Que la decepción de hoy, sea el voto del mañana
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Que la decepción de hoy, sea el voto del mañana

Jueves, 08 Octubre 2026 00:05 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

Hay un dato que debería quitarle el sueño a cualquier gobernante en América Latina: ocho de cada diez personas creen que a ellas y a sus familias les va bien. Eso sí, apenas una de cada tres piensa lo mismo de su país. La gente confía en su esfuerzo, pero desconfía de quienes gobiernan. Desde una mirada humanista, ese dato es lección y reproche a la vez. Lección, porque confirma que la persona —su trabajo, su familia, su comunidad— es el verdadero motor de la nación. Reproche, porque revela que millones han aprendido a salir adelante a pesar del gobierno, no gracias a él. La satisfacción privada convive con la resignación pública. Y la resignación es el mejor aliado de cualquier poder que no rinde cuentas.

Esa fractura recorre el Informe 2026 de Latinobarómetro que, tras 19,207 entrevistas en 17 países, se pregunta si vivimos la crisis de la democracia liberal. Su respuesta es que los gobiernos que no cumplen están en crisis. La región ha celebrado, desde 2024, doce elecciones presidenciales y en siete hubo alternancia. El saldo es un vuelco sin precedentes. En menos de dos años, once de dieciocho países pasaron a ser gobernados por la derecha o la extrema derecha, mientras la izquierda conserva solo cuatro: México, Brasil, Guatemala y Uruguay. Y el poder Ejecutivo de Brasil está en disputa, aunque el Legislativo ya cambió de signo.

Lo notable es qué ocurre después. En Colombia el apoyo a la democracia subió diez puntos tras la alternancia; en Perú, nueve; en Honduras, seis. Cuando el ciudadano comprueba que puede quitarse de encima a un mal gobierno con su voto, vuelve a creer en esa forma de gobierno. La alternancia, concluye el informe, es la herramienta democrática que los latinoamericanos mejor han aprendido a usar. Entonces, las reelecciones a modo (de cualquier signo ideológico) y la captura de los árbitros electorales son el mayor riesgo para la región porque le quitan a los electores la llave de salida.

En México, que desde 2021 tiene un “régimen híbrido” (The Economist) como resultado de confundir mayoría con unanimidad, solo 45% de los entrevistados considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, cuatro puntos menos que en 2024. Más inquietante aún es que 53% de los mexicanos dice que no le importaría un gobierno no democrático si resolviera los problemas.

El informe muestra que los periodos de crecimiento económico coinciden con mayor apoyo a la democracia —de 2004 a 2008 y en 2010—, mientras el estancamiento de la década pasada acompañó su declive. Sin crecimiento no hay con qué pagar la escuela, el hospital, las calles, el alumbrado, la cámara de vigilancia ni la patrulla. Según “México, ¿cómo vamos?”, el país no creció en 2020, tampoco en 2025 y ahora tenemos el PIB por habitante de 2017. Ocho años sin que el mexicano promedio sea más próspero.

La región vive un "declive del Estado": la eficiencia percibida cayó de 5.3 a 4.7 (escala de 1 a 10) entre 2011 y 2026, y solo 26% dice que el Estado ha hecho mucho o algo por su familia. México no escapa a estas cifras: apenas 22% está satisfecho con su policía, 27% con su sistema judicial y 36% con sus hospitales públicos; 77% no confía en que sus impuestos se gasten bien. La representación está todavía peor. Solo uno de cada cuatro mexicanos se siente representado por el Congreso, y los partidos políticos apenas tienen la confianza del 18%.

En el Estado de México el diagnóstico es más crudo. La ENVIPE 2026 (del INEGI) coloca a la entidad con la mayor percepción de inseguridad del país —90% de sus habitantes— y con la segunda tasa más alta de víctimas, solo detrás de la capital. La lección latinoamericana es muy clara: “ahora es cuando”. El 6 de junio de 2027 se renovarán 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas y más de diecinueve mil cargos en gobiernos municipales. Los mexiquenses votaremos la renovación de 75 diputaciones y 125 ayuntamientos. Será la oportunidad precisa para que hagamos como Colombia, Perú o Chile: evaluar con el voto a quienes ahora gobiernan.

El llamado es a cambiar de actitud. Al vecino que esquiva el mismo bache desde hace años, a la madre que ya no deja salir sola a su hija por la tarde, al joven que repite que "todos son iguales", al que dejó de votar porque se cansó… la decepción no es un argumento para quedarse en casa, es la razón para salir. Si ocho de cada diez mexicanos sienten que su familia va por buen camino, el siguiente paso es hacerse dueños también del camino común. Que la decepción de hoy sea el voto del mañana.

Manuel Gómez Morin pedía que no hubiera ilusos para que no hubiera desilusionados. 2027 no exige ilusiones, exige ciudadanos que miren su calle, sumen sus razones y voten. Solo así podremos sentirnos tan orgullosos de nuestro país como ya lo estamos de nuestro propio esfuerzo.

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Juan Carlos Núñez

Palabras al viento