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Publicado en Opinión

Protección Civil

Miércoles, 11 Julio 2018 00:10 Escrito por 

Muy lamentable la pérdida de vidas por las explosiones suscitadas en la población de Tultepec, Estado de Mexico. Entre los fallecidos, servidores públicos estatales y municipales, dedicados a salvaguardar la integridad de la ciudadanía. Policías, Bomberos y personal de Protección Civil.

Pero, ¿a qué se debió que estos héroes anónimos murieran en cumplimiento de su deber? se dice que por falta de experiencia o de equipamiento, pero es importante que aclaremos algunos puntos:

Nadie, pero nadie,queridos lectores, que no haya estado en un servicio de emergencia, podrá entender cuál es la sensación que se tiene al llegar a un lugar en donde hay un accidente o un fenómeno perturbador y mucho menos si se entera que hay personas atrapadas o lesionadas y que tienen la posibilidad de sobrevivir; nadie puede entender el sentimiento ante la súplica desesperada o la exigencia de un familiar que pide la salvación de quien está en peligro y, sobre todo, nadie que no lo haya hecho puede entender lo que es la satisfacción de salvar una vida.

Con esta reflexión se puede aclarar por qué los héroes de Tultepec murieron en el lugar, no fue por falta de capacidad o de equipamiento, sino por la necesidad de salvar vidas y proteger a los demás.

No quiero decir que no hay carencias; en los heroicos cuerpos de Bomberos hace falta equipo adecuado y en muchas ocasiones capacitación, pero esto no le da derecho a nadie a opinar en contra de los que murieron por ser parte de un pequeño grupo de seres humanos que sí ofrece todo por los demás.

Y lo digo por experiencia, porque he visto el rostro lleno de preocupación, las manos temblando y la respiración agitada de policías, bomberos y paramédicos cuando tienen el tiempo en contra y las condiciones adversas para resguardar la integridad física de un semejante. Y, seguramente, habrá quién dirá: “para eso están preparados”, y de nuevo contestaría: nadie puede vivirlo en cabeza ajena; nadie puede opinar si no ha sentido la adrenalina al estar en una situación de emergencia.

El servicio público en los cuerpos de emergencia puede dar muchas satisfacciones, pero la mayor es la personal, aquella que se logra con el deber cumplido, aquella que se obtiene al regresar al hogar y sentir que se hizo un bien a la sociedad y, sobre todo, aquella que se siente cuando un hijo expresa el orgullo por su padre.

Quedan familias resquebrajadas y con tristeza; sin embargo, escuché a una madre de familia decir: “mi hijo murió como él quería, salvando vidas”. Ese es el sentimiento de muchas madres, esposas e hijos que saben que la satisfacción de salvar una vida vale la pena aunque tenga que ofrecerce la propia.

Sea esta columna un pequeño homenaje a esos héroes que ofrendan su vida por los demás, con escaso equipo, con preparación básica, con medios limitados pero con gran corazón; que se extienda este homenaje a esos seres ejemplares que han brindado su vida al servicio público en cuerpos de emergencia. Haciendo un recuento, a mis compañeros y amigos policías, bomberos, inspectores forestales y paramédicos que se han quedado en el camino y a quienes tuve la oportunidad de conocer y estimar. Vaya mi cariño a sus familias y mis palabras a sus hijos, no fue en vano el sacrificio de sus padres pues todo lo hicieron por una sociedad mejor para ustedes.

Pensemos que nuestra vida será más segura mientras existan seres humanos que sacrifican todo por los demás.

¡Gracias amigos y descansen en paz!

Por cierto: es importante que la regulación que tenga la fabricación, transporte y almacenamiento de juegos pirotécnicos y sustancias explosivas, sea severa, con una supervisión estricta y sumamente escrupulosa.

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José Vera Monroy

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