Toluca. Visión de mi Ciudad

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Toluca. Visión de mi Ciudad

Domingo, 12 Julio 2020 00:08 Escrito por 

Cada una de las ciudades que integran la República, tiene a su manera una personalidad propia, no obstante la similitud que existe en todas ellas.

Sus aspectos están matizados del más vivo interés. Cualquiera de sus lugares sugiere hondas reflexiones y motivos de estudio y cada una tendrá un encanto diferente. La provincia se caracteriza, entre múltiples motivos, por sus paisajes llenos de luz y de color, de amplios horizontes y rica arquitectura, de tradición cultural que en todo México existe, de regionalismos acentuados y de un profundo sentido artístico perviviendo por todas partes.

Una de ellas, la blanca y amada Toluca, está clavada en un valle de extraordinaria belleza, frente a grandes montañas de formas caprichosas y crestones amoratados que se estampan en el azul profundo de su cielo. El nevado, de perfiles heroicos, y con su manto blanco custodia el magnífico panorama de la ciudad.

La capital del Estado de México tiene un sabor provinciano inconfundible. Su vida transcurre lenta y tranquila, dando la sensación de que para ella no se hizo el vértigo, ni la actividad tumultuosa de las grandes urbes, ni las importantes empresas comerciales con sus alternativos afanes de lucro y explotación. La vida de Toluca no se desarrolla entre el ruido monstruoso de las fabricas; su paz es litúrgica, propicia a la meditación. Cuando el toque de las campanas se escucha a cualquier hora del día, produce la encantadora impresión de vivir en una ciudad levítica anonadada.

Toluca no tiene ni la belleza arquitectónica de Morelia, de Guanajuato, de Querétaro o de la hermosa Puebla, ni la importancia de Guadalajara o Monterrey, no goza tampoco del beso salobre de las marinas, ni tiene un miraje al océano, como Acapulco, Mazatlán, Veracruz o Los Cabos; pero dentro de su modestia, mi ciudad no se deja conquistar a la primera mirada, no gusta fácilmente a quien la mira con descuido o a los profanos que se detienen ante ella sin saber por qué. Para conocerla hay que adentrase en su vida, verla con amor tal como deben verse estas ciudades nuestras, deteniéndose ante sus hermosos rincones, ante su leyenda y su historia, vagando por sus calles sin rumbo prefijado, saboreando en sus jardines la lectura de algún buen libro, yendo por las plazuelas y entrando a sus casonas musgosas que de tan viejas parecen venirse abajo, como una esperanza trunca. Pero esas casonas carcomidas y que parece que amenazan ruina, son amplias, firmes, de grandes y frescos canceles, patios soleados y corredores llenos de macetas y en sus jaulas, pájaros rubios como el trigo, piando a la vida.

Otra viva presencia dentro de mi ciudad, la constituye el Instituto con su gloriosa tradición.

Cuando se habla del prestigio cultural de Toluca, ¿quién no recuerda y une su nombre el de su prócer casa de estudios? Es en verdad el Instituto Científico y Literario una de las instituciones de más tradición y del más puro linaje espiritual en la República. El Instituto de Toluca, junto con las Universidades de México y San Luis Potosí, el Colegio de San Nicolás en Morelia, el Instituto de Zacatecas, el Instituto Juárez de Oaxaca y el Ateneo Fuente de Saltillo, son los centros que en forma más vigorosa han contribuido con esfuerzos notables, dignos del más cálido elogio a difundir la cultura en México. El Instituto Científico y Literario de Toluca no solo ha cumplido su misión de formar hombres, de orientar conciencias y de difundir su saber, sino que ha dado figuras eminentes que han puesto su vida al servicio de nuestro país. Del grupo distinguido de los hombres que albergó, son dignos de mencionarse, sobre todo, José María Heredia, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Luis Coto, Felipe Gutiérrez, Felipe Berriozábal, Miguel Blanco, Juan A. Mateos, Isauro Manuel Garrido, Juan B. Garza, José María Bustillos, Manuel y Francisco Olaguibel, Abel C. Salazar y tantos otros hombres ilustres.

