El español y su gramática pueden y deben ser incluyentes
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El español y su gramática pueden y deben ser incluyentes

Viernes, 04 Septiembre 2026 00:10 Escrito por 
Justicia que transforma Justicia que transforma Jesús Ángel Cadena Alcalá

En 2025, el Congreso de Chihuahua aprobó una ley para que las escuelas enseñaran a usar bien el español, cuidar la gramática, escribir sin errores y hablar con claridad; esto, a simple vista, no tiene nada de malo.

El problema es que diversos grupos sociales e integrantes de la comunidad LGBTIQ+ señalaron que, con el pretexto de "hablar bien", se escondía una forma de borrar a quienes buscan nombrarse de otra manera.

Por esta controversia, el caso terminó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde se discutió hace unos días.

La Corte resolvió que la ley, tal como está escrita, no es inconstitucional, pues no hay nada de malo en promover el buen uso del español, sobre todo en el ámbito escolar y con las infancias.

Pero se señaló algo muy importante: la ley no puede usarse como pretexto para prohibir o desalentar el lenguaje inclusivo en las escuelas; es decir, una cosa es enseñar ortografía y otra muy distinta es usarla para silenciar formas de hablar que incomodan a algunos.

Y es que el lenguaje inclusivo no daña al español; el idioma no se empobrece porque alguien decide decir "todes" en lugar de "todos", o porque nombra a las mujeres donde antes solo se nombraba a los hombres.

Por el contrario, el idioma se enriquece cada vez que encuentra una palabra nueva para decir algo que antes no se podía.

Ahí radica la belleza del español: en su flexibilidad, y es exactamente lo que hace el lenguaje inclusivo: abre espacio para nombrar a quienes durante mucho tiempo no tuvieron un lugar en la conversación.

Nuestro idioma no es un objeto fijo; es una herramienta viva que cambia todos los días, porque la sociedad que lo usa también lo hace. Eso no es una falla del idioma, es su forma natural de estar vivo.

Particularmente en México, el español que usamos está lleno de expresiones y palabras que no necesariamente aparecen en el diccionario, pero que forman parte de cómo nos entendemos unos a otros. Llevamos generaciones adaptando el idioma a nuestra manera de vivir, de bromear, de nombrar el mundo.

Negarnos a aceptar que el lenguaje inclusivo también forma parte de esa adaptación es, en el fondo, negarnos a aceptar que la sociedad cambia y que el idioma la sigue de cerca.

La discusión sobre Chihuahua no es, entonces, una pelea entre quienes quieren hablar bien y quienes no. Es una discusión sobre si el lenguaje debe usarse para incluir o para excluir. Y en esa discusión, la Corte dejó claro que se puede enseñar gramática sin cerrarle la puerta a nadie.

En colaboración con Ricardo Almazán Hernández.

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Jesús Ángel Cadena Alcalá

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