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Publicado en Opinión

Alfonso Sánchez Arteche y el "Profesor Mosquito"

Domingo, 01 Septiembre 2019 00:10 Escrito por 

Historias de familia

Hoy hablaremos de un gran personaje en el ramo de la escritura y periodismo en nuestra entidad: nuestro estimado Alfonso Sánchez Arteche.

Alfonso Sánchez Arteche, reconocido escritor en aspectos culturales y de historia sobre la ciudad de Toluca. Parte fundamental de sus inicios en este ramo se lo debe a que su padre el profesor Alfonso Sánchez García (que dirigió El Sol de Toluca) quien dedicó su vida a la escritura y el periodismo. Asegura que el hecho de tener instrumentos, acervo bibliográfico, antecedentes de lectura, caballetes de pintura, predispusieron sus intereses en la escritura.

Nació y creció en una familia donde había libros. Era cotidiano ver a su padre siempre leyendo diferentes artículos; recuerda que a veces no había para comer en su casa, porque su papá (el "Profesor Mosquito") era periodista y maestro, ambas profesiones que en la actualidad siguen siendo mal remuneradas; por ello, hay tantos periodistas que tienen que realizar diferentes funciones para sobresalir y subsistir.

Asegura que el hecho de vivir rodeado de libros y conocer a los amigos de su papá (poetas, novelistas, periodistas) hizo que se conformara un seguimiento intelectual que le formó una segunda naturaleza, pues escribir para él es de lo más normal.

Como consecuencia de ver todo el tiempo escribiendo a su padre, empezó a escribir a muy temprana edad. Su primer cuento fue publicado en 1960 en el periódico “El Mundo”; era un cuento que se llamaba “Estrella Misteriosa”, cuando apenas tenía 8 años de edad.

Posteriormente se dedicó a escribir sus primeros poemas a los 14 años, cuando estaba en la secundaria. Su primer libro lo publicó en el año de 1976, el título era “Andamiaje de Voces”. Empezó a tener sus primeras colaboraciones en los periódicos y, de inicio, comenzó a trabajar en el periódico “El Rumbo”, donde llegó a ser jefe de Redacción. Asimismo, ha colaborado en diversas revistas en temáticas de suplementos culturales.

Fue tanto su éxito que, en al año de 1983, le fue otorgada la Presea Estado de México de periodismo cultural, porque se especializó en temas de periodismo de historia y cultura del Estado de México.

Su padre, del que tanto se ha hablado, de nombre Alfonso Sánchez García, mejor conocido como el “Profesor Mosquito”, durante 17 años cronista de la ciudad de Toluca, hasta 1987, año en que murió, hizo que se familiarizara con la bibliografía tipo histórica y cultural del Estado de México.

A don Alfonso Sánchez García se le quedó el apodo de "Profesor Mosquito" cuando se fue a México a trabajar con uno de sus primos, que tenía talleres donde se editaban las revistas; sabía que debía estar en buenos términos con la gente de los talleres y con los del área de fotografía; sus compañeros eran tan borrachales que eran capaces de tomar hasta ácido muriático. Don Alfonso pasaba cada ocho días a la “La Miniatura” (con don Adolfo Almazán, crónica ya escrita), donde actualmente se venden los mosquitos de Toluca.

Las botellas que compraba don Alfonso eran de la más baratas, y cuando sus compañeros lo veían llegar el lunes gritaban: “¡ya llegó el Mosquito!”. Entonces, un tanto molesto, les comentó que no le dijeran así porque era maestro normalista y profesor; la siguiente vez, llegó y le gritaron “¡Ya llegó el Profesor Mosquito!”, y desde ese entonces empezó a ser apodo y comenzó a firmar sus artículos con ese gracioso sobrenombre que además llamaba la atención de los lectores.

La trayectoria del "Profesor Mosquito" en el periodismo y la docencia, inician cuando estudia la carrera normalista, por ser una carrera corta, y se titula en el año de 1945, pero realmente no le interesaba el magisterio, sino la poesía y, a sus 16 años, ya ganaba concursos y publicaba sus poemas en los periódicos escolares de la época.

Ese mismo año, después de recibir su título universitario decide irse de México con uno de sus primos, que era editor y productor de cine, de nombre Roberto Serna, uien tenía una revista de espectáculos llamada “Novelas de la Pantalla” ahí se especializó como reportero de espectáculos con diferentes entrevistas como la de Emilio “El Indio” Fernández, Fernando Soler, entre otros, y así fue como conoció a su esposa, que era sobrina de los Atayde, pues él llegó a trabajar al circo, pues originalmente iba a desarrollar un proyecto de revista del circo.

Después de una serie de circunstancias, en el año de 1954 decide regresar a Toluca. En esa época el profesor Carlos Hank estaba dejando sus clases en la secundaria para hacerse cargo de la Junta del Departamento de Mejoras Materiales, Morales y Cívicas y le dejó las clases de Historia, además de que llegó como nuevo director de “El Sol de Toluca”. Fue así como se incursionó en el mundo de la escritura y de la historia de la ciudad de Toluca, herencia que dejó en la venas a su hijo Alfonso.

