Se convocó a reunirse a diversos secretarios de Estado de Relaciones Exteriores de 48 países del mundo en un encuentro internacional para declarar a los países de izquierdas extremas como terroristas, mientras el planeta se volvía loco organizando e intentando saber quién sería el ganador de la Copa Mundial de Fútbol.
Ya se veía venir una vez que Gianni Infantino fue nombrado hace diez años presidente de la FIFA, Federación Internacional de Fútbol Asociación. Se infiere que hizo arreglos convenientes con su muy amigo Donald Trump, para que este campeonato se jugara en los tres países de Norteamérica (nunca se había hecho), lo que comunicó, sin lugar a dudas, que el rey del continente americano es Donald Trump, su amigo; la imagen así lo expresa.
Los que no forman parte de la FIFA no tienen esa oportunidad; los que la forman son parte del elenco de fortalezas de Donald Trump, que hoy por hoy necesita reforzar sus políticas públicas, nacionales e internacionales, que han ido en caída.
Habrá que ver cuánto tiempo más nos espera para ver las repercusiones del Campeonato Mundial en términos de mercado, económicos, sociales e internacionales. Habrá que ver la alineación y redefinir las normas implementadas en este mundial, así como políticas migratorias, arancelarias y hasta fiscales, fundamentales en el hoy de estos países.
Los países forman, a su vez, pequeños grupos para no ser anulados en sus intereses ni en sus propósitos; han de visibilizarse más y ser parte del show.
La FIFA, con 212 países afiliados, no forma parte de las Naciones Unidas ni de otras organizaciones de orden social, comercial e intelectual. Vale equilibrar y seguir siendo lo que se es y se será.

