El comercio de nuestra Toluca en la década 1930-1940

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El comercio de nuestra Toluca en la década 1930-1940

Domingo, 21 Marzo 2021 01:02 Escrito por 

Mercado Nuevo, que se llamó posteriormente 16 de septiembre; hoy en día luce resplandeciente nuestro emblemático y referente que nos ha dado identidad como Toluqueños y mexiquenses “El Cosmovitral”; cuya estructura de acero fue terminada en el año de 1909, siendo presidente municipal el licenciado Carlos A. Vélez; y cuyos acabados y detalles ornamentales, fueron realizados en el año de 1933 en la administración municipal de Manuel Sotelo, quien también mandó construir locales en su interior.

 

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Cabe mencionar, que aun cuando el mercado nuevo, estaba inconcluso, se ordeno que el tianguis que se ponía en torno al mercado y la plaza del tequesquite se realizara en las calles adyacentes a este mercado en construcción.

 

 

En las inmediaciones de este inmueble, se hacía el tianguis de los viernes, en donde predominaban los puestos que se instalaban por un día. Junto a esta estructura se encontraba hasta la Plazuela del Carmen (hoy Plaza España), donde hubo un pozo profundo que habría de resultar contaminado por el paso subterráneo inmediato del río Santa Bárbara, que conducía aguas pluviales y negras. Los comerciantes empleaban para ello un simple marco de madera central para formar un toldo de dos aguas, y, los manteados eran soportados por cuatro cables de retenida, pero cuando llovía, y al carecer de pendientes, los toldos se abolsaban con el agua que caía.  Enumeremos los inmuebles que dan hacia el poniente de la actual Plaza España la casa con el número 8 (hoy en día un conocido restaurante) de la familia Sánchez Cabrera, fachada de arcos de medio punto, la casa que se encontraba enseguida de una sola ventana y puerta de acceso, de la señora Inés Castellón, y la de la esquina de esta Plaza con General Prim propiedad de Federico Legorreta, la cual muestra varias puertas-cortina. El local de esta esquina corresponde a la pulquería El Infiernito. En la contraesquina se encontraba la casa de doña Juana Nava de Zenil. (en la foto se pueden apreciar estos inmuebles).

El interior del mercado 16 de septiembre, donde se hacia la venta de diversos artículos que constituían el mercadeo del diario se componía de tres pasillos longitudinales que corrían de poniente a oriente, dispuestos simétricamente, y completaban las circulaciones cuatro pasillos transversales que corrían de norte a sur; dos de estos en la cabecera del inmueble y dos intermedios que coincidían con las puertas laterales.  En el pasillo longitudinal norte estaban dispuestas las maiceras, carnicerías y expendios de vísceras; en el pasillo sur, las herbolarias o yerberas, que expendían plantas medicinales, huesos de pájaro y amuletos. Entre los locatarios de esta época en referencia estaban José María y Jesús Castañeda, carniceros; el señor Mora, hermano de Isaías, conocido comerciante que tenía una maicería; Faustino Domínguez y Adrián Maya, ambos huaracheros.

En relación con lo anterior poco antes de que hubiese sido terminado había viejos puestos de madera que correspondían, por ejemplo, a la Antigua Lucha, de María Tarango de García, casi en la entrada principal.

 

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A partir de 1933, ya concluido el mercado; en el pasillo central se dispusieron puestos de curiosidades mexicanas, entre los que sobresalía la canastería elaborada en Santa Ana Tlapaltitlán y en la cárcel de Toluca. En los pasillos transversales, algunas tiendas de abarrotes como la de Fernando López, quien tiempo después habría de ser destacado almacenista; la tienda La Sirena de Sabino García, la de doña Tirsa Vallejo, tía de Félix Vallejo. Quien con el tiempo se volvería líder estudiantil, líder nacional de maestros y senador de la republica por el Estado de México.