El Instituto Literario se estableció con el objeto de que en él se enseñaran todas las ramas de la Instrucción Pública, creándose esta benemérita Institución por mandato del Congreso del Estado de México, presidido por don José María Luis Mora. El acto tuvo lugar el 14 de febrero de 1827. En el mismo año los Supremos Poderes del estado fueron trasladados a Tlalpan donde el gobernador Lorenzo de Zavala fundó el Instituto Literario el 4 de septiembre del mismo año. Más tarde, al ser instalados los Poderes en su actual capital, se abrió en su sitio definitivo el ilustre colegio, el cual siguió gozando de la protección del gobernador Zavala.

Una prolongación más, en la vida de las ciudades, como una estela sentimental y romántica de las mismas, la constituyen sus jardines, sus plazas, sus alamedas y sus paseos.

Los jardines de nuestra Toluca son parte misma de su vida. En ellos se refugian y crecen bajo sus frondas los niños, los estudiantes repasan allí sus lecciones, los viejos se congregan diariamente a platicar sobre las últimas novedades mientras fuman, sabrosamente sus pipas y sus puros.

Y en los esplendidos atardeceres a esas horas sangrantes de los crepúsculos y del canto de los pájaros, horas en verdad propicias para el tierno coloquio, llegan las parejas de enamorados a jurarse amor eterno.

El jardín de Los Mártires es la clásica Plaza de Armas de nuestras ciudades: allí está el Palacio de Gobierno, la Biblioteca Pública, la Catedral, las estatuas de Hidalgo y de Morelos, y la casa donde un día el gran cura Hidalgo saliera lleno de ímpetus libertarios, para librar la batalla del Monte de las Cruces. La Alameda es un bello parque lleno de murmullos de agua que corre. Al Paseo Colón se llega a lo largo de la avenida Villada y es un lugar silencioso y estático en que se siente mejor el melancólico momento de la ciudad.

Más si el paisaje, las casas, las iglesias, las calles y los jardines son como arterias comunicantes del gran corazón de una ciudad, en sístole y en diástole, una más de estas arterias (y en este caso principalísima) lo es el lugar de mayor reunión, donde se dan cita todos los habitantes y que en nuestra amada provincia se cumple precisamente en sus portales.

Los clásicos portales de Toluca, son también parte sobresaliente más bien una parte importantísima del cotidiano vivir de la ciudad. En ellos se encuentra lo mismo de los famosos quesos y cremas, los vinos de frutas, que los espléndidos rebozos de vistosos coloridos que se fabrican en Tenancingo. En estos mismos Portales están los aparadores (alacenas) que en exposición permanente exhiben los grandes platones de los dulces regionales de única manufactura toluqueña.

En los friolentos atardeceres, Los Portales son refugio para el espíritu que, anonadado de silencio, busca la grata compañía de las miradas dulces de las mujeres, que al ritmo de la música se enternece, haciendo con ello que brinden la mejor de sus sonrisas. Todo el lírico transcurrir del tiempo y el buen deseo de contemplar a esas horas las calles más solas que de costumbre hacen que los románticos impenitentes se aparten del magnífico placer de acariciar las manos tibias y sensuales de algunas de esas muchachas de color marmóreo y grandes ojeras románticas.

Así, lejos de Los Portales, ahora llenos de luz y de alegría, iremos por las calles respirando el aire fresco del Nevado, aire cruel que invade la ciudad. Seguimos paso a paso, deteniéndonos a veces a contemplar las grandes rejas, las chapas de los zaguanes o alguno de esos balcones de hierro, los cuales, en un ímpetu de eternidad, fueron forjados por artistas anónimos que han contribuido notablemente a embellecer la ciudad. Pero, sin darse cuenta, estamos ya rodeados de silencio, del temblor de las estrellas, y la ciudad, entonces, nos parece más hermosa que nunca en esta espaciosa y helada noche de septiembre, porque nos hace saborear la soledad y principios a sentir que vivimos, que, según Azorín, es el tormento más horrible.

HISTORIA DEL EDIFICIO DE LA MERCERÍA “LA VIOLETA”

Halim Abraham, comenta que la mercería se fundó en el año de 1897, pues su bisabuelo Antonio Abraham, arribó de Líbano en los inicios del siglo XX (1906) y después de trabajar 11 años en el comercio llega a Toluca.

