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Publicado en Opinión

¿Quiénes se casan actualmente? Parte I

Viernes, 10 Agosto 2018 08:47 Escrito por 

Como hoy conocemos al matrimonio, se trata de un acto voluntario ligado al amor en pareja. Tuvo sus orígenes hace poco más de 300 años pues data del siglo XVIII, si hemos de ceñirnos a lo escrito por la historiadora Stefanie Coontz. Ha transcurrido muy poco tiempo, si tenemos a la vista los 300 000 millones de años que llevamos como especie humana o bien, los 20, 15 o 13 mil años que tenemos como civilización; la cantidad de años varía, según se considere una u otra cultura como fuente primigenia de la civilización.

Posiblemente como acto libérrimo el maridaje tuvo entre sus primeros representantes a quienes poco o nada tenían en riqueza material. En una gran parte del mundo, no había institución civil que regulara esas uniones pues las tres religiones monoteístas controlaban los registros de nacimiento, matrimonio y defunción. Para los romanos tenía importancia, pero no era un asunto sagrado. Incluso en otros países como China, la India y Japón, por dar unos cuantos ejemplos, la clase, religión, filosofía o la casta, impiden o permiten que los contrayentes se unan.

En México, como en otros lugares del occidente, estas uniones conyugales por vía civil han dejado de ser la puerta de entrada a la experiencia sexual (de las mujeres). Las bodas no siempre son la antesala de la procreación y tampoco para crear una familia. Actualmente el casamiento puede ser un capítulo posterior a vida consensual en pareja; tal vez sobrevenga pasados los meses o años del nacimiento de uno o dos hijos; puede llegar tras un breve o largo amasiato, con o sin vástagos; efectuarse como epílogo de una reconciliación.

Aunque en menor medida, el matrimonio también acontece por un embarazo no intencional que llega a término y los progenitores se ven impelidos a formalizar socialmente su vínculo. Ocasionalmente, la situación conyugal llega para unir a un consorte sin hijos con su pareja, más los hijos de ella o de él, procedentes de otra historia amorosa; en otros casos los dos contrayentes llevan su propia descendencia al nuevo enlace e intentan procrear los de ambos. En el escenario político mexicano y en medio de la cultura del espectáculo hay sobrados casos a la vista. Decida usted dar un paseo; hallará una mina variopinta.

En los últimos años, las bodas heterosexuales han descendido constantemente. Ver siguiente gráfico. Dicha tendencia se puede explicar por varias razones. El ejercicio de la sexualidad, como lo he comentado, ya no tiene como única puerta de acceso el contrato marital civil y/o religioso. Las uniones consensuales crecen sistemáticamente; cada día más parejas deciden explorar si la unión amorosa tiene algo de solidez y prueban suerte mediante la unión libre, hasta que las desavenencias o un nuevo amor prueben lo contrario.

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 Otro conjunto de historias de pareja ha optado por tratar de sostenerse, disfrutando de sus relaciones de cama, pero cada uno viviendo en su casa. Este tipo de parejas también son conocidas mediante el acrónimo LAT, en atención a la expresión anglosajona que reza: Living Apart Together, algo así como «juntos como pareja, pero viviendo separados». Quizá por ello ahora venga a cuento lo que Zygmunt Bauman escribió en alguna parte de su libro titulado Amor Líquido: «La relación de pareja no es más que una coalición de “intereses confluentes”. [De ahí que] Sobre “vivir juntos”, el futuro parentesco, deseado o temido no arroja su oscura sombra. “Vivir juntos” es un porque no un para qué. Todas las opciones siguen abiertas, y los hechos del pasado no tienen la autoridad necesaria para eliminarlas». Estas y otras formas de vida alternativa que escapan a la institución matrimonial explican una parte del descenso, pero a ello hay que adicionar a las personas que han borrado de sus planes existenciales el imperativo de contraer nupcias.

La contracara de este asunto son el divorcio y la separación de facto. Como una especie de aviso en clave de desánimo, la gente sabe que dicha escisión emocional va en aumento; ello está posponiendo o evitando contraer nupcias. Aquello de «Hasta que la muerte los separe» dejó de cotizar en la bolsa matrimonial; ahora lo que se estila es «Hasta que la incomprensión, el desamor o la violencia conyugal los aparte». Al respecto, un par de datos: en 1992 la tasa de divorcios en México reportaba 7.8 separaciones por cada 100 ceremonias, para el año 2015 la cifra alcanzó 22.3 por cada centena de casamientos.

¿Quiénes, a pesar de las tendencias a la baja, se están hetero-casando? En total, se efectuaron casi 4 millones de bodas durante el periodo 2010 al 2016, a razón de poco más de 500 mil por año. Contraen nupcias 55 de cada cien parejas, mientras tienen entre 20 y 29 años de edad. Pasada esa edad, desciende sistemáticamente el porcentaje de quienes optan por formar parte de esta veterana institución, pero repunta ligeramente cuando los desposados alcanzan 50 años y más de vida. Es necesario observar en el siguiente gráfico que se registran bodas entre contrayentes adolescentes, pues reportan tener entre 15 y 19 años e, incluso, se dan casos de esponsales cuyas edades son menores a 15 años. En estos últimos dos grupos es posible que estén vinculados con embarazos no previstos o no intencionales y/o con casamientos obligatorios o coaccionados.

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El mayor número de contrayentes de uniones heterosexuales posee estudios de primaria o secundaria, seguidos de cerca por consortes con escolaridad de nivel medio superior; perfil correspondiente con la tendencia general que se observa en la población del país. Si la escolaridad tiene alguna correspondencia con el empleo y los ingresos, podemos imaginar el perfil que tienen los hogares y familias que se han fundado durante el periodo 2010-2016. Lo que está claro es que el tercer sitio en frecuencia de nupcias lo ocupan quienes alcanzan estudios profesionales.

Con los recientes avances en derechos humanos, ahora se debe especificar de qué tipo de matrimonios hablamos. La última batalla que perdió esta institución en poco más de 20 países, tuvo que ver con la pérdida de un extenso terruño que dominó durante siglos. Por antonomasia el matrimonio era heterosexual, «natural», patriarcal (por aquello de la pedida de la mano, el manus romano), detonado por el enamoramiento, con fines reproductivos, machista y, desde luego, una vez procreada la familia, engrosaba la visión heteronormativa, así como la fe católica.

Desde el año 2009, les guste o no a los grupos conservadores y de derecha, existen matrimonios entre parejas del mismo sexo. Se están enlazando civilmente homoparejas en todas las entidades del país. Aún son pocas, pero el clóset muestra una actividad incesante. ¿Qué perfil tienen los homo-matrimonios? ¿Existen diferencias con los maridajes convencionales? Lo abordaré el próximo viernes.

 

Coordinador Red Internacional FAMECOM

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Luis Alfonso Guadarrama

Iliemilada

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