Gobernar desde el odio
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Publicado en Opinión

Gobernar desde el odio

Jueves, 16 Abril 2026 00:00 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

El odio no puede ser entendido meramente como una emoción primaria o un impulso biológico incontrolable. Carolyn Emcke postula que es un producto cultural e ideológico que requiere de una estructura preparatoria para ser efectivo y socialmente aceptable. La “fabricación” del odio se sustenta en la eliminación sistemática de la duda y la imposición de certezas absolutas sobre el “otro”, transformando a individuos complejos en categorías abstractas y peligrosas. Para que un individuo pueda odiar, con la intensidad necesaria para agredir o excluir, debe desarrollar una gran seguridad en sí mismo y en sus actos. La duda es el principal enemigo del odio porque introduce el matiz, la contradicción y la humanidad del sujeto odiado.

Es fundamental entender este hecho porque los partidarios de Morena actúan de esa manera. Su visión sobre quienes les rodean es binaria y polarizada. No consideran la crítica externa como digna de debate; para ellos son falsedades y agresiones mal intencionadas. Los morenistas agreden, pero se presentan como víctimas de una amenaza imaginaria y argumentan que actúan en defensa propia. Así legitiman cualquier acto violento como una necesidad existencial.

El odio tiene dificultades para operar con precisión sobre individuos concretos. Quienes se asumen como víctimas llaman a los otros, a los diferentes, “la derecha” o “los privilegiados”. Emcke argumenta que el odio necesita grupos borrosos y genéricos para poder descargar su rabia sin complicaciones. Por eso, en sus ataques de odio, los populistas pretenden convertir a las personas en “monstruos” o seres “antisociales”; las despojan de su derecho a la empatía. No obstante, hay casos muy claros de agresión directa. Podemos encontrar periodistas en lo individual, medios de comunicación completos, líderes políticos, madres buscadoras, transportistas y campesinos que han sido constantemente violentados por el odio morenista.

No se trata de violencia física. Grupos enteros quedan desprotegidos ante la “intolerancia silenciosa” que se manifiesta en bromas, insultos groseros y clichés que aplastan la dignidad de quienes se atreven a opinar y evidenciar malos servicios, mal funcionamiento de una institución o, de plano, corrupción gubernamental. Este gobierno no se limita a agredir a quienes considera sus antagonistas; minimiza el dolor de las víctimas de la violencia —como las madres buscadoras— y las revictimiza al negarles protección y servicios públicos de calidad. La falta de recursos para atender la crisis de salud o seguridad se justifica bajo una narrativa de “ahorro” que es inexistente debido a las pérdidas multimillonarias en proyectos como el Tren Maya, la gestión de Pemex y el financiamiento a regímenes autoritarios extranjeros.

Damián Zepeda, político y comentarista en medios de comunicación, ha realizado un análisis de los efectos de estas dinámicas en nuestro país. Identifica, bajo la administración de Morena, una “crisis brutal” en el funcionamiento del Estado mexicano completo. En su diagnóstico expone la degradación del sistema de justicia, la extorsión política como método legislativo y la desarticulación de la oposición. La consigna “nosotros somos el pueblo” es utilizada para “distinguir” entre quienes “pertenecen” a la nación y quien es “traidor a la patria” y solo quiere “mantener sus privilegios”. Resalta que la construcción del “nosotros” es pura ficción y busca repeler cualquier forma de crítica externa.

La fabricación de antagonismos políticos se ha vuelto elemento identitario central de Morena. Según Zepeda, esto ha llevado a un escenario de “odio contra odio”, donde el debate se reduce a definir quiénes gobiernan peor o quién ha tenido más muertos en su sexenio, una irresponsabilidad política que pagamos todos. El gobierno mexicano utiliza frecuentemente información para engañar a los mexicanos sobre el estado de la economía, la seguridad y la corrupción. Zepeda afirma que no debería construirse un gobierno con mentiras ni sobre la opacidad sistemática.

Las reflexiones de este analista nos dejan ver, como lo establece Emcke, que el odio y la polarización prosperan en la oscuridad de la desinformación y el silencio de los cómplices. La fabricación de confusión tiene como objetivo final la parálisis social y la aceptación pasiva de regímenes autoritarios que prometen una seguridad ficticia a cambio de renunciar a la libertad. La respuesta al odio y la polarización no puede ser el uso de fuerzas similares en sentido contrario. Emcke es tajante al afirmar que es inútil luchar contra el fanatismo con fanatismo o contra el autoritarismo con medios autoritarios.

La crisis brutal que vive México también toca a la oposición política, que ha caído en la trampa de alimentar narrativas de coyuntura en lugar de proponer un proyecto alterno de país. Un proyecto que incluya la democracia no como destino final, sino como proceso inacabado, que requiere vigilancia constante. La oposición tendría que apostar por introducir, en el debate público, temas como la protección de los derechos humanos y la inclusión. Recuperar la democracia dependerá de nuestra capacidad para “enamorarnos del triunfo” de la pluralidad, rechazar el contagio del odio y el antagonismo, y mantener viva la llama de la duda crítica y la solidaridad comunitaria.

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Juan Carlos Núñez

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