Economía mundial en receso: otra vez la crisis es diferente 

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Economía mundial en receso: otra vez la crisis es diferente 

Domingo, 19 Abril 2020 00:08 Escrito por 
Economía mundial en receso: otra vez la crisis es diferente  Economía mundial en receso: otra vez la crisis es diferente 

¨Mis consumidores, ¿no son mis productores?¨: James Joyce

Otra vez la crisis y otra vez es diferente. No es la esperada gradual y recurrente crisis cíclica de la economía mundial. Esta vez vino de China y no por el esperado colapso de su endeudada economía, sino en forma del virus SARS-CoV-2 que se ha esparcido por el mundo y que provoca la peligrosa enfermedad Covid-19.

Ante el surgimiento en China de la enfermedad epidémica del Covid-19 y su propagación global, las necesarias medidas tomadas para enfrentar la pandemia han causado una intempestiva crisis en la economía mundial. 

Sus efectos inmediatos sobre los flujos nacionales e internacionales de todo tipo están siendo claramente negativos. Es difícil hacer una valoración cuantitativa definitiva de este impacto, que dependerá en buena medida de lo que se tarde en controlar la pandemia, según las reacciones en cada país y por la respuesta de las autoridades y las empresas e individuos ante los trastornos causados por la presente emergencia sanitaria.

Por lo pronto, tras el alerta de la amenaza del virus la crisis se anticipó por una drástica caída en las bolsas de valores del mundo, que es el sistema de alerta del mercado global de capitales. El crac mundial en las Bolsas de Valores es representativo de la grieta que el virus abrió en la confianza en la economía global. 

Luego, las medidas necesarias para contener el contagio de la enfermedad requirieron limitar el movimiento de gran parte de la población en las aglomeraciones frecuentes en esta sociedad de masas, tanto en los lugares demandados como en los centros de trabajo, consecuentemente afectando el consumo y la producción de bienes y servicios. 

La estructuración de una economía y una sociedad necesitan que funcionen tanto la administración de las personas o recursos humanos, como la administración de las cosas o mercancías.

La administración de las cosas, a su vez, requiere que funcionen bien cuatro polos de actividad repartidos en dos parejas antagónicas, pero complementarias. Estos son los dos polos del consumo y la producción, por un lado, y el almacenamiento y la distribución, por el otro, ya que una mercancía se produce en uno o varios países del mundo (globalización productiva) y como bien final se consume en otros países mediante el comercio internacional, que ciertamente se ha desacelerado por efectos del coronavirus. 

La interrupción de una etapa del proceso de producción, como es el caso en esta crisis, afecta toda la cadena productiva y, a la vez, la falta de consumo en algún lado incide negativamente en el incentivo a producir ese bien. En lo que se refiere al almacenamiento normalmente no hay muchos problemas, sin embargo, por ejemplo, en el caso actual del petróleo el almacenamiento está saturado, lo cual hace imposible guardar más y esto contribuye a propiciar los recortes en producción y a bajar todavía más los precios internacionales del crudo. El cuarto polo, la distribución, también presenta pocos problemas en tiempos normales, pero en este caso extraordinario de la pandemia se ha visto afectado por la imperiosa necesidad de aislar a los recursos humanos (personas) del contagio. Lo cual también afectó al consumo. ¨Mis consumidores, ¿no son mis productores?¨, se preguntaba hace un siglo el famoso escritor James Joyce, aludiendo a la ficticia clasificación económica, que equivocadamente divide consumidores y productores cuando en realidad, como se está viendo claramente en esta crisis, están íntimamente ligados. 

En esta singular crisis prácticamente todas estas funciones se están viendo afectadas en algún grado, en forma diferencial según sectores, regiones y países y de acuerdo a su situación y posición particular en la economía global. Quizá la única área menos afectada e incluso favorecida por esta situación  sea el intenso uso de la tecnología digital que permite la telecomunicación propiciando el teletrabajo, la teleducación, videoconferencias, etc, además de que el paro forzoso ha intensificado el uso del entretenimiento vía televisión en casa y la información e intercambios vía digital desde el internet. Las llamadas telefónicas se han duplicado y se está acelerando la entrada de la tecnología G6 para hacer más rápida la red.

En el caso concreto de México, la economía venía de ligar cuatro años consecutivos siguiendo una tendencia decreciente de crecimiento y a finales de 2019 se hallaba estancada, al no cumplir con las expectativas del nuevo gobierno (cero crecimiento real del Producto Interno Bruto, contra entre 0.16 y 1.2 % esperado por el Gobierno). 

Para 2020 el objetivo del Gobierno era entre 1.5 y 2.5% de crecimiento del PIB, pero la irrupción del COVID-19 y sus consecuencias han invertido las expectativas y ahora las estimaciones internacionales sobre la economía mexicana hablan definitivamente de una recesión para nuestro país este año (estiman una caída de más de 6%)

Así, hemos pasado en los últimos años de un bajo crecimiento a una desaceleración y a un estancamiento económico, a una recesión. Recesión, en macroeconomía, es la disminución generalizada de la actividad económica de un país o región, medida a través de la bajada, en tasa anual, del Producto Interno Bruto real, durante un periodo suficientemente prolongado. 

