El silencio incómodo que desnuda, exhibe y delata
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El silencio incómodo que desnuda, exhibe y delata

Miércoles, 21 Octubre 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

La pregunta bien estructurada que fue planteada a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante una de sus mañaneras en el mes de septiembre por parte del periodista Jorge Chaparro la dejó muda por varios segundos. Ese incómodo momento, en el que pudo apreciarse que la mandataria buscaba una respuesta asertiva, exhibió una condición imposible de ocultar por más tiempo. El desarrollo del cuestionamiento que terminó por dejar helada a la figura presidencial, por no encontrar respuestas como las que ha acostumbrado al medio periodístico a escuchar ante cualquier momento incómodo, para echar mano de las recomendaciones dictadas por el “librito”, no funcionaron en este caso. Ese instante dejó al descubierto muchas más cosas de las que quisieran aceptar.

Jorge Chaparro abordó con cautela el momento y acomodó su introducción: “Usted no construyó la Línea 12 del Metro, pero tuvo que enfrentar el desplome. Usted no construyó el Tren Maya, pero ha tenido que enfrentar estos… incidentes. Usted no construyó el Tren Interoceánico y tuvo que enfrentar el descarrilamiento. Usted no construyó Dos Bocas y han pasado por lo menos dos incendios ahí”. Para enseguida soltar… “La pregunta en concreto es: ¿Por qué no se actúa contra los responsables de esas obras que sí tendrían que ser quienes respondan ante la sociedad mexicana? ¿Por qué no se actúa contra estos responsables del pasado?”.

Transcurrieron varios segundos tensos en los que posiblemente hasta podía escucharse la respiración de los presentes. Durante ese tiempo, la mandataria fijó su mirada en diferentes puntos tratando de encontrar una fórmula mágica que la hiciera recoger una posición adecuada a su cargo para responder con coherencia.

¿Qué pasó por la cabeza de la titular del Ejecutivo? Tal vez el vaivén de ideas recorría grandes distancias hasta llegar a un rancho de feo nombre o, tal vez, al otro lado de la frontera norte de México. Solo Sheinbaum sabe todo lo que transitó por su cabeza en esos inquietantes momentos.

Pero la verdadera respuesta está en lo que no dijo y es en ese silencio aterrador en el que habría que fijarse porque en él se encierra la verdad que no se quiere decir. Cuando llegó su contestación, esta fue más aterradora que la pregunta misma: “Porque mmm… nosotros somos parte de un movimiento de transformación”.

¿Qué es lo que debe entenderse con esa torpe réplica? El mecanismo autónomo de la percepción de cada quien puede llevar a diferentes rutas para comprender cómo Sheinbaum llegó a esa reacción, si es que se le puede llamar así, o tan solo fue un reflejo que se desprendió de pronto en un momento en el que no alcanzó razonamiento alguno para contestar una pregunta tan simple y al mismo tiempo tan cargada de todo.

Lo que no se puede dejar de señalar en el resultado de su cabildeo mental es entender qué quiso decir con: “Nosotros somos parte de un movimiento de transformación”. ¿Debería aceptarse que por esa condición tiene que ser suficiente? O, para dejarlo claro, ¿no existe ninguna intención por investigar y llevar a la justicia a los probables responsables de acontecimientos que han envuelto con dolor y muerte las anomalías estructurales de las obras emblemáticas iniciadas antes y durante el sexenio y por capricho de Andrés López Obrador?

El manoseado recurso de la mandataria al exigir para todo cuestionamiento respecto de los políticos de la 4T señalados en diversos actos que deberían ser investigados es: pruebas, pruebas, pruebas. No debería siquiera permitirse ella misma colocarse en esa posición, porque existe una institución encargada de llevar a cabo las investigaciones necesarias para esclarecer hechos que puedan considerarse delictivos, y se le conoce como Fiscalía General de Justicia, ya sea de las entidades o del gobierno federal.

Ningún particular tiene por qué acercar todo tipo de pruebas que exige la autoridad ministerial, —que en su concepto debería ser autónoma—. Bastaría con enterarse por cualquier medio de la existencia de un hecho delictuoso considerado por la ley como grave para perseguirlo de oficio, mientras que lo que sí es obligación de los ciudadanos es entregarle a la autoridad los datos de prueba en su poder. Todo lo demás corre a cuenta de la institución referida.

Entonces, surgen las preguntas naturales consecuentes: ¿Por qué no se investiga a los encargados de las obras? ¿Por qué habría de aceptarse que el conductor de un tren sea el único responsable de un accidente fatal? ¿Por qué no hay ningún alto funcionario siendo investigado?

¿No hay pruebas? Pues que investigue el Ministerio Público, que para eso está. Si se han mencionado nombres que pudieran presumirse intocables, aun así debería llegarse al fondo del asunto. ¿Por qué debería descartarse a nadie apoyándose únicamente en la palabra de quien dice conocerlos como buenas personas?

Ese silencio ocupa y debería ser objeto de profundizar para encontrar una condición que empuje con fuerza y sacar a la luz pública la verdad. El hecho de señalar que “…porque nosotros somos parte de una transformación” no puede ser suficiente para dejar de lado los actos que por comisión o por omisión tienen que escudriñarse para llegar a ver el verdadero rostro de las tragedias y, en su momento, presentar ante un juez para que sea él y solo él quien juzgue si existe o no delito que perseguir.

El sistema acusatorio penal fue concebido en México para observar el trabajo desarrollado por el órgano investigador y, al valorar las pruebas con las que presenta un caso, aceptar o negar la apertura de un procedimiento penal. Pero es únicamente la autoridad judicial la que determina eso; no son los políticos, cualquiera que sea su rango, quienes deban decidir quién sí y quién no reúne los elementos del tipo penal para enfrentar el proceso correspondiente.

La posición de Claudia Sheinbaum desnuda la verdad sobre el sistema de justicia que existe en México. Selectivo. Firme para quienes no pertenecen a la “transformación” y compasivo para quienes sí pertenecen a ella. A unos se les encierra y hasta se les acusa incluso de “traición a la patria”. Delito utilizado por este régimen, como es el caso del exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui, del que tendría que darse seguimiento hasta su conclusión, porque muestra la manera en la que en adelante actuará el gobierno de la 4T en contra de sus opositores.

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