Villa del Carbón/Estado de México
Un taxi permanece estacionado a un costado de la vialidad. Cuando un automóvil se aproxima, se incorpora repentinamente al tránsito. Ocurre un contacto entre ambos vehículos y, casi de inmediato, el conductor responsabiliza al otro automovilista.
En cuestión de minutos aparecen más taxistas.
Cuatro, cinco, seis o incluso más personas rodean al conductor, le atribuyen la responsabilidad, calculan el costo de los daños y exigen un pago en efectivo.
Si intenta llamar a su aseguradora, la respuesta se repite: no pueden esperar, tienen que trabajar, el problema debe resolverse en ese momento.
Así describen habitantes de Villa del Carbón una serie de incidentes que, de acuerdo con testimonios recabados durante los últimos meses, presentan características semejantes y han comenzado a generar preocupación entre automovilistas del municipio.
Las personas entrevistadas solicitaron mantener sus identidades en reserva por temor a posibles represalias.
Los relatos no permiten afirmar por sí mismos que exista una organización dedicada a operar como “montachoques” ni atribuir responsabilidades individuales. Sin embargo, las coincidencias entre los casos describen un posible modus operandi que, consideran los afectados, debe ser investigado por las autoridades.
Nueve testimonios y una misma secuencia
Para este trabajo fueron recabados nueve testimonios de hechos con características semejantes: cuatro en la cabecera municipal de Villa del Carbón, tres en Loma Alta y dos en San Lucas.
Habitantes consultados aseguran que situaciones similares habrían comenzado a presentarse desde hace aproximadamente un año y consideran que su frecuencia ha aumentado.
No existe forma de saber cuántas personas más pudieron enfrentar episodios parecidos y optaron por guardar silencio por miedo, desconocimiento o por considerar perdido el dinero entregado.
Lo que sí aparece de manera reiterada en los testimonios es una secuencia.
Según los relatos, taxis permanecen estacionados sobre vialidades principales o en sitios donde existen concentraciones de unidades. Después, uno de ellos se incorpora repentinamente a la circulación cuando otro automóvil se aproxima, provocando un alcance o contacto.
Algunos afectados describen además algo que les llamó particularmente la atención: pese a tratarse, según sus versiones, de golpes menores, el taxi presenta daños aparentemente mayores.
Faros, defensas, molduras, tapones u otras piezas se desprenden con facilidad, generando la impresión de un accidente más grave.
Después comienza la presión.
El conductor responsabiliza al automovilista y establece prácticamente en ese momento cuánto deberá pagar por la reparación.
En pocos minutos aparecen otros taxistas.
Lo que inicialmente era un choque entre dos vehículos termina convertido, según los testimonios, en una situación desigual: una sola persona frente a varias que insisten simultáneamente en que acepte la responsabilidad y entregue dinero.
Cuando los afectados proponen esperar a su aseguradora, aseguran haber recibido respuestas semejantes:
“No podemos esperar”.
“Tenemos que trabajar”.
“Esto se tiene que resolver ahora”.
Los relatos también coinciden en que la presión aumenta cuando la persona intenta comunicarse con familiares o pedir ayuda.
¿Buscan a personas más vulnerables?
Algunos testimonios señalan que los vehículos aparentemente serían observados antes del choque y que podrían elegir automovilistas a quienes consideran más fáciles de intimidar.
Entre los perfiles mencionados se encuentran mujeres que conducen solas, adultos mayores, jóvenes sin acompañantes o personas que, por las características de su automóvil, aparenten contar con recursos suficientes para realizar un pago inmediato.
Tres mil pesos y varios hombres alrededor
Uno de los casos ocurrió la mañana del 3 de agosto de 2026, alrededor de las 09:00 horas, sobre avenida Domingo Vázquez, en la cabecera municipal de Villa del Carbón, a pocos metros de Bodega Aurrerá.
La víctima es una mujer de edad avanzada cuya identidad se reserva por razones de seguridad.
Regresaba después de llevar a sus nietos a la escuela y realizar algunas compras cuando pasó junto a un taxi estacionado a un costado de la vialidad.
Según su relato, la unidad se incorporó repentinamente y sin aviso suficiente, provocando un contacto entre ambos vehículos.
El taxista descendió y la responsabilizó de inmediato.
En menos de cinco minutos, asegura, habían llegado aproximadamente otros cuatro conductores.
La exigencia económica apareció prácticamente desde el principio: tres mil pesos.
La mujer explicó que tenía seguro y que llamaría a su compañía para que un ajustador determinara responsabilidades.
De acuerdo con su versión, los taxistas insistieron en que no podían esperar porque tenían que seguir trabajando.
