En la búsqueda de opciones y alternativas ante el avasallante avance de las inteligencias artificiales, que es una de mis preocupaciones, no por estar en contra de las tecnologías, sino por los impactos negativos que se vienen dando en la actualidad y ante lo cual es fundamental contar con herramientas que coadyuven a enfrentar la situación, ubiqué el ensayo realizado por el historiador Niall Ferguson (Glasgow, Escocia, 18 de abril de 1964), denominado “El gran robo de cerebros”. Llamó mi atención el hecho de que aborda el tema de manera puntual y precisa, pero además ha elaborado una propuesta ambiciosa que podría resolver en muy buena medida el reto educativo y académico que tenemos enfrente y que, sin ser exagerado, puede marcar el rumbo del nuevo aprendizaje, así como evitar el deterioro cognitivo al que estamos expuestos como seres humanos.
Ferguson inicia su ensayo haciendo alusión a una pregunta que un usuario de la red social “X” (antes Twitter) le hace a Elon Musk en relación con que si este último ha percibido que vivimos en una novela de ciencia ficción, ante lo que el autor comenta que el cuestionamiento se efectuó a la persona correcta porque Musk es dueño de una serie de empresas de diferentes ramos de la vida tecnológica, digital y de otros ámbitos, con alcance hasta de pretender colonizar el planeta Marte, lo que posibilita un escenario de película futurista.
Niall menciona que quizá el único que habría imaginado un escenario como el actual es el escritor Neal Stephenson, quien en su novela de 1995, “La era del diamante”, relata una conversación entre dos personajes: un ingeniero informático y un millonario tecnológico especialista en bolsa de valores. En la charla, el ingeniero comenta que se está realizando un determinado trabajo de investigación y es aquí donde cobra relevancia la plática, porque en ella el millonario pregunta de qué tipo de trabajo se trata y el ingeniero le responde que es relativo a PI (pseudo inteligencia), término no muy utilizado, pero que el especialista bursátil entendió perfectamente, incluso comentándole con una sonrisa que cuando era niño la llamaban IA, ante lo que el ingeniero dijo: el descaro también debe tener su lado positivo. Lo ya mencionado evidencia que siempre ha existido incertidumbre sobre lo que hoy conocemos como inteligencia artificial.
Hoy día, al igual que Ferguson, algunos pensamos en la IA como la pseudo inteligencia debido al potencial perjuicio que podría ocasionar en la inteligencia natural o real; de ahí la importancia de la novela de Stephenson, que nos ubica en la realidad que vivimos en la actualidad, es decir, en donde el entorno digital se está comiendo al mundo a través del programa de una computadora, en el que reinan y dominan el escenario los inversionistas de capital de riesgo y los ingenieros, de tal forma que se vive en una sociedad tribal muy marcada (tribus étnicas). En uno de los estratos inferiores (suburbios) surge la figura de una niña que sale adelante a través de que le obsequian una copia robada de un libro interactivo, que para efecto práctico debemos entender que dicho libro está relacionado tecnológicamente con lo que conocemos hoy como gran modelo de lenguaje (LLM), también conocido como chatbot, y que le permite recibir una formación que en condiciones normales no sería factible.
Es sumamente relevante que lo que Stephenson se imaginó hace ya más de tres décadas hoy existe por doquier en internet; el único requisito para su acceso es contar con internet. Es en este punto en el que Ferguson menciona un hecho en el que el actor es Sam Altman, el fundador de OpenAI, que a través de ChatGPT dio inicio hace dos años a la era de la IA generativa, atreviéndose a afirmar que estamos en el preludio de un nuevo renacimiento. Como parte de sus ideas al respecto, en una entrevista que le hizo el Financial Times, se atrevió a preguntarle al reportero si consideraba que era más listo que el modelo GPT-3 en ese momento, adelantándose a responder Altman que él no es más inteligente que dicho modelo y que eso no le apena; estoy seguro de que a ti tampoco.
En descargo de lo afirmado por Altman, Ferguson dice que tenemos la ventaja de que para acceder a esa IA generativa nos debemos suscribir; sin embargo, aclara que sería insólito que no nos incomodara absolutamente la manera acelerada en que los jóvenes están adoptando la IA y precisamente la diferencia de uso entre las generaciones estriba en que mientras los que somos de mayor edad utilizamos esa IA como buscador de Google, lo cual es cierto, los jóvenes de 20 a 30 años lo utilizan a nivel de consejero de vida, lo cual da una idea muy clara de que no conocen los antecedentes de ChatGPT y las demás IAs generativas, que tienen su origen en la recopilación de volúmenes ingentes de datos que son el insumo principal de los modelos para que estos sean entrenados; pero la realidad es que desde su etapa de diseño y codificación ya incluyen algunos sesgos y esto no puede perderse de vista.
Por hoy se nos agotó el espacio; la próxima semana continuaremos. Saludos cordiales.
Luis Escobar Ramos
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