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Publicado en Opinión

Seguridad

Miércoles, 12 Septiembre 2018 00:08 Escrito por 
Seguridad Foto: Especial

En la Historia de la UNAM y el Politécnico, el porrismo constituye parte importante de la actividad en estas instituciones; sin embargo, a traves del tiempo, la visión ha cambiado totalmente.

Durante muchos años los grupos de porros se dedicaban a apoyar a los equipos deportivos de de estas instituciones y su función era de animación, pero se fueron convirtiendo en grupos agresivos y con un falso sentido de territorialidad que defienden con el ataque a quienes en otras instituciones quieren imitar esta práctica negativa.

Así es como no sólo los planteles que pertenecen a la UNAM o al Politécnico son cuna de estos grupos sino que se han ido exportando a las universidades e instituciones de nivel medio superior y superior sobre todo de la zona conurbada del Estado de México.

Se puede asegurar que se han infiltrado en los subsistemas de educación estatal y de la Ciudad de México, y lo más deplorable es que obligan a los alumnos a enrolarse con ellos bajo la presión de ser agredidos o con otro tipo de extorsiones.

Su principal acción es convencer a los alumnos de todas las instituciones de que una vez inmersos en el grupo, a fin de defender su territorio, se conviertan en golpeadores al servicio de sus líderes y en muchas ocasiones de actores sociales con intereses económicos y políticos. Los integran a reuniones en donde se consume alcohol y droga sin medida; los llevan a cometer actos ilícitos con la idea de probar su lealtad al grupo.

Así es, estimados lectores, esto es el porrismo que aqueja a gran parte de nuestras instituciones de nivel medio superior y superior en la Ciudad de México y Zona conurbada; desafortunadamente existen pruebas fehacientes de lo que les comento.

Los actos vandálicos que se suscitaron en Ciudad Universitaria se replican todos los días en diversos campus de la máxima casa de estudios y en planteles de todos los subsistemas de educación. La autoridad no puede hacerse ciega a esto, lo conocen perfectamente, se sabe quiénes son los líderes y de dónde provienen los grupos, por lo menos en mi responsabilidad diaria lo tengo bien claro. No es un problema sencillo de atacar y terminar, debemos tomar acciones conjuntas para resolverlo. Como siempre, la educación en la familia es primordial. Me preguntaría: ¿cuántos padres saben que sus hijos participan en estos grupos y lo que hacen? Insisto, la vigilancia a nuestros hijos nos ayuda a evitar que se enrolen en estos grupos agresivos.

También la acción de la autoridad escolar es vital, por lo regular estos jóvenes no cumplen con los estándares de estudio y aprovechamiento normales; aplicar la reglamentación para encaminarlos, es importante. Y la aplicación de la ley también es básica, no permitir la comisión de ilícitos, contener las acciones de agresión y sobre todo castigar severamente a los adultos que, aprovechándose de ese sentimiento de pertenencia de los jóvenes, los incitan a delinquir.

Como lo mencione, anteriormente, es un problema complejo que se ha dejado crecer pero si todos abonamos tiene solución.

No permitamos que el paso de nuestros adolescentes por estos grupos los lleven a cometer actos vandálicos y, aún más, unirse después a grupos cuyo objetivo es desestabilizar una sociedad que merece vivir en paz y con armonía.

Por cierto: las fiestas patrias son un buen momento para insistir con nuestros hijos en el respeto y el cariño a nuestros símbolos nacionales.

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José Vera Monroy

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