Alfonso Sánchez Arteche recuerda a la ciudad de Toluca, en los años 50`s, como la ideal para el desarrollo urbano, social y cultural, pues a pesar de que nació en la Ciudad de México, en el año de 1952, sus padres lo trajeron a la ciudad de Toluca a los dos años de edad; sus recuerdos e impactos son las primeras percepciones del mundo que están relacionadas con el paisaje urbano de la ciudad.

Lo cierto es que, para los 50`s, Toluca estaba ya rebasada en plan urbano, con respecto a la Ciudad de México; era un pueblo grande y eso lo observaban muchos periodistas que venían de México. Comentaban que seguía siendo una ciudad porfiriana, ya que, aunque las principales avenidas estaban pavimentadas, muchas calles de los exteriores estaban empedradas. Todavía mucha gente llegaba en caballo y, donde se encontraba el jardín Morelos, estaba rodeado de fondas y mesones, además de que llegaba mucha gente del sur a la terminal de autobuses que hacían servicio; venían desde Temascaltepec y eran muy característicos porque traían su vestimenta con calzón y su camisa de manta y huaraches, sin olvidar la tehuana, el sombrero y la fusca, la matona, el caballo y la mujer, que no se prestaban.

Recuerda a una ciudad que se caracterizaba por su riqueza en el sur, a pesar de que se distinguían diferentes contrastes, pues se percibía todavía mucha gente descalza y otra bien vestida; era muy notorio el contraste entre la opulencia y la victoria, los hombres usaban pantalón overol y todavía muchos peinados eras de trenzas y moños, además de las nahuas almidonadas que hacían ver a las mujeres más opulentas. Las costumbres también eran de mayor recato, era difícil que una mujer usara pantalones.

En cuestión de cultura, Sánchez Arteche destaca los principales fenómenos que se manifestaban; el más significativo fue la incorporación de la mujer en la vida cultural, así como en todos los ámbitos, cuando se funda la Universidad. En el instituto Científico y Literario entonces había una que otra mujer, por ejemplo, las hermanas “Z”. Sin embargo, el género femenino estaba más enfocado a estudiar licenciaturas típicamente de su sexo, como enfermería, profesorado y carreras contables.

Actualmente, se refleja que es mayor la matrícula femenina que la masculina, pero hubo que abatir muchos factores de resistencia.

Mientras que en el mundo cultural ni siquiera había un objeto terminal y en los teatros había una o dos mujeres por mucho, era muy difícil de escoger obras donde hubiera personajes femeninos.

Con el paso del tiempo, se ve que en el teatro se incorpora un mayor número de mujeres. Este proceso se fue dando en cuanto a las actividades artísticas, en cuanto a las escritoras, poetas, narradoras y dramaturgas. Fue hasta los 80`s, a través del Centro Toluqueño de Escritores que fundó el conocido y estimado Alejandro Ariceaga, y la Escuela de Escritores de Metepec, que la mujer se incorporó a estas actividades.

La segunda trasformación que destaca es la descentralización, pues todo estaba concentrado en Toluca, donde muchos jóvenes se venían a estudiar. De manera que la actividad cultural se desarrollaba aunque vinieran de otras procedencias; sin embargo, no había actividad cultural propia, pues se observaba más tradicionalismo.

Otro fenómeno que marcó la ciudad fue el gregarismo, pues se empezaban a formar grupos de cultura popular, grupos de coral, de teatro; también habían de pintura infantil sobre las plazas, donde se les repartían gises a los niños para pintar su entorno, y fue muy curioso, porque el primer niño pintó un alacrán y eso era lo que reflejaba su realidad.

Después se empiezan a desarrollar expresiones artísticas propias y luego un graffiti orientado con un orden específico. Se creó la conciencia de que en un grupo se facilitaría la construcción y obtención de diferentes resultados de acuerdo a las organizaciones.

Actualmente, Alfonso forma parte del Consejo Editorial (mi buen amigo René Santín está actualmente al frente). Para el año 2006, cuando era secretario de Educación el maestro Isidro Muñoz Rivera, a través de Alexander Nemer Naime Libien (muy querido compadre mío), lo contactó para formar un grupo de la secretaría, cuyo único objetivo era asesorar, pero las primeras semanas se le planteó la preocupación de verificar todas las publicaciones. Ya desde 1996 existía el Comité Técnico Editorial que regulaba los costos de las publicaciones; sin embargo, ante la preocupación de uniformar la calidad, se consultó la manera de crear un Consejo Editorial en la Administración Pública Estatal. Para el 15 de Junio de 2006, las funciones del comité técnico traspasan las funciones del Consejo Editorial.

Su función es fundamentalmente editar políticas en esta materia, distribución y resguardo de publicaciones oficiales al Consejo, que operan a través de subcomités, donde se revisan cada uno de los títulos que se presentan como proyecto. Además de que sirve para orientar el trabajo editorial con base a los intereses del destinatario; se debe pensar siempre en el lector.

Pero, lo mas importante, es que no olvida que todos sus logros los debe y agradece a la enseñanza del mejor maestro del mundo que vivía con él en su casa, y que no sólo le enseñó lo que se puede aprender en la escuela, sino a ser humano y amar a lo que uno se dedica; ese gran maestro es el inolvidable “Profesor Mosquito”.

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Gerardo R. Ozuna

Toluca: Rescatando identidad