No existe acuerdo en la doctrina económica acerca de cuál es dicho periodo, si bien, con el tiempo ha venido a extenderse la opinión emitida por Julius Shiskin en un artículo publicado en el diario New York Times en 1975 en torno a dos trimestres consecutivos de caída como plazo definitorio para el término. Se ha adoptado este criterio en la práctica, especialmente por la gran interrelación entre las economías de Estados Unidos y la de México, aunque por ser de tamaños muy diferentes es la economía de Estados Unidos la que influye más en el comportamiento de la economía en México y como expresa de antaño el dicho popular, ¨cuando en Estados Unidos les da un resfriado, acá en México nos da pulmonía¨. 

Hay de recesiones a recesiones. Las más suaves son sólo una desaceleración normal y pasajera del ciclo económico. Para Estados Unidos la última estimación es que se haya empezado a desacelerar su economía y crecido solamente 1% en el primer trimestre de este año. No había recesión, sino sólo desaceleración ya que su economía venía creciendo al 2% anual en 2019.

Pero el efecto del segundo trimestre de este año lo han estimado algunos economistas en hasta 40% de caída para Estados Unidos, lo cual indica que se ha adentrado en una grave recesión, pero pese a la insólita caída de la producción no constituye por sí sola una depresión, ya que de acuerdo a la definición aceptada por los economistas para depresión esta incluiría dos características necesarias: un declive del PIB mayor del 10%  en un año y una contracción económica que dure 3 o más años. 

El ejemplo más conocido es la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado que afectó a todos los países occidentales y que fue particularmente severa en Estados Unidos. En Estados Unidos, el National Bureau of Economic Research determina las magnitudes de las contracciones y expansiones en el ciclo económico pero no declara depresiones. E incluso sólo declara una recesión hasta mucho después de que tiene los datos de dos o más trimestres de caída.

En esta ocasión, Estados Unidos espera que la recesión sea efectivamente muy aguda, pero corta y que ya para el tercer trimestre empiece gradualmente a salir de la misma, lo cual sería muy importante para las elecciones presidenciales de noviembre. Lo mismo esperan en México, con vistas a las elecciones intermedias de 2021. Todo esto, a condición de que no se presente una nueva crisis bancaria y financiera, o protestas sociales o políticas que desestabilicen aún más al sistema. 

Está por verse que sea así. Y en buena parte depende en ambos países y, en general en el mundo, de que primero que nada se contenga la amenaza sanitaria y segundo, que se adopten las medidas económicas adecuadas. Si no se contiene el contagio puede haber un rebrote en el otoño y si no se toman medidas urgentes y se implementan correctamente, en el caso de Estados Unidos puede darse una recaída económica. Y en el caso de México puede ni siquiera darse una recuperación por breve que sea en la segunda mitad del año e incluso agravarse la caída económica y retardarse la recuperación económica hasta el 2022, si no se toman medidas de rescate para empresas y trabajadores de mucho mayor impacto que las tibias acciones ofrecidas hasta ahora por el Gobierno mexicano. 

Estados Unidos ya aprobó un plan de más de dos billones de dólares para aminorar los efectos de la doble crisis sanitaria y económica. En México las repercusiones no sólo amenazan la economía sino que lo acompañan sus ramificaciones sociales en el desempleo, el aumento de la pobreza y de la violencia, y en aspectos financieros, bursátiles y cambiarios (el peso se ha depreciado cerca de 25% en estos últimos meses). 

En México se han anunciado muy pocas medidas para paliar la severa situación económica, agravada por la caída del precio internacional del petróleo, talón de Aquiles del presupuesto gubernamental, que aún con la cobertura de parte del ingreso del petróleo exportado se calcula que el fisco pierda una quinta parte de sus ingresos por petróleo este año. 

El Gobierno ha recurrido a ¨canibalizar¨ parte de su presupuesto para cubrir gastos de la emergencia sanitaria y algunos fondos como el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo y la extinción de fideicomisos, para aminorar el déficit en las finanzas públicas. No parece existir más remedio en esta emergencia que recurrir al endeudamiento público, lo cual hasta ahora el Gobierno se resiste a hacer. Y en caso de que lo hubiera,  existe una gran controversia sobre el qué remedios aplicar, cuándo, cómo y para quién. El mero retardo en anunciar un plan económico está causando el agravamiento de la situación económica y el surgimiento de problemas y protestas sociales.

En otro lado del mundo, en China, la mayoría de los expertos cree que ese país donde se originó el virus y fue el primero en dictar medidas drásticas para contenerlo, afrontará un impacto económico breve pero más fuerte de lo que se pensaba originalmente. Sin embargo, las expectativas de cuán dura será la repercusión varían pues dependen de su interrelación con la economía mundial, especialmente del propio Estados Unidos, y de que no haya un fuerte rebrote del coronavirus más adelante. 

El Producto Interno Bruto chino se hundió un 6.8% en el primer trimestre de este 2020. La cifra se compara con la expectativa de Pekín de un crecimiento anual de 6% antes del surgimiento del virus. El impacto del virus podría recortar el crecimiento del PIB chino a 5 % o menos este año, dado que sufrirá el efecto boomerang al caerse la demanda de productos chinos en el mundo en recesión. El golpe más fuerte se registraría en el primer trimestre antes del inicio de un posible repunte en el período julio-septiembre. 

Pero como el resto del mundo ha entrado en recesión, China tendrá que reconsiderar para el futuro las fuentes posibles del dinamismo de su modelo de crecimiento económico. 

Y lo mismo vale para Estados Unidos, México y todos los países en el futuro. Si se quiere que los futuros habitantes de este planeta tengan un futuro mejor, sano y sostenible.

Abril 2020

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Javier Ortiz de Montellano

Articulista invitado