Bendecida noche
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Bendecida noche

Martes, 19 Mayo 2026 08:35 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Vivimos en una época donde la diferencia de opiniones dejó de verse como una oportunidad para dialogar y comenzó a tratarse como una amenaza.

La intolerancia se ha instalado en la conversación pública, en las redes sociales, en las calles e incluso dentro de las familias. Hoy parece más fácil cancelar, bloquear, insultar o dividir que escuchar. Y cuando una sociedad pierde la capacidad de entender al otro, comienza lentamente a fracturarse.

Las cifras reflejan una realidad preocupante. De acuerdo con INEGI, una de cada cinco personas en México ha sufrido discriminación, mientras que la población LGBT+ registra los índices más altos: 37.3% asegura haber sido discriminada y seis de cada diez han sufrido algún tipo de violencia. No son números aislados; son señales claras de una sociedad cada vez menos empática.

La UNESCO advierte que el 89% de los conflictos surgen en contextos donde existe poca capacidad de diálogo intercultural. En otras palabras: cuando dejamos de escucharnos, el conflicto se vuelve inevitable.

El problema no solo es político o ideológico; también es humano. La empatía —esa capacidad de ponerse en el lugar del otro— parece haberse debilitado en tiempos donde las redes sociales premian la agresividad, la burla y la polarización.

Cada vez convivimos menos con quienes piensan distinto y más con quienes refuerzan nuestras propias creencias. La consecuencia futura puede ser devastadora. Una sociedad intolerante se vuelve incapaz de construir acuerdos, de resolver problemas comunes y de confiar en sus instituciones. La polarización extrema debilita la democracia, incrementa la violencia verbal y física, y normaliza el odio cotidiano.

Hoy discutimos por política; mañana podríamos dejar de colaborar incluso en las causas más básicas: seguridad, educación, salud o justicia.

El filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman advertía que “el diálogo real comienza cuando aceptamos que el otro puede tener razón”.
Pero pareciera que la sociedad actual ya no quiere dialogar; quiere imponerse. Y cuando todos quieren tener la razón al mismo tiempo, nadie escucha realmente.

La falta de tolerancia no solo destruye relaciones personales; termina erosionando el tejido social completo. Porque una sociedad sin empatía se acostumbra al sufrimiento ajeno. Y cuando el dolor del otro deja de importar, cualquier forma de violencia comienza a parecer normal.

Estamos a tiempo de corregir el rumbo, pero para hacerlo será necesario recuperar algo que parece estar desapareciendo: la capacidad de escuchar sin odio, disentir sin destruir y entender que pensar distinto no convierte a nadie en enemigo.

 
 
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Lupita Escobar

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