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Publicado en Opinión

De "La Cama de Piedra" a "La Quinta del Bosque"

Miércoles, 08 Agosto 2018 00:08 Escrito por 

No sé cómo llegó ahí pero, al despertar, encontré en alguno de mis chats una fotografía de una glorieta (rotonda, plazoleta o como quiera que se le nombre en Español a esa “plaza circular”, en la cual desembocan distintas vías de circulación como calles, avenidas, etcétera). No se trataba de cualquier glorieta, no. Ésta fue LA glorieta –así con mayúsculas– que existió hace muchos años en mi ciudad: la denominada “Cama de Piedra” ¿alguien la recuerda? Era un punto de referencia obligado:

-¡Te espero en la “Cama de Piedra”!

-Ahí, como por la “Cama de Piedra”

-¿Para llegar a Ciudad Universitaria? Se sigue usted derecho joven y da vuelta ahí en la mera “Cama de Piedra”

-Tomas el autobús que dice “Cama de Piedra” y ahí nos vemos.

Las “Cama de Piedra” era también el punto que marcaba, de alguna manera, la entrada y/o la salida del poniente de la ciudad, todo depende si se trataba de viajeros que llegaban, o pasajeros que salían.

Esas piedras que nuestros ojos veían, no era en estricto sentido una “Cama de Piedra”, eran en realidad un monumento a los Niños Héroes. Era ahí donde cada año, los días 13 de septiembre, se daban cita personalidades del ámbito político para el pase de lista de honor a los siete cadetes que simbolizaron la histórica defensa del Castillo de Chapultepec, que tuvo como enemigo a las fuerzas militares de Estados Unidos en 1847.

Pero como diría T.S. Eliot: El tiempo pasado y el tiempo futuro. Lo que pudo haber sido y lo que ha sido. Tienden a un solo fin, presente siempre. Y en ese presente, lo que evocaba, por un lado, era la canción La Cama de Piedra, del compositor mexicano Cuco Sánchez, que a la letra decía: “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera”; y, por otro lado, evocaba la leyenda de Chucho “el roto”, ese personaje mítico, considerado el Robbin Hood mexicano, preso en una pequeñísima celda, en San Juan de Ulúa, Veracruz, cuya cama –dicen– era de piedra.

Esas historias juntas, circulan en mis recuerdos, como también mi asociación de Chucho “el roto” con los rostros de muchos jóvenes a quienes veía tras las rejas mientras esperaba el autobús. Justo a un costado de tan emblemática glorieta se encontraba también el Tutelar para Menores.

Hace algunos años, debido a la expansión de la mancha urbana, ese sitio dejó de ser el punto de entrada y/o salida del poniente de la ciudad y, al ser tragado por la vorágine urbana, ambos íconos urbanos fueron traslados a otros espacios, perdiendo con ello no sólo su esencia simbólica, sino cierto rastro de identidad urbana.

A esto los urbanistas le denominan landmarks, que no son otra cosa que una señal, un símbolo, un objeto o una construcción que sustituye a la palabra escrita o al lenguaje, y que funcionan como la marca de reconocimiento de un lugar determinado.

Tanto la “Cama de Piedra” como la “Centro de Readaptación Social para Menores” fueron reubicadas, y aunque se reubicó a la escultura y al tutelar para menores en sí mismos, las cosas siguieron siendo lo que son, pero las marcas permanecieron en su sitio.

Hoy día, durante el trayecto a la oficina, casi siempre doy vuelta en donde se encuentra actualmente el monumento a los Niños Héroes. Y no diariamente pero sí con cierta frecuencia visito la Quinta del Bosque, que es como se le llama ahora al Centro de Readaptación Social para Menores.

He participado de algunos proyectos colectivos que nos han permitido conocer un poco el sentir de quienes, por alguna circunstancia, deben pasar ahí algunas temporadas. Desde mi trinchera, he procurado hacer dinámicas con ellos a través de la literatura, para ayudarles a experimentar un poco de la libertad, de esa libertad que añoran y que ellos mejor que nadie saben respetar.

La primera vez que llegamos fue inevitable el temor y los prejuicios de ambos bandos; no obstante, hemos tenido la oportunidad de conocernos y escuchar las historias que se encuentran en sus miradas; su esperanza llegó envuelta en una lata de pintura, sus rostros se iluminaron cuando la creatividad fluía.

Una de las chicas que aún participa del proyecto, tiene presente al abuelo que esperaba paciente para ver a su nieto. La familia difícilmente abandona, y aunque dentro de esas paredes todo parece frío, el amor y los lazos familiares son fundamentales para continuar. Al menos sabemos que lo es para Alexis, Jesús, Christian, Miguel, Vanesa, Diana, Larisa y muchos otros jóvenes que ahí se encuentran. Comparto en estas líneas, un poco de su sentir y de sus sueños:

[Alexis] Tengo bellos recuerdos con mi familia en ocasiones especiales. Tengo metas que cumplir para ser alguien grande en la vida. Sé que tengo una gran familia que me espera al salir de un problema y que siempre está conmigo.

[Alberto] En la escuela me preguntaban qué quería ser de grande y respondía: “quiero ser un militar o un gran marino”. Pasaron los años y mi gran sueño nunca lo vi llegar, ahora me encuentro en este lugar; sin embargo, me di cuenta de que por algo estoy aquí, para valorar las cosas que nunca valoré.

[José] Cuando tenía siete u ocho años de edad, mi padre me decía: “pórtate bien, trabaja y échale ganas”. Él falleció. Yo agarré el mal camino y ahora me pongo a pensar por qué no hice lo que mi papá me aconsejaba, pero nunca es tarde: voy a echarle ganas para ser alguien de provecho en esta vida, para que mi papá, donde quiera que esté, se sienta orgulloso de mí.

Siempre he creído que hay momentos que nos dan la posibilidad de reflexionar sobre lo que cada uno de nosotros ha hecho, pero lo más importante es quizá que nos planteamos deseos y nuevos retos. De eso está hecho el motor de la vida. Hoy mis recuerdos me llevaron también a la reflexión de que lo toca hacer desde nuestra trinchera para construir un mundo mejor para todos.

PD. Felicidades por este primer año de vida de DigitalMex, a todos los que lo hacen posible. Muy particularmente a Diana y Martha por provocarme en este reto de escritura semanal.

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Ivett Tinoco García

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