Cuando intentó llamar a su esposo, la presión continuó.
Rodeada por varias personas que la responsabilizaban y le exigían el pago, terminó cediendo.
Como no llevaba el efectivo solicitado, regresó al establecimiento comercial cercano para retirarlo de su tarjeta.
El conductor del taxi la acompañó.
Según la mujer, permaneció junto a ella bajo el argumento de evitar que se diera a la fuga.
Retiró el dinero y pagó.
Fue después, cuando llegó a su domicilio y contó a su esposo lo ocurrido, cuando comenzó a preguntarse si realmente había enfrentado un accidente fortuito.
Hay quienes aseguran haberlo vivido más de una vez
Entre los relatos recabados también se encuentran personas que aseguran haber enfrentado episodios con características semejantes en más de una ocasión.
La repetición de estos elementos es precisamente lo que ha llevado a algunos habitantes a considerar que no se trataría únicamente de percances aislados.
Los testimonios coinciden en varios puntos: incorporación repentina del taxi, choque menor, daños aparentemente mayores en la unidad de transporte, exigencia inmediata de efectivo y rápida llegada de otros conductores para respaldar al taxista involucrado.
Son estas coincidencias las que han comenzado a generar entre habitantes la percepción de que podrían estar frente a una modalidad similar a la conocida como “montachoques”.
La actuación de la policía también debe revisarse
El caso del 3 de agosto contiene otro elemento que merece atención.
Durante el incidente, la mujer pidió apoyo a un elemento policial cuya patrulla circulaba por el lugar.

De acuerdo con su versión, el oficial consideró desde un principio que debía llegar a un acuerdo económico con el conductor del taxi.
La víctima asegura que el policía solicitó su licencia y documentación, pero que, al menos en su presencia, no hizo lo mismo con el conductor del transporte público.
Cuando reiteró que deseaba esperar a su aseguradora, el elemento habría señalado que podía hacerlo, pero que él debía retirarse para atender otra diligencia.
Después se fue.
Otros ciudadanos consultados aseguran haber enfrentado respuestas policiales que consideran semejantes.
Estos testimonios no permiten afirmar que exista colusión entre policías y taxistas. Una acusación de esa gravedad requiere pruebas e investigación.
Sí plantean, sin embargo, la necesidad de revisar cómo actúan los servidores públicos cuando una persona denuncia estar rodeada, intimidada o presionada para entregar dinero después de un accidente.
Los “montachoques”, un problema ya identificado en Edoméx
La modalidad conocida popularmente como “montachoques” no es nueva ni desconocida para las autoridades del Estado de México.
Desde abril de 2022, la Secretaría de Seguridad estatal había identificado 17 incidentes relacionados con esta práctica en territorio mexiquense. Los casos se ubicaban principalmente en Ecatepec, Tlalnepantla, Naucalpan y Zumpango, y ya se habían detectado también en Toluca y Zinacantepec. En aquel momento, uno de los problemas señalados era precisamente la ausencia de denuncias formales ante la Fiscalía.
En años posteriores, nuevos episodios han quedado registrados en video y difundidos a través de redes sociales y medios de comunicación.
Uno de los casos más recientes ocurrió el 29 de mayo de 2026 en Ciudad Satélite, Naucalpan. Un automovilista grabó a por lo menos cuatro presuntos “montachoques” mientras lo intimidaban y golpeaban ventanas y carrocería de su vehículo, antes de retirarse del lugar.
Dos meses antes, el 31 de marzo, DigitalMex informó sobre otro hecho ocurrido en la autopista México-Pachuca, a la altura de la caseta de Ojo de Agua, en Tecámac. Una familia fue agredida por varios sujetos señalados como presuntos “montachoques”; el incidente quedó registrado en video y posteriormente circuló en redes sociales.
Pero existen además casos en los que la intervención de las autoridades ha derivado en detenciones.
El 23 de febrero de 2026, la Secretaría de Seguridad del Estado de México detuvo en Ecatepec a cinco personas por su probable participación en el delito de extorsión, después de atender un reporte relacionado con un supuesto hecho de tránsito.
Cuando los policías llegaron al lugar, encontraron a varios individuos agrediendo físicamente a un automovilista, a quien aparentemente exigían cinco mil pesos bajo la amenaza de incendiar su vehículo.
Durante la intervención fueron asegurados un automóvil y tres motocicletas presuntamente relacionados con los hechos.
Estos antecedentes no permiten establecer relación entre los hechos registrados en otros municipios y los testimonios recabados ahora en Villa del Carbón. Tampoco demuestran que los taxistas mencionados por los habitantes formen parte de un mismo grupo.
