad nacional, la información clasificada, el manejo de grupos para tener y conformar el orden y el estado de derecho, así como el funcionamiento de la política pública, crean la necesidad de tener al frente dignos administradores públicos de carrera. La crisis por la que vive el país es el agotamiento de un conjunto de fallas de gobierno. Es el anuncio de que está emergiendo uno nuevo.

Si un gobernante no entiende de derecho, de políticas públicas, de administración pública, de gerencia pública, ni percibe la crisis por la que vive el país, no sabrá cómo resolver sus problemas. Si no escucha y trabaja junto con sus gobernados, menos.

En este momento, necesitamos una gran toma de conciencia de lo que ocurre en nuestro país. No todas las intervenciones del Estado en la sociedad y la economía, son funcionales. La capacidad de respuesta para atender problemas públicos por parte del Estado Administrativo, empieza a rezagarse. No se saben las consecuencias que un mal manejo político puedan suscitar. Y en este sentido, el voto de castigo es lo de menos.

Y con esto se encaminan las Políticas Públicas y la Gestión Pública: a que los funcionarios tengan una mejor preparación. Esto significa establecer conceptos como administración por resultados -no por objetivos-; innovación; gerencia pública; con gente adiestrada en cada uno de los campos. Pero por supuesto con valores.

Se trata de formar nuevos directivos en el gobierno y en la administración, mayor competencia. Servidores públicos con capacidad multifacética. Al concepto de eficiencia se le agregan indicadores de medición. Adoptar la cultura de la productividad y desempeño. Introducir la palabra costos políticos, en los procesos de la gestión pública. El manejo de los líderes que ayudan a establecer los mecanismos para elaborar las políticas públicas es esencial. Cuidar a la burocracia, lo mismo.

Entender lo que significa gobernabilidad. Informarles que se pregona que el Estado de la globalidad no debe ser tan obeso, tan centralizado, tan abrumador, en términos de la centralización de la economía. Sino que deben ser más ágiles, con menos peso y menos tamaño.

Que entre el gobierno y sus gobernados, la sencillez y la humildad sean lo preponderante. Los líderes necesitan gente de su altura, de su categoría, de su visión. Por eso el pueblo los ha escogido. Pero por supuesto que esto sólo lo sabe un administrador público, experto en políticas públicas, en gerencia pública, en innovación, en identidad estatal, en amor a su pueblo, en honestidad y por supuesto en humildad.

Como cuando valorar, es el significado del ser. Porque el espíritu no se gana, se merece.

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Gilda Montaño

Con singular alegría