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Publicado en Opinión

Los feminicidas de Ecatepec

Lunes, 08 Octubre 2018 04:21 Escrito por 
Los feminicidas de Ecatepec Sin Titubeos

Cuando la sociedad cree que haberlo visto casi todo, saltan casos en los que los estudios serios sobre el comportamiento humano simplemente quedan rebasados, por más precisos que sean.

Así, a partir del jueves pasado nos enteramos de una pareja de presuntos (manejo el término porque están en proceso, aunque son confesos) homicidas -término que se queda corto ante la deshumanización de sus actos - que actuaba sin más por las calles de Ecatepec, y tenía montado su “centro de operaciones” en calles del fraccionamiento Jardines de Morelos.

Juan Carlos Hernández Bejar y Martha Patricia Martínez Bernal, los probables feminicidas en cuestión, han sacudido a la opinión pública luego de que el primero ha declarado que asesinó al menos a 20 mujeres. Su compañera las enganchaba en su pretendido oficio de comerciante, vendiendo quesos y prendas extranjeras.

Las autoridades, mediante un trabajo de inteligencia digno de reconocerse, los capturaron y seguramente van a terminar sus días en prisión. Es lo menos.

Imposible saber lo que pasaba por la mente de estos criminales, para los cuales esta palabra se queda corta y es hasta condescendiente. Los sicólogos y siquiatras podrán hablar de trastornos personales, de desajustes mentales, de fanatismos religiosos (“santeros”), incluso de personas dementes, sicópatas y muchas más.

En otros lugares (Estados Unidos, por ejemplo) asesinos semejantes han alcanzado la libertad o condenas menores por parte de la justicia alegando locura, demencia u otras, terminando en hospitales para enfermos mentales y no en la cárcel. Por suerte no serán juzgados en esos países.

Pero más allá de diagnósticos clínicos o de calificativos arbitrarios, la maldad de una o varias personas nunca va a tener límites.

El caso de los probables femenicidas de Ecatepec es una prueba de la descarnada deshumanización, la cual se ha trasladado a las calles con ejecuciones cotidianas, seres humanos desmembrados por otros “seres humanos”, arrojadas sus extremidades, cabezas y troncos en plazas y avenidas.

Espectáculo rojo al que no debemos acostumbrarnos a pesar de su permanente proyección. Ojalá la autoridad comience a asumirse como tal para evitar que se haga daño más a la gente, a las familias y, en suma, a la sociedad toda. Parece que sólo es cuestión de atender las denuncias, de evitar la corrupción policial para llegar al fondo de cada asunto.

En los últimos años, Ecatepec ha sido más referente de feminicidios y de nota roja que de noticias sobresalientes, pese a sus deportistas, a sus profesionistas, a sus artistas, a sus comerciantes, a sus empresarios, a sus industriales y a toda esa gente que se empeña por darle prestigio a su tierra con su talento y trabajo.

Desafortunadamente, insisto, de un tiempo a la fecha Ecatepec ha venido significando “tierra de nadie”, “tierra de sangre” y, ahora también, “tierra del feminicidio”.

Indispensable revertir la descomposición humana y social en el país, en la entidad, pero ese municipio amerita una atención especial y urgente frente a lo que se ha venido convirtiendo. No bastan programas de gobierno, indignaciones ni gritos, sino actuar con toda seriedad y energía, justo para evitar o al menos atenuar impulsos asesinos.

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Diana Mancilla Álvarez

Sin titubeos...