Aunque sea un huesito
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Publicado en Opinión

Aunque sea un huesito

Miércoles, 25 Marzo 2026 00:15 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

En México, hay padres que han tenido que aprender a pedir lo impensable: no justicia, no verdad completa, ni siquiera el regreso de sus hijos con vida, sino apenas un resto, un fragmento, algo que les permita enterrarlos y vivir su duelo.

En México son más de 130 mil personas desaparecidas —según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas—. No son solo una estadística: son historias, son familias, mesas incompletas, cuartos intactos esperando a quien no volvió.

Son madres que se volvieron buscadoras y padres que aprendieron a suplicar.

Porque sí, también hay padres.

Uno de ellos —su historia se repite con distintos nombres a lo largo del país— lo dijo de frente, sin rodeos, con el dolor convertido en palabras:

“Aunque sea un huesito, para darle cristiana sepultura”. Así fue como el señor Gustavo Hernández, padre del joven desaparecido Abraham Zeidy Hernández del Razo, de 33 años —desaparecido desde el pasado 14 de abril de 2024 en la colonia Hacienda de Anáhuac, en el municipio de Escobedo, en Nuevo León—, se dirigió a la titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. No pedía justicia mediática, no exigía castigos ejemplares. Pedía algo mucho más profundo: poder cerrar una herida que lleva abierta demasiado tiempo.

Y de eso, en abril, se cumple ya un año.

Un año más de espera. Un año más de incertidumbre.

Antes de llegar a ese momento, hubo días de recorrer fiscalías, ministerios públicos, colectivos, cerros y fosas clandestinas. Meses de tocar puertas que no siempre se abren. Años de sostener una esperanza que se desgasta, pero no desaparece.

Cuando finalmente fue escuchado, no alzó la voz, no hizo escándalo. Solo miró a la funcionaria y dijo algo que debería perseguirnos como sociedad entera. Porque en esa frase no había rabia: había cansancio, había amor por su hijo y había una súplica por paz para su alma.

En México, alrededor de 40 personas desaparecen cada día. Tan solo en los últimos años, la crisis no se ha detenido, y los colectivos han documentado miles de fosas clandestinas en todo el país.

Además, hay otra cifra que duele distinto: más de 50 mil cuerpos permanecen sin identificar en servicios forenses, esperando nombre, historia y familia.
Eso significa que hay miles de padres como Gustavo… esperando.

Porque en México, miles de familias llegan a ese punto. Lo que comienza como búsqueda de vida termina en búsqueda de restos. Lo que inicia con esperanza se transforma en una necesidad urgente de verdad, de certeza, de duelo.

Porque no saber también mata.

Las madres buscadoras lo han dicho una y otra vez: el peor escenario no es la muerte, es la incertidumbre. Es no saber dónde está tu hijo, si sufre, si lo dejaron solo, si alguien lo recuerda. Es vivir atrapado entre la esperanza y el horror.

Por eso buscan. Por eso cavan. Por eso se enfrentan al miedo, al abandono institucional y, muchas veces, a la violencia.

Porque en México, buscar también implica ponerse en riesgo: decenas de personas buscadoras han sido asesinadas en la última década, muchas de ellas por no rendirse.

Y mientras ellas encuentran lo que el Estado no, los expedientes crecen, las cifras aumentan y las historias como la de este padre se multiplican en silencio.

Él no pedía justicia ejemplar. No hablaba de culpables ni de sentencias. Su petición era infinitamente más sencilla… y más devastadora: poder enterrar a su hijo. Tener un lugar a dónde llevar flores. Dejar de imaginar. Dejar de buscar.

Porque en este país, hay quienes ya no luchan por reencontrarse con vida, sino por recuperar un pedazo de dignidad en medio del dolor.
“Aunque sea un huesito”.

Esa frase no debería existir. Pero existe.

México seguirá en deuda con quienes buscan y con quienes aún no aparecen.

Y mientras haya alguien pronunciándola, no habrá discurso que alcance ni silencio que oculte la falla del Estado.

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Lupita Escobar

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