La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido incisiva desde el primer día de su mandato: “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Sus llamados al recato, a la “austeridad republicana” y a evitar la ostentación no son solo una repetición del guion obradorista, sino un intento desesperado por mantener la legitimidad moral de un movimiento que parece estarse desmoronando bajo el peso de sus propias tentaciones.
Nadie le hace caso, parecen llamadas a misa y, seguramente, hoy en la mañanera será cuestionada sobre el hallazgo inverosímil en el Senado de la República, donde, en lo oscurito y oculto de la oposición, las senadoras de la 4T tenían ¡un salón de belleza! Sí, aunque usted no lo crea.
La presidenta nuevamente posará tranquila, restándole importancia en apariencia, y seguramente hará otra vez un llamado a los militantes de Morena a respetar la “austeridad republicana”, a no ser ostentosos; pero, mientras ella predica sobriedad, muchos de sus correligionarios parecen estar viviendo una realidad paralela de privilegios que rozan lo desquiciado.
El Salón de la Vanidad: un “oasis” en el Senado
El caso más reciente y emblemático de esta desconexión es el salón de belleza “oculto” descubierto en pleno Senado de la República. Mientras las clínicas públicas enfrentan carencias, en la Cámara Alta se habilitó un espacio discreto —lejos de la mirada de la oposición y de la ciudadanía— donde legisladoras de la 4T podían retocarse el tinte y el maquillaje antes de subir a tribuna.
Aunque la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, intentó minimizar el hecho diciendo que “cada quien paga su servicio”, la pregunta de fondo no es quién paga el tinte, sino la discrecionalidad del espacio público. El uso de recintos gubernamentales para fines de estética personal, en un gobierno que clama por la “pobreza franciscana”, es, por decir lo menos, un insulto a la inteligencia del votante. Es la materialización de una nueva casta que, bajo el disfraz de la transformación, supera los vicios de sus antecesores, quienes, por cierto, nunca predicaron la austeridad.
Del otro lado de la moneda: la epidemia del sarampión
Donde la narrativa de la austeridad se vuelve trágica es en el sector salud. Tras años de recortes presupuestales disfrazados de “eficiencia” y “ahorro”, México enfrenta hoy las consecuencias: una epidemia de sarampión en pleno 2026. Esta enfermedad, que se consideraba erradicada gracias a esquemas de vacunación sólidos, modificados con los gobiernos de la 4T, ha resurgido con fuerza.
Los datos son fríos, pero desgarradores: el ahorro en la compra de biológicos y la desarticulación de las cadenas de distribución por “austeridad” dejaron brechas que el virus no tardó en llenar. Mientras algunos funcionarios se pasean con artículos de lujo (como los reportados anillos Tiffany o relojes de miles de dólares de figuras como Sergio Gutiérrez Luna), miles de niños en zonas vulnerables quedan expuestos a enfermedades prevenibles. Aquí es donde el discurso de “primero los pobres” choca con una pared de negligencia técnica.
Vámonos con los datos duros
Al corte de hoy, 5 de febrero, México suma ya 8,411 casos confirmados. Se han registrado 27 muertes, la mayoría de niños menores de un año, siendo Chihuahua el estado con mayor letalidad (21 fallecimientos), seguido por víctimas en Tlaxcala y Michoacán.
Tan solo en el primer mes de 2026 se registraron casi 1,500 casos nuevos, lo que indica que el brote está en fase de ascenso acelerado.
Estados más afectados
El virus ya circula en los 32 estados de la República, pero la mayor carga de la enfermedad se concentra en:
- Chihuahua: cerca de 4,500 casos (el epicentro de la crisis).
- Jalisco: más de 1,300 casos (donde ya se decretó el uso obligatorio de cubrebocas en escuelas de la zona metropolitana de Guadalajara).
- Chiapas: alrededor de 450 casos.
- Ciudad de México: 121 casos confirmados.
Las causas del desastre: la “austeridad”
La comunidad médica (incluida la Academia Mexicana de Pediatría) ha sido tajante: el regreso del sarampión no es un accidente, sino el resultado de años de baja cobertura de vacunación.
Aunque la autoridad asegura que hay vacunas, reportes en clínicas del ISSSTE y hospitales públicos confirman la falta de dosis de la triple viral (SRP).
Se estima que entre 2021 y 2024 millones de niños quedaron sin su esquema completo. La cobertura de la segunda dosis cayó hasta niveles del 68–74 %, muy lejos del 95 % necesario para evitar brotes.
Gracias a esto, México está a punto de perder su certificación como “país libre de sarampión” (otorgada en 2016), ya que el virus ha circulado de forma continua por más de 12 meses.
Medidas desesperadas
- Suspensión de clases: en estados como Jalisco y Aguascalientes, las autoridades escolares han tenido que suspender clases presenciales en municipios específicos para intentar frenar el contagio.
- Dosis cero: se ha iniciado una campaña de emergencia para aplicar la “dosis cero” a bebés de entre 6 y 11 meses, un grupo que normalmente no sería vacunado hasta el año de edad, pero que hoy es el más vulnerable.
Limpiando los zapatos al presidente de la SCJN
Si de excesos y falta de dignidad hablamos, lo ocurrido con el magistrado presidente de la SCJN (o figuras de alta jerarquía judicial) ha dejado una imagen que quedará para la historia del cinismo: la escena de su jefa de prensa y un asistente limpiándole los zapatos en plena calle.
¿Qué pasó con la igualdad? ¿Dónde quedó la horizontalidad que tanto pregonan? Que una profesional de la comunicación, con cargo directivo, termine de rodillas en el pavimento lustrando el calzado de su jefe es la máxima expresión del atavismo autoritario. Es una humillación que no solo afecta a la trabajadora, sino que exhibe la verdadera cara de ciertos liderazgos: un clasismo profundo.
Estos casos nos dejan la visión de que Claudia Sheinbaum tiene un problema que no se resuelve con conferencias matutinas: sus propios aliados están “manchando” la investidura. Mientras la presidenta intenta navegar un presupuesto apretado y una crisis de salud, sus huestes se entretienen en salones de belleza privados y exigen pleitesía feudal. Si la 4T no pone orden en casa, el “pueblo” pronto se dará cuenta de que el cambio fue, en muchos casos, solo de nombre, pero no de privilegios.