Don Antonio recibe de su suegro una accesoria de nombre “La Violeta”, localizada en el mercado Hidalgo, en ese entonces ubicado en Bravo y 5 de febrero, hoy la flamante Plaza González Arratia.

Al crecer su negocio, en 1917 lo traspasa a la casa con el número 16 de la avenida Independencia, la cual era propiedad de Columba Cano viuda de Vilchis y de Leonor y Magdalena Vilchis, con las que celebra contrato privado de arrendamiento, mismo que se renovó año con año hasta 1939, que tuvo la solvencia económica y suerte de que las Vilchis le vendieran la propiedad y así poder adquirir dicho inmueble.

La Violeta desde 1917 se encuentra en el lugar donde se le conoce actualmente, pero en ese entonces, era de las primeras mercerías que se estableció en nuestra Toluca, junto con otros comercios del mismo ramo denominados: El Jonuco, perteneciente a Julián Dumit ubicado también en Independencia número 8; La Mexicana, del señor González e hijos cito en Portal Reforma y La Gran Miscelánea, de Ocampo y Cía. R.L de Portal Constitución número 8.

Conforme se consolidó el negocio de don Antonio, él se empeña en traer a la ciudad artículos de gran novedad del ramo y viaja dos veces por semana a la ciudad de México (otrora Distrito Federal) para surtirse de la mercancía.

Una peculiaridad especial que vivió don Antonio, es que el negocio sin ser armería, contaba con el permiso del Ejército Mexicano para comercializar armas permitidas en aquel entonces, lo cual también habla de la calidad moral que tenía don Antonio.

Al paso del tiempo entre los años 1920 hasta 1940, se dedicó a importar productos de Alemania, Checoslovaquia, Francia, Italia y Estados Unidos, tratándose de artículos de gran novedad para los consumidores de Toluca.

Por los mostradores de esta mercería pasaron los artículos de manufactura nacional y se fueron distribuyendo en toda la región no solo del Estado de México, sino contando con pedidos de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Jalisco y Michoacán que por conducto del correo y del FFCC se enviaban a su destino.

Hasta la fecha tienen más de 85 años de comercio de servicio, donde se encuentra desde un alfiler hasta lo más necesario para la elaboración de muchas manualidades y trabajos escolares.

Las vivencias que han tenido cinco generaciones al frente del negocio son interminables, pero siempre con los principios inculcados por don Antonio de honestidad, honradez y voluntad al servicio para el cliente, principal benefactor del comercio en general.

Halim indica añoranza existe, pero esta llega a perjudicar el futuro y hay que vivir en una actividad más práctica, “los tiempos cambian y la gente cada día desprecia más lo antiguo, hace a un lado la experiencia, considera cursi la antigüedad y los buenos recuerdos de familia”.

La sociedad materialista, ha hecho que la familia ya no se conciba como tal y antes más susceptible de exigirse a los hijos que mantuvieran una tradición o un negocio y ahora eso ya no importa.

Las razones que tuvo para tomar tal determinación, fueron muchas y no es porque no fuera rentable La Violeta, sino que se tenían que modificar diversos sistemas de rentabilidad de un negocio como este donde se manejan cinco mil artículos, involucra su comercialización, su pago de impuestos y un sinnúmero de problemas a enfrentar.

Desgraciadamente la actividad económica esta caída y en ocasiones se debe cambiar el negocio o modernizarlo, sino tiende a desaparecer.

HISTORIA DEL EDIFICIO ANTONO ABRAHAM

Para los habitantes de Toluca, el edificio donde se encuentra “La Violeta”, más que punto de referencia, es el inmueble que recuerda la llegada de la modernidad a la capital del Estado de México, nuestra Toluca la bella, pues en su momento se impuso a las casonas antiguas y ha sido testigo de diversas anécdotas de esta ciudad.

Sobre ello Halim Abraham Frangie, integrante del patronato Pro Centro Histórico de Toluca, refirió que el edificio “Antonio Abraham”, se comenzó a construir en 1939 concluyendo su edificación en el año de 1943.

Este inmueble cuenta con una altura de 28 metros, contando con siete niveles con una torreta de dos pisos, siendo en su momento el edificio más alto de Toluca, su diseñador fue Antonio Abraham junior, quien recibió sus estudios de ingeniería en Chicago y aplicó en el estilo Art Deco, de ahí que se le considere como una joya arquitectónica.

