En el Estado de México hay 15 municipios que, desde su creación, han sido gobernados solo por hombres. Son Otumba, Calimaya, Tejupilco, Cocotitlán, Ozumba, Temascalapa, Coatepec Harinas, Tepetlixpa, Atizapán, Ocuilan, Xonacatlán, Xalatlaco, San Martín de las Pirámides, Valle de Chalco Solidaridad y Tonanitla. Algunos se crearon hace más de dos siglos; otros tienen menos tiempo, apenas dos o tres décadas, pero todos tienen en común que ninguna mujer ha ocupado la presidencia municipal.
Representan 12 por ciento de los 125 ayuntamientos mexiquenses. Es increíble que esto suceda en pleno siglo XXI, después de tantas reformas electorales, de definir cuotas y finalmente la paridad establecida en la ley. Hay avances, eso es innegable, pero no han llegado a todo el territorio. Todavía hay lugares donde el poder local continúa como un espacio exclusivamente masculino.
¿Por qué no han llegado mujeres?
No existe una explicación solamente. Puede quizá pesar el machismo, pero también los grupos políticos locales que han decidido quién puede competir realmente por una alcaldía. Están además las negociaciones internas, los cacicazgos, las estructuras construidas alrededor de liderazgos masculinos y la resistencia a entregar candidaturas competitivas a mujeres. Es claro que no todas estas condiciones se presentan en cada lugar, pero el resultado es que, elección tras elección, ninguna ha llegado a gobernarlos.
El proceso electoral de 2027 abre la oportunidad para cambiar esa historia. PAN, PRI, PT, PVEM, Movimiento Ciudadano, Morena, PRD Estado de México, Poder Mexiquense de Oportunidades Sociales, Partido Paz y Somos México deberán definir a quienes encabezarán sus planillas. Es ahí donde las fuerzas políticas deberían poner especial atención en las 15 demarcaciones para pagar una deuda pendiente con el género femenino.
La alternativa sería que todos los institutos políticos que compitan en esos territorios postulen a una mujer para encabezar el ayuntamiento. No unos cuantos, no solo aquellos con menores posibilidades electorales. Todos. Así, cualquiera que sea el resultado en las urnas, por primera vez una mujer estaría al frente del gobierno local.
La legislación en tema de paridad y los bloques de competitividad han evitado que las candidatas sean enviadas exclusivamente a lugares donde sus organizaciones tienen las menores posibilidades de triunfo. Pero cumplir numéricamente con la paridad no rompe precisamente inercias construidas históricamente. Estos casos obligan a preguntarse por qué todavía hay espacios de poder que siguen cerrados para las mujeres.
Otumba data de 1821 y Calimaya de 1824, de acuerdo con los datos del Observatorio de Participación Política de las Mujeres en el Estado de México. Han transcurrido más de 200 años y nunca una mujer los ha gobernado. Dos siglos son demasiado tiempo como para esperar más. En 2027 existe la oportunidad, dejando de lado las simulaciones, de que esa historia cambie.

