“Afueera, afuera tú no existes, solo adentro”… —se escucha de fondo en esa antigua cafetería del centro histórico—. Mientras degusta de ese ya clásico café mexicano sin azúcar, el amanuense recuerda que hace algunos años, como viril reportero del Financiero, fue asignado para dar cobertura a una marcha por el movimiento estudiantil del 68. Serían unos 3 mil estudiantes avanzando hacia el Zócalo, muy agresivos, pero entre ellos destacaban unos que se hacían llamar “El Bloque Negro”. Vaya que eran protagonistas peligrosos y armados. De miedo, en serio.
La primera ocasión que se les vio fue aquel 1 de diciembre de 2012, durante la toma de protesta de Enrique Peña Nieto. Fue una vorágine de violencia planeada con precisión y ejecutada por un grupo bien entrenado, armado y protegido.
En esa movilización, convocada por #YoSoy132, Morena y la APPO causaron daños millonarios y rapiña. Fueron 96 detenidos a quienes liberaron tras identificarse como estudiantes. Era la mejor estrategia para desestabilizar a opositores a cierto grupo político: darles una credencial escolar. Algunos analistas en ese tiempo referían que tenían su centro de operaciones en la Universidad de la Ciudad de México, creada en 2001 por el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel, y, curiosamente, contendiente en esos comicios.
En 2019 aparecieron muy radicales en el movimiento feminista #NoMeCuidanMeViolan, que surgió tras una denuncia de violación cometida presuntamente por policías, se acordará usted. Las protestas derivaron en ataques y saqueos a tiendas de lujo, joyería y electrónicos, y ni qué decir de agresiones a periodistas. El 8 de marzo de 2021, durante el Día Internacional de la Mujer, sus embestidas resurgieron contra las mujeres policías que resguardaban Palacio Nacional. El saldo fue de 19 agentes heridas. Pero no hubo detenidas. Se amparaban en la libertad de manifestarse.
En 2025 ocurrió otro episodio crítico durante la marcha del 2 de octubre, con un saldo de 96 policías heridos y 29 civiles lesionados, entre ellos varios periodistas, quienes documentaron daños y robos en establecimientos y afectaciones al Centro Cultural Tlatelolco.
Y todos los años aparecen, cada vez más violentos, y no comprendemos de dónde salen los recursos para sus movilizaciones, traslados, uniformes y armamento pseudocivil, menos aún los pagos o salarios que perciben.
Curiosamente, a finales de octubre de 2025, se convocó a una marcha denominada de “la Generación Z”, en protesta al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y aunque los organizadores se definieron como apartidistas, ahí, entre ellos, sin portar sombreros sino pasamontañas, volvieron a aparecer los negros bloquistas, causando estragos.
Ahora nuevamente, pero en Guadalajara, durante una marcha pacífica por el suministro de agua, volvieron a aparecer. Quienes protestaban se deslindaron de ellos y les exigían descubrirse el rostro. No lo hicieron, volvieron a mezclarse entre la gente hasta llegar al centro de Guadalajara para lanzar petardos, pintar fachadas y romper cristales de los edificios de Gobierno, el Legislativo y el Judicial, además de negocios.
Al periodista le parece —es su opinión— que ese grupo desestabilizador, que se oculta entre las banderas de la protesta pacífica, representa una táctica violenta que se protege en la impunidad o al cobijo de alguien… Nadie los detiene, los camiones por los que viajan pasan desapercibidos y operan por todo el país.
El periodista se retira de la cafetería… De fondo se escucha: “Cuando recibas esta carta tú, seguro abriste ya ese sobre azul, que a tu puerta muy temprano llegó, con doce rosas en el interior”… Nos leemos desde otro Sótano. Mi X: @raulmandujano

