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Publicado en Opinión

El Tintero de las Musas

Lunes, 30 Abril 2018 00:12 Escrito por 

Ángela Merkel vivió toda la vida amando a Dios. Desde que se acuerda. Yo no lo sabía. Ángela Merkel quien es la mujer más importante del universo, y la segunda dentro de la política mundial -después del presidente Obama- acaba de dar una recomendación sorprendente: “Europa debe volver a Dios y a la Biblia, para superar la crisis.”

Ángela quien es hija de un pastor, piensa que las personas deben volver a la “tradición de asistir a un servicio de la iglesia de vez en cuando, y tener algunos fundamentos bíblicos inquebrantables. Muchos no tienen una comprensión de los conceptos cristianos como el Pentecostés”, hablando sobre el abandono de la fe de los europeos.

Fue un día a la universidad de Berna y le preguntaron acerca de un grave problema que aqueja Europa: el de los extremistas islámicos. “Aunque el terrorismo es una realidad, volver a la Biblia nos puede llevar a ocuparnos otra vez de nuestras propias raíces y llegar a conocerlas mejor, preparando al continente para hacer frente a las diferencias con los musulmanes”.

La primera ministra también dijo que aunque el terrorismo islámico es una realidad donde hay concentración de musulmanes, parte de la responsabilidad de esto es del mundo occidental: “Desgraciadamente, esto también es una realidad que también tiene que ver con nosotros. Muchos de estos jóvenes que luchan por ellos [los terroristas] han crecido en nuestros países “, analizó.

Muy probablemente todo sea cuestión de virtudes y valores. Los seres humanos viven lo que de pequeños vieron en sus casas. El ejemplo es el mejor y mayor aprendizaje y el hecho de tener cerca a Dios, es además un freno para no hacer en la vida lo que se les plazca.

Qué diferentes hemos sido los que vivimos en generaciones antiguas. No había entonces psicólogo ni quien nos diera pastillas para reconfortarnos y modificar los comportamientos. Con una mirada o un azote bien dado, nos las ingeniábamos para portarnos de excelencia. Más nos valía. Ahora no sé ya qué nos pasa… Qué pena…

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Gilda Montaño

Con singular alegría