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Publicado en Opinión

El debate es el medio para contrastar las propuestas

Miércoles, 13 Junio 2018 00:06 Escrito por 

El derecho de los ciudadanos interesados en conocer cómo piensan los que pretenden tomar las riendas administrativas del gobierno ya sea municipal, estatal o federal, así como para ocupar un espacio en el congreso estatal o federal, es inalienable.

Y bien, los aspirantes a ocupar algún cargo de elección popular, disponen de diferentes medios para dar a conocer a los ciudadanos con capacidad de votar, quienes son, cómo son, qué proponen, cuál es su visión y su proyecto, exponerlo y explicar la forma como piensan aplicarlo. Para ello, tienen la posibilidad de informarlo a través de los medios tradicionales, como son: los impresos, radio y televisión, agregando el internet que conlleva las redes sociales, y que de hecho actualmente es de los más utilizados.

Los candidatos y su equipo preparan estrategias para abarcar al mayor número de los posibles votantes con el fin de dar a conocer su proyecto y de esta manera, convencer al ciudadano para que vote por ellos. Una de ellas y que han optado algunos por utilizar, es escribir uno o más libros para explicar todo lo relacionado con su proyecto, y de paso, para dar a conocer cómo son y cómo piensan, pues la lectura obliga al que lee a enterarse de todo lo que el autor pretende enterarle, es como escuchar un largo discurso sin la menor posibilidad de interactuar con él, la única diferencia, es que en este caso, el interesado paga por este tipo de información.

Pero es precisamente una de las condiciones que se supone domina el aspirante del voto, pues datos y estadísticas son parte del estudio obligado que realizó para enriquecer su documento, aunque hay quien no recuerda, o no sabe de lo que él mismo escribió, entonces, ¿lo escribió o lo encargó? La habilidad para responder cualquier cosa que diga su libro debe tenerlo en la mente. Cualquiera que haya escrito su tesis así lo puede acreditar, a menos, insisto, que se lo hayan hecho.

Ahora bien, el debate, es una de las condiciones necesarias en una democracia seria, para contrastar las ideas, proyectos y plataformas políticas. El cómo se piensa darle solución a los problemas que aquejan a su comunidad, estado o nación, ese es el tema, refrescar las palabras con un verdadero proyecto que dé confianza e inspire a los ciudadanos para que hagan suyo ese camino, al identificarse con el ponente que sea de su agrado, porque pudieron quedar convencidos y hasta enamorados por la forma en la que se plantea incluirlos para encontrar juntos, como sociedad, el anhelado equilibrio administrativo de sus gobiernos.

El debate, sirve para cristalizar las ideas, con esa necesaria transparencia que hagan conectar la necesidad de la gente, con un camino propuesto y abrir brecha de la mano con los gobernados, porque no hay mayor satisfacción que el hecho de sentirse comprometido para un bien común.

Pero, ¿qué nos han dejado los debates de los que hemos sido testigos?, no queda mas que lamentar el nivel de la política que hay actualmente en México, con esos desplantes y esas muestras tan “elegantes” de tratarse sin el menor respeto entre ellos, uno pensaría que están compitiendo por saber quien es el más ocurrente y no por el mejor preparado.

Y entonces, ¿cómo se puede exigir que sus seguidores sean serios y guarden compostura, especialmente, que respeten a los que no piensan como ellos?, cuando son los propios líderes quienes dan de qué hablar, y dan muestra de esa nefasta lucha del poder por el poder, ¿que resta? Ciudadanos que se acogen a ese ejemplo, para que con desfachatez aleguen, sin argumento alguno, que su candidato es el mejor.

Los debates desafortunadamente se han convertido en un circo, en el que ya no hay más atractivo que los payasos, y obligan al electorado que poco a poco les vaya perdiendo el respeto, para engancharse con morbo y esperar a ver el siguiente, sólo para descubrir quien gana en insultos, en injurias, o para enterarse de lo recién descubierto del negro pasado de alguno de ellos. Los interesados en escuchar el cómo van a hacerle para darle solución a los problemas, quedarán esperando.

Todo esto nos hace reflexionar sobre ¿cuál es el México que queremos? ¿Nos tenemos que conformar con esto?

Sin señalar a algún candidato, partido o coalición en particular, es el momento en el que debería exigir el ciudadano al candidato, ya sea de su preferencia, o no, un compromiso real que pueda garantizar que va a cumplir con todas sus propuestas, el problema es, ¿cómo hacerlo? La queja frecuente es que no los ven sólo hasta la próxima campaña. Los políticos dejan de hacer, porque es el pueblo que se los permite, por eso parece que acuña bien esa frase de “el pueblo tiene el gobierno que merece”.

Los debates son ahora un chascarrillo, un juego que hasta parece telenovela, y se sintetiza en algo tan simple y llano, como en el recuerdo que se tiene de uno de ellos, con la frase “Ricky rikin canallín”, es de risa, verdad. Aunque lo más importante, ¿recuerdan cómo es que proponen darle solución a los problemas de la nación?, ¿si se va a considerar involucrar a los ciudadanos? ¿Si saben de dónde van a obtener los recursos para cumplir con los muchos programas que proponen? ¿Si habrá solución para ese mal recalcitrante que es la inseguridad pública? ¿con qué modelo? ¿Qué harán para resolver la encrucijada que representa Donald Trump para la migración, seguridad, mercado de libre comercio, mercado de drogas, de armas?, ¿cómo contener ese mercado que tantos intereses genera?

No, lo importante para ellos es hacer show en los debates, y ganar simpatías a partir de ello, pero, también la culpa es de quien festeja todos estos desatinos, porque se prefiere eso, que el razonamiento, porque al que razona y propone con seriedad se queda sin atención, es preferible escuchar con qué ocurrencia van a salir esta ocasión, y bueno, las preferencias siguen señalando al más popular, no al mejor, no al más inteligente, no al capaz de gobernar bien, la sociedad quiere un bufon, y un bufón tendrá.

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