De las ilusas utopías a las distopías de la ciencia ficción... y de la realidad

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De las ilusas utopías a las distopías de la ciencia ficción... y de la realidad

Domingo, 26 Julio 2020 00:10 Escrito por 
De las ilusas utopías a las distopías de la ciencia ficción... y de la realidad De las ilusas utopías a las distopías de la ciencia ficción... y de la realidad

Hubo un tiempo en que un santo abogado, Tomás Moro, podía soñar con una Utopía (el título de su libro de 1516 se convirtió en sinónimo de un mundo perfecto). O un hereje condenado por la Santa Inquisición exponía en 1602 su comunista utopía política en la Ciudad del Sol. O el pragmático inglés Francis Bacon presentaba su utopía tecnológica en La Nueva Atlántida, de 1627.

Tras el desencanto de las utopías, la Humanidad empezó a imaginar las llamadas hoy Distopías, especie de utopías negativas, como se plasmaron el siglo pasado en tres destacadas novelas (nótese el giro de lo positivo de las utopías al negativo de las distopías): Nosotros, una novela distópica rusa escrita por Yevgueni Zamiatin en 1924 ambientada en una sociedad futura donde la vigilancia y represión por parte del Estado es total.

Emblemática del Estado Soviético que en busca de la utopía marxista cayó en la real distopía del socialismo real. No fue publicada en ruso hasta 1988, debido a obvios problemas de censura ya que denunciaba el germen de la evolución de la idealista utopía marxista al real totalitarismo estalinista que, por fortuna, desapareció al año siguiente, en 1989, aunque en su lugar empezó a ensayarse un neoliberalismo tan belicoso, manipulador y elitista como en los mejores o peores tiempos de la burocrática nomenklatura soviética que no hizo sino revivir el milenario despotismo ruso.

Un mundo feliz es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932. La novela es una distopía que anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia, manejo de las emociones por medio de drogas que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. Aunque parecía algo exagerada en cuanto a clasificaciones y jerarquías sociales y políticas antes del nazismo, después del Holocausto se la vio con nuevos ojos y el mismo Huxley en 1958 publicó Nueva Visita a Mundo Feliz, donde expone la sorpresa en el acierto de sus más pesimistas predicciones.

Leer "1984", la claustrofóbica fábula del totalitarismo de George Orwell, todavía produce impacto. En primer lugar, porque en parte reconocemos lo que describe en algunas sociedades de hoy. El doble pensamiento, mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo; La Policía del Pensamiento; el Ministerio del Amor, que se ocupa del dolor, la desesperación y aniquila a todo disidente; el Ministerio de la Paz que desata la guerra; las máquinas dedicadas a escribir novelas que producen pornografía con la que sobornar a las masas.

Leer a Orwell todavía ayuda a abrir los ojos a cómo funcionan los regímenes autoritarios. Para el caso mexicano el historiador (nótese el giro de novela a historia y prospectiva en vez de profecía utópica) Lorenzo Meyer en su libro de 2017 Distopía Mexicana, Perspectivas para una nueva transición, nos colocaba ante un espejo, incómodo para la mayoría, para advertirnos sobre el horror de seguir en el catastrófico camino económico y político que ha llevado de la utopía perseguida por la Revolución mexicana al heredado estado distópico actual.

Esperamos en el futuro la actualización también de su distópico libro Nuestra Tragedia Persistente, la democracia autoritaria en México, de 2013, incluyendo el posible desenlace después del azote del Coronavirus y lo que resulte de la ¿postneoliberalista? Cuarta Transformación frente a la pandemia y después de ésta, ya sea mayormente utopía o lamentable distopía.

Cabe señalar que después de 1984 y especialmente tras la caída de la Unión Soviética en 1989, la Humanidad ha seguido un curso mezcla del Mundo Feliz de Huxley, con sus distinciones de ¨clase biológica¨ desde el nacimiento, sus drogas y libertad sexual, etc, que se combina con el autoritarismo del Big Brother que se pretende ejercer manipulando los medios de difusión. El Gran Hermano, propulsado por la televisión que gobierna el nuevo ¨mundo feliz¨ entreteniéndonos, hasta degenerar en la estupidez del Reality Show del Big Brother, ha devenido en una omnipresente y constante diversión (en todos los sentidos) de los verdaderos urgentes asuntos que nos conciernen en nuestra sociedad global y, en especial, en la actualidad, del real peligro pandémico del Coronavirus y sus nefastas consecuencias en todos los órdenes de la vida.

Feliz o infeliz, el mundo ya no es igual.

Julio 2020

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Javier Ortiz de Montellano

Articulista invitado