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Enredos de la Salud Sexual y reproductiva en la población adolescente-Parte I

Viernes, 02 Agosto 2019 00:06 Escrito por 
Enredos de la Salud Sexual y reproductiva en la población adolescente-Parte I Iliemilada

Que la población adolescente aprenda a vivir su sexualidad de manera plena, responsable, con pautas y comportamientos de autocuidado, pero además, con pleno apego a sus Derechos Humanos, es un reto que apenas está germinando social y culturalmente en México. Estamos al amanecer. Sin exageraciones, a dicha tarea está convocada la sociedad entera.

Educación sexual

Están llamadas las escuelas, junto con sus docentes y directivos(as) mediante programas educativos que aborden en las aulas el desarrollo de las sexualidades (así, en plural y no solamente heterosexista) para emprender esos contenidos puestos al día, desde una óptica laica y por ende científica; sin tapujos pero con el dominio suficiente que el tema exige.

El profesorado de primaria, secundaria y nivel medio superior que esté a cargo de este asunto de vital importancia para las y los estudiantes, debería estar actualizado e ineludiblemente tendría que pasar por un examen ideológico, pues se trata nada menos que de la sexualidad que pretende impartir un Estado laico. Si tal perspectiva no prima en la enseñanza de este núcleo formativo, es el mismo Estado, junto con su Consitutución y sus leyes, quien le falla a las nuevas generaciones y se traiciona a sí mismo.

Los traumas e ideas torpemente pecaminosas que algunos docentes cultivan con abismal vocación en torno a las sexualidades, deberían quedar fuera de la enseñanza sobre salud sexual y reproductiva en las escuelas públicas; que tales docentes enseñen otros contenidos (aunque sean de la CNTE o del SNTE) pero no algo tan privado, íntimo, trascendental, lleno de plenitud y liberador como es nuestra sexualidad. En todo caso, para una visión claramente retorcida y muy documentada de la sexualidad, se pintan bien –y con propia mano-- algunas escuelas monacales que colorean todo el territorio nacional, al más puro estilo del extinto y abusador sexual Marcial Maciel.

Madres y padres de familia

Están llamados a escena, desde el ámbito privado de las familias, las madres y los padres o, por lo menos alguno de los dos, para que se ocupen de este asunto frente a sus hijos e hijas. Es muy difícil que estemos preparados, sin recibir información y formación para un mundo que, incluso, a veces resulta inescrutable para nosotros mismos como adultos.

La procreación y la crianza son insuficientes para erigirnos como gente calificada en la(s) sexualidad(es), como si fuesemos especialistas en el ramo. Puesto de otra manera: Pegar etiquetas nutricionales en una línea de producción, no nos convierte en químicos en alimentos. Algo parecido sucede con nuestra capacidad materna o paterna para orientar, a fuerza de la venerable “intuición”, a nuestras descendencia sobre su salud sexual, reproductiva y erótico-amorosa.

Se trata de tabúes, pero también de creencias que han sido decantadas por obra y gracia de la religión que cada quien profesa; se trata de aquello que ha configurado muchos de los prejuicios que tenemos los padres y las madres respecto a la sexualidad. Hoy, los(as) adolescentes están experimentando el ejercicio de sus placeres sexuales, pero sin que ellas tengan que pasar por el inhóspito calvario de matrimonio civil o religioso ni la procreación.

Según encuestas confiables, cuatro de cada diez chicas adolescentes, al cumplir entre 16 y 18 años de edad, ya tienen una vida sexual activa. Muchas de las madres de estas chicas saben perfectamente, mediante la sobrenatural “clarividencia” que les caracteriza o la tozuda experiencia propia, que sus chiquillas han enriquecido su biografía erótico-amorosa con estas farragosas pero secretas experiencias. Desde luego, no se lo dirán a ellas, por temor a recibir confirmación o, por otro lado, porque no sabrán cómo manejar tal escabroso asunto.

Con descarada hipocresía, estarán al tanto de que el periodo menstrual de sus hijas esté presentándose conforme a lo esperado, so pena de explotar con silenciosas o astutas alarmas de pánico ante un embarazo no planeado; serán capaces de verificar si las toallas sanitarias se agotarán conforme a lo proyectado, en vez de abrir anchurosos cauces de comunicación profunda entre madre e hija, entre padre e hija, para que aprendan a velar por su salud sexual y reproductiva. Como en otros asuntos de la vida, mejor el ahogo de la charla con tal de que reine el tranquilizador silencio, mientras dure.

Las(os) adolescentes

Sin desprenderles de su capacidad de autoreflexión y de su autoría como personas, son las propias chicas y los chicos adolescentes (en lo hetero o fuera de ello) quienes deben aprender a poner en marcha comportamientos y actitudes de autocuidado de su cuerpo y del ejercicio de una sexualidad.

Debemos reconocerlo, si aquellos candentes recuerdos no se han asfixiado en nuestra perezosa o ultraconversadora memoria, aquello de cuidar estoicamente la salud sexual de nuestro cuerpo es un genuino deporte extremo, sin exagerar. En la mayoría de los casos, los febriles cuerpos fracasan ¡Es así, sean adolescentes, jóvenes o consagrados adúlteros; perdón, adultos quise escribir pero el teclado me lo cambió! Fallidamente queremos academizar o racionalizar, in extremis, el encuentro erótico-sexual. Simple y llanamente es inhumano y desconsiderado.

Si algo tiene este tipo de refriegas corpóreas que centellean lujuriosas ansias, es que surgen de la mar deseante; que se vibra y se explora hasta que nos lanza sin paracaidas --desde lo alto de la tentación-- en busca de ese goce que, inquietante y prometedor, reverbera so promesa de un disfrute o desfogue que quizá llegue o fenezca en el intento. He ahí la llama enloquecedora y chispeante que suelta el brioso corsel del deseo. Así, el deseo sexual se burla de todas las recomendaciones que hieden a planificación.

He ahí el verdadero desafío al que se enfrentan los jóvenes e inmaduros cuerpos trémulos, pues les pedimos que conecten –condón mediante y a la mano-- con ese después, con el mañana, con la repercusión futura de lo que está explotando por todos los poros de dos cuerpos ardientes, en tanto se libra una batalla de caricias, de manoseos y de besuqueos que invaden presurosos por las planicies, los pliegues, las cañadas, los montes y los huecos expuestos, sin tregua. Antes y durante esas batallas lúbricas ¿les pedimos a las y los adolescentes “frialdad”, raciocinio y prudencia, en pro de su salud sexual y reproductiva?

Mi respuesta es que sí, pero en el entendido que –como todo deporte extremo que se precie de serlo—esas recomendaciones higienistas o racionales pueden fallar, al calor de la pasión. Pretendemos que las y los adolescentes, o más ampliamente los(as) jóvenes, vivan su sexualidad como si estuviesen cobijados por la serenidad y la decadente sobriedad matrimonial, cuando la pasión sexual se vive precisamente porque el amor concupiscente, lascivo, se practica fuera y en contra del matrimonio, así como de los rancios cánones establecidos.

Si no reconocemos las características y cualidades que tiene el ejercicio de la sexualidad de los(as) adolescentes y jóvenes, vamos a seguir fracasando en nuestras estrategias higienistas, biologistas, médico-clínicas, obtusas, neoconservadoras, persignadas o, peor aún, atadas al oscurantismo religioso que nada entiende de dos jóvenes cuerpos deseantes; aunque sí mucho de abuso sexual y de pederastia.

Seguiré…

* Red Internacional FAMECOM

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Luis Alfonso Guadarrama

Iliemilada

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