Lo anterior, porque el estilo Art Deco, es un término que se usa para describir el arte decorativo que existió en el periodo entre las dos guerras mundiales y que se refiere a un estilo que es clásico, simétrico y rectilíneo.

Los multiples símbolos que presenta una de las características Art Deco, comentó, es la fisonomía de las construcciones bajo este método y están plasmados en la construcción del edificio Antonio Abraham.

Las dos columnas que se levantan en la base de la fachada, representan a sus dos hijos Antonio y Gabriel, mientras que en el centro del mismo inmueble se distinguen cuatro ventanas que simbolizan a sus hijas Nacibe, Elena, Emma y Carmela.

Este fue el primer edificio particular hecho de concreto, con materiales de primera calidad, viguetas de acero que sirvieron de trabes y castillos y ejemplo; pues otros inmuebles, como el monumento a la bandera que se inauguró el 24 de febrero de 1940.

Para la construcción del edificio de “La Violeta” o Antonio Abraham, se tomaron en cuenta los conocimientos del ingeniero Antonio del Valle Arizpe, director de Obras Públicas en la administración del gobernador Wenceslao Labra, por lo que se inició con el levantamiento simétrico, que hasta la fecha se mantiene sin ningún daño en la totalidad de su estructura.

En la planta baja del edificio, quedó instalada la mercería “La Violeta” y en los siguientes pisos, existen un total de 36 habitaciones, repartidas en seis departamentos que se han utilizado como casa habitación.

En una época, en la torreta se instaló una estación de radio AM, cuya trasmisión era de avisos a la comunidad, comentarios y música, en ella se pasaban los recados a los radioescuchas y se daba la información de interés general.

Dicha estación no se comercializó, pues únicamente dio servicios por dos años. Una de las anécdotas que se recuerda de este edificio, fue el espectáculo que se presentó después que concluyó la segunda guerra mundial, pues uno de los alemanes que participaron en ella, colocó un alambre del Portal Reforma al último piso de la Violeta y pasaban en moto de ida y vuelta, lo cual fue experiencia inolvidable para los habitantes de aquella época, sobre todo, para los niños de entonces.

En el año de 1987 en el primer nivel del edificio, se instaló un restaurante denominado “EMIR”, su especialidad la comida libanesa y dio servicio hasta el año de 1992.

De 1993 a la fecha, este edificio se utiliza como casa habitación, su relevancia radica en que durante muchos años, fue la construcción particular más alta de la ciudad de Toluca, para la sociedad civil fue conocida como “La Violeta”, tuvo frente a sus instalaciones por muchos años, una de las paradas de autobuses más importantes, por lo que el lugar atestiguó muchos e innumerables encuentros sociales y amorosos.

Este inmueble así como la conocida familia Abraham tienen como vecinos a distinguidas familias de Toluca entre ellos a los Tapia, Abascal, Hernández, Garduño, Ferrat, Arratia entre otras más.

Respecto a la vida de don Antonio Abraham, el buen Halim refirió que realizo muchas acciones en beneficio de la sociedad de Toluca. En 1930 fundó una asociación de fruticulturas, promoviendo la siembra de árboles frutales, principalmente perales, ciruelos y nogales de castilla, muchos de ellos se conservan en pie en diversas casas del centro de Toluca.

En relación a lo anterior, colaboró también en la Fundación de la Alianza Francesa de Toluca así como con el gobierno estatal y municipal para organizar fiestas y exposiciones comerciales y culturales.

En 1940, con Gustavo Durán Vilchis así con el licenciado Juan Fernández Albarrán como presidente municipal y con el profesor Carlos Hank González se consolida la Alianza Francesa y se realiza una feria para conocer los usos y costumbres de los distintos emigrados que radicaban en ese entonces en nuestra ciudad entre ellos había españoles, franceses, italianos, alemanes, israelitas y libaneses.

También fue fundador de la Cámara Nacional del Comercio de Toluca y con el crecimiento de los barrios y pueblos aledaños, promovía entre sus empleados la creación de negocios en sus comunidades para vender los productos en su localidad a los mismos precios de “La Violeta” y así consolidar pequeñas papelerías y mercerías.


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Gerardo R. Ozuna

Toluca: Rescatando identidad