Sí muestran, sin embargo, que el modus operandi atribuido a los llamados “montachoques” ha sido denunciado, videograbado y, en algunos casos, documentado oficialmente en diferentes puntos del Estado de México.
Por ello, las coincidencias que hoy describen habitantes de Villa del Carbón adquieren relevancia y plantean la necesidad de que las autoridades investiguen si esta práctica pudiera estar presentándose también en el municipio.
El seguro también debe intervenir
Los vehículos destinados al transporte público en el Estado de México están sujetos a requisitos específicos y deben contar con seguro.
Los artículos 76 y 77 de la Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de México y sus Municipios establecen obligaciones relacionadas con el aseguramiento de las unidades utilizadas para prestar transporte público.
Ante un accidente, resulta razonable solicitar los datos de la aseguradora y pedir que la documentación de ambas unidades sea verificada por la autoridad competente o por los ajustadores.
La negativa a exhibir documentación no demuestra por sí misma la comisión de un delito, pero sí puede constituir un elemento que quede asentado para una posterior investigación.
¿Qué hacer ante una situación semejante?
La prioridad debe ser siempre la integridad física.
Si varias personas comienzan a rodear el vehículo, no es recomendable confrontarlas.
Debe llamarse inmediatamente a la aseguradora y, si existe intimidación, amenazas, bloqueo físico o riesgo de agresión, solicitar apoyo al 911.
Cuando sea posible hacerlo sin ponerse en riesgo, conviene documentar la escena: placas, número económico del taxi, daños de ambos vehículos, ubicación, hora y datos de las patrullas que intervengan.
También es recomendable avisar a un familiar o persona de confianza.
No debe entregarse dinero únicamente por presión ni firmarse algún documento admitiendo responsabilidad sin asesoría.
Tampoco deben entregarse llaves, teléfono o documentos originales a particulares.
Si una persona intenta impedir que el automovilista se retire, se comunique con terceros o lo acompaña contra su voluntad a un cajero o establecimiento para obtener efectivo, esa circunstancia debe informarse expresamente al 911 y posteriormente al Ministerio Público.
Incluso si el dinero ya fue entregado, el caso puede denunciarse.
Fotografías, videos, comprobantes bancarios, placas, números económicos, ubicación y testimonios pueden ayudar a las autoridades a identificar coincidencias entre diferentes hechos.
Denunciar puede revelar el patrón
El propósito de publicar estos testimonios no es responsabilizar anticipadamente a todo el gremio de taxistas de Villa del Carbón.
La gran mayoría de los trabajadores del transporte obtiene legítimamente su sustento de esta actividad y cualquier responsabilidad debe individualizarse.
Pero guardar silencio frente a situaciones que distintos habitantes aseguran haber vivido también dificulta saber qué está ocurriendo.
Una mujer sola, un adulto mayor o cualquier automovilista rodeado por varias personas que le exigen dinero dispone de pocos minutos para decidir qué hacer.
Por ello, documentar cada hecho puede resultar determinante.
Una denuncia aislada puede parecer solamente un conflicto vial.
Varias denuncias, acompañadas de fechas, placas, números económicos, fotografías, videos, retiros bancarios y testimonios, pueden revelar coincidencias que un caso por sí solo difícilmente mostraría.
Los testimonios recabados en Villa del Carbón no permiten afirmar, por sí mismos, que exista una red organizada de “montachoques”.
Pero sí dejan una pregunta que merece ser investigada:
¿Se está utilizando deliberadamente el choque de vehículos para presionar y obtener dinero de automovilistas en Villa del Carbón?
La respuesta corresponde a las autoridades.
Conocer, documentar y denunciar cada caso puede ser el primer paso para encontrarla.

Datos
¿Hay “montachoques” operando con taxis en Villa del Carbón?
No está comprobado. Nueve testimonios recabados describen incidentes con características semejantes, pero corresponde a las autoridades investigar y determinar si existe un modus operandi deliberado o una organización detrás de los hechos.
¿Qué debe hacer un automovilista si lo presionan para pagar después de un choque?
Debe priorizar su seguridad, contactar a su aseguradora y llamar al 911 si existen amenazas, intimidación o riesgo de agresión. Si puede hacerlo sin ponerse en peligro, debe documentar placas, número económico, vehículos, daños y ubicación.
¿Por qué es importante denunciar estos casos?
Porque las denuncias, acompañadas de fotografías, videos, placas, comprobantes bancarios y otros datos, pueden permitir a las autoridades comparar hechos e identificar posibles patrones que serían difíciles de detectar a partir de un solo incidente.
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