En el ámbito de la atención de emergencias existen escenas que se repiten constantemente: “Buenos días, ¿es aquí donde solicitaron una ambulancia para una persona enferma?”, pregunta el paramédico al bajarse de la ambulancia con prontitud. Sí, pase, es ahí, al fondo —exclama una joven que, tras abrir la puerta, extiende la mano para señalar el lugar referido—; es mi abuelo, no reacciona, está pálido y no ha comido nada. Está enfermo.
Al ingresar al cuarto en donde se encuentra el paciente, el personal prehospitalario, acompañado de su botiquín portátil y equipo de protección personal, inicia su protocolo de atención y percibe en la escena un olor picante en el ambiente, mezcla de orines, sudor y vómito que se ha acumulado de días y que se confunde con el olor a medicina. El cuarto tiene un aspecto de aquí no se limpia ni se barre en semanas.
Alrededor de la cama hay ropa tirada en el suelo; sobre el buró, un plato, vaso y cubiertos sucios; del otro lado, empaques de medicamentos abiertos, polvo y otro vaso vacío sobre el otro buró. En la cama, en medio de una maraña de cobijas, se encuentra una persona de la tercera edad, pálido, frío, que no reacciona al estímulo verbal: “Hey, señor, me escucha… señor”.
Tras la revisión de signos vitales, se determina que el paciente está estuporoso y necesita con urgencia una carga fuerte de glucosa, vía intravenosa, para evitar un choque insulínico que le puede quitar la vida… Se le administra el medicamento y, paulatinamente, en un lapso de 2 a 3 minutos, el paciente comienza a moverse, balbucea y abre los ojos. “Señor, me escucha”, le dice el paramédico; el paciente mueve la cabeza afirmativamente. Le han salvado la vida.
Otra escena. En la Central de Emergencia se reporta un menor de edad lesionado por caída y quemaduras en ambos brazos, pecho y cara, dentro de su hogar. Al arribo, los cuerpos de emergencia brindan atención a un menor masculino de 6 años, politraumatizado por caída y con lesiones tipo quemadura por sustancia tóxica. Lo anterior debido a que el menor ingresó al cuarto, tipo zotehuela, en donde sus padres resguardan diversos productos de limpieza, herramientas, solventes y materiales peligrosos —su papá es mecánico y hojalatero—; todo esto sobre un anaquel metálico, el cual no estaba fijo a la pared ni al piso, además de estar sobrecargado de múltiples objetos pesados. El menor, jugando, trepó sobre el anaquel y, al no estar debidamente sujeta la estructura, con el peso del niño y su balanceo, ésta se vino abajo sobre él, tirándole encima múltiples objetos que lo lastimaron.
Afortunadamente no fue aplastado el chico, ya que el anaquel, por su altura, se detuvo sobre la otra pared perpendicular e hizo un triángulo que le salvó la vida. Sin embargo, un recipiente que no estaba bien cerrado, cuyo contenido era removedor industrial —solvente que sirve para remover pintura automotriz—, al caerse se abrió abruptamente y salpicó todo, incluidas varias partes del cuerpo del menor, provocando serias quemaduras de segundo grado en el 36% de su superficie corporal. El niño fue trasladado a un hospital y salvó la vida.
¿Cuál es el común denominador de los dos escenarios relatados? En ambos existe una desatención del espacio vital, es decir, que se les daba un uso diferente al que se les tiene asignado generalmente; carecían de orden y limpieza; existían múltiples condiciones de riesgo con las cuales se convive diariamente; existía una falta de atención y cuidado hacia personas vulnerables (niños y ancianos); acumulación de objetos, enseres, sustancias y materiales de forma indiscriminada, sin clasificar, resguardar ni restringir su acceso.
Desinterés (no le importa), desatención (no tiene cuidado) y desconocimiento (no sabe) son actitudes que vulneran definitivamente a las personas; adicionalmente, la acumulación de peligros y amenazas incrementa sustantivamente las condiciones de riesgo; por lo tanto, el incidente está a la vuelta de la esquina. Su gravedad y magnitud son muchas veces impensables y dependen de múltiples factores.
¿Necesitamos vivir una situación como las relatadas para poner más interés, atención y conocimiento de los riesgos que nos circundan y cómo prevenirlos? ¿Se da usted cuenta de lo importante que es que los cuerpos de emergencia lleguen a tiempo y cuenten con todo el material y herramienta para desarrollar su trabajo? Esto es protección civil. ¡Que su semana sea de éxito!
Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en gestión de riesgos de desastre
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