¿Nace un asesino o se construye?
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¿Nace un asesino o se construye?

Martes, 08 Septiembre 2026 00:05 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

La respuesta está lejos de ser sencilla.

Frente a hechos tan dolorosos solemos buscar una explicación inmediata. Necesitamos entender cómo alguien puede causar tanto daño y la palabra que aparece con frecuencia es "monstruo".

Es una reacción humana; sin embargo, cuando reducimos todo a esa idea corremos el riesgo de dejar de mirar aquello que sí podemos comprender y prevenir.

La ciencia lleva décadas estudiando la violencia y hasta ahora no ha encontrado un único perfil capaz de explicar por qué una persona mata. Lo que sí ha identificado son factores de riesgo, señales de alarma y contextos que pueden favorecer conductas violentas.

Uno de los elementos más estudiados es la empatía. Un metaanálisis publicado en Clinical Psychology Review, que reunió información de más de 142 mil personas, encontró que ciertos rasgos asociados con la psicopatía mantienen una relación importante con déficits en la empatía afectiva. Dicho de otra manera: algunas personas presentan mayores dificultades para conectar con el sufrimiento de los demás.

Esto importa porque la empatía no es solamente una virtud moral, es la capacidad de reconocer que la otra persona siente, teme, ama y sufre igual que nosotros. Cuando esa capacidad se deteriora profundamente, el otro puede dejar de ser visto como un ser humano para convertirse en un obstáculo, una amenaza o un medio para alcanzar un objetivo.

La Organización Mundial de la Salud advierte que los comportamientos violentos suelen surgir de una combinación de factores personales, familiares, comunitarios y sociales. Haber crecido en entornos donde la violencia era normal, aprender que el control es una forma válida de relacionarse o desarrollar una incapacidad para manejar la frustración pueden formar parte de un contexto de riesgo. Nada de esto convierte automáticamente a una persona en homicida; sería irresponsable afirmarlo.

Sin embargo, sí nos recuerda algo fundamental: las tragedias rara vez aparecen de la nada.

Con frecuencia están precedidas por señales que pasan desapercibidas o que decidimos minimizar, por eso hablar de salud mental no significa buscar excusas para quien comete un crimen.

Significa reconocer que la prevención comienza mucho antes, comienza cuando aprendemos a identificar conductas preocupantes: la necesidad obsesiva de controlar a otros, las amenazas constantes, la incapacidad para aceptar límites o rechazos, la crueldad, la agresión normalizada, la falta de remordimiento o el desprecio sistemático por el bienestar ajeno.

Ninguna de estas señales permite predecir con certeza un acto extremo. Pero ignorarlas tampoco protege a nadie.

La salud mental no consiste solamente en atender trastornos cuando ya existe una crisis. También implica construir relaciones sanas, desarrollar habilidades para resolver conflictos, aprender a gestionar emociones y pedir ayuda cuando algo se sale de control.

La prevención no comienza después de un hecho violento, comienza mucho antes de que una familia tenga que enfrentar una pérdida irreparable.

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Lupita Escobar

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