Audiencias: Callar al cenzontle
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Audiencias: Callar al cenzontle

Miércoles, 12 Agosto 2026 00:05 Escrito por 
Desde el Sótano Desde el Sótano Raúl Mandujano Serrano

El periodista camina sobre los atávicos portales de este histórico México, o anciano país que, “¿olerá a baúl?”, les preguntaría a las risueñas señoras del Polanco poblano Nayeli Salvatori y Grace Palomares, quienes, ejerciendo su derecho a la libertad de expresión, creyeron “simpático” señalar que “los viejos huelen a podrido” (pues dónde meterán las narices estas pseudo legisladoras). Lo cierto es que nuestro país, vigorizado por la ancestral herencia del Chilam Balam, el Culhuacán, los huehuetlatolli y el Popol-Vuh, quiere ser callado. Pretenden que la voz de los heraldos sea sometida por el alarido de la chachalaca, del nuevo conquistador despótico bajo el argumento de defender a quienes no se saben defender.

Envuelto en la idiosincrasia de quien prepara un pastel de lodo y se siente chef, el guardián del público mexicano exclama victorioso que serán los propios medios quienes elijan al Defensor de Audiencias en sus empresas, ese que tendrá la capacidad de discernir sobre la verdad, la mentira, la opinión, la manipulación, la diferencia entre una noticia, un comentario o un análisis periodístico. Ese portento de personaje ideológico estará abrazado por la doctrina del poder. El amanuense podría atreverse a decir que siempre, detrás de la verdad del embaucador, hay engaños y trampas, y aquí, entre la angelical sonrisa del mandatario, algo parece no oler bien.

El mayor riesgo quizá no sea la sanción, sino la autocensura. Cuando los medios y sus periodistas entienden que cualquier contenido puede proceder en ordenamientos administrativos y en la intrusión de una autoridad, evitarán temas incómodos, se reprimirán las críticas o se reducirá el debate público, o sea, el sueño de todo autócrata de piel ligera. Así lo deliró un tal Hugo Chávez y antes Adolfito, en Alemania.

Proteger los derechos de las audiencias es una obligación, sí, pero no debe condicionar al periodismo ni limitar la libertad de expresión. El canto del cenzontle no debe ser callado por la pedrada de un fariseo que se revuelca feliz en la polvareda del aplauso, pero reniega de la diatriba y el escarnio al caer en el lodazal de sus errores.

La consulta pública

El escribano de las tétricas redacciones agradece que, aun cuando sea una simulación, la consulta pública podría fortalecer esta iniciativa protectora del desvalido político o dirigente (no nos hagamos, esa es la idea) porque coincido en que el verdadero debate no es si las audiencias tienen derechos –que los tienen y es indiscutible–, sino si la propuesta mantiene equilibrio entre esos derechos y la libertad de expresión.

Porque cuando la llamada autorregulación (que al final es eso) depende de la posibilidad de una sanción del Estado, deja de ser autorregulación y se convierte en regulación… y amenaza.

Quizá los medios han rascado demasiado y han descubierto lo que no debían descubrir (aunque no estaba oculto, sino a la vista de todos), pero ¡esa es y ha sido nuestra labor! “El periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al Gobierno inquieto”, enunció el periodista español Francisco Umbral en 2004.

Los derechos de las audiencias no son una invención de este gobierno. Su historia en México inició cuando en 2013 se adicionó al artículo 6 Constitucional como garantía para quienes reciben contenidos de radio y televisión. Algo debe quedar claro: los periodistas lo reconocemos, pero con igualdad de reglas, nunca con el señalamiento en contra de quienes “caen gordos”.

Decía el escritor Yevgeny Yevtushenko: “Cuando la verdad es reemplazada por el silencio, el silencio es una mentira”. El periodismo no callará. Nos vemos en otro Sótano. Mi X @raulmandujano

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Raúl Mandujano Serrano

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