Terminado el mercado por el presidente municipal Manuel Sotelo, en este inmueble destacaban las águilas republicanas que adornaban los siete accesos, también eran notables las vidrieras perimetrales (hoy los famosos vitrales del conocido escultor, muralista y pintor Leopoldo Flores Valdés; precisamente nacido en esta década 1934, donde le llevó a Leopoldo un año en diseñarlo y al vitralista Bernabé Fernández, encargado de realizarlo durante tres años, donde se plasmaron los 48 vitrales con más de 500, 000 fragmentos e vidrio de 28 colores); donde se hicieron pinturas para anuncios de algunas casas comerciales, como las de don Ciro Estrada, Juan Beltrán, Los Baños Independencia, la tienda de don Agustín Gasca y su fábrica de conservas; chiles en escabeche, entre otras La Cigüeña.

Recorrer las calles aledañas a este mercado en el periodo que nos ocupa era descubrir gran variedad de comercios establecidos. En el número 2 de General Prim hoy Santos Degollado, propiedad de Federico Legorreta, se encontraban varias accesorias, la pulquería El Infiernito, de don Leonor Gutiérrez, fundada por el año de 1938, luego la carnicería de don Agustín Monterrubio, pelado a la “brush”, cuya esposa Juana Acosta era rica, bondadosa y corpulenta; seguía un local destinado a excusados públicos cuya tarifa era, especial 5 centavos y comunes 2 centavos, del mismo Federico; enseguida se encontraba la peluquería del señor Guadalupe Reynoso, luego la cantina denominada La Bombilla, que posteriormente se trasladó a la avenida Independencia, en este local funcionó por muchos años la pulquería El Tinacal, propiedad de sucesivos dueños, entre otros el radiotécnico Luis Becerril, quien posteriormente la traspasó; en el número 4 de esta calle se encontraba un expendio de cajas mortuorias atendido por Lucha Zúñiga, mamá de Jorge Zúñiga, institutense de la época; al cerrar este expendio, abrió su panadería el señor Albino Sánchez, que habría de cerrar para establecerse allí posteriormente una famosa cantina denominada La Playa, propiedad de Pedro Palma, y luego Martín Jiménez, el Pancha. En el número 6, aprovechando la casa habitación del señor Vicente Ruiz, propietario de varios turismos México-Toluca y tío político de don Rogelio Bringas, estableció su cantina La Gloria don Concho Rodríguez, traspasándola después a don Manuel Galindo, pintoresco veracruzano que abrió el muy conocido Salón Veracruz, establecimiento que tenía sus puertas abiertas día y noche,  al principio funcionó con billares, y en esta cantina se estrenó la primera sinfonola que trajo a Toluca don Macario Servín en 1938.

 

 

Continuando nuestro recorrido, en la planta baja del número 8, también casa-habitación que ocupó la familia del radiotécnico Luis Segura, estaba una tienda de nombre La Colmena y después El 8 de diciembre, aquella propiedad de Tomás Reynoso y hermanos, y esta última de la familia Caballero, enseguida se ubicaba la tienda El Vapor, que tenía categoría de almacén de abarrotes, fundada por don Javier Naveda, conocido comerciante, la cual traspasó al industrial don Maximiliano García, casado con María Tarango, padres de Enrique y Licha García de Ponce (gran amiga de mi madre del que suscribe); por cierto otro hermano de ellos de nombre llamado Rodolfo falleció muy joven.

Seguimos con  nuestro gran recorrido imaginándonos llegar a la casa marcada con el número 12, propiedad de don Antonio Aguilar quien se dedicaba a la manufactura de sombreros de palma (en la planta baja de esta casa vivió la familia García Tarango), contigua se encontraba la pulquería de Lolita Moran, la cual estaba constantemente adornada con papel de china, aserrín en el piso y había a la vista del público grandes tinas de pulque, además se exhibían figuras de cera que se daban a los niños que compraban pulque por encargo de sus padres. Más adelante en los bajos de la casa del profesor Josafat Pichardo, padre de Carmelita, conocida química institutense, se ubicaba la peluquería de la familia Sánchez atendida por la señora Guadalupe. Así llegamos al número 16, donde se encuentra la muy conocida botica El Carmen, propiedad del gran clínico don Darío López, muy querido en el rumbo y en toda la ciudad, quien habría de distinguirse en la medicina y en la política; seguía La Surtidora, maicera de gran actividad, al frente de la cual estaba don Justino Hernández y su guapa esposa y por cierto muy caritativa doña Elvira Cuadros, después dueños de la exhacienda La Magdalena y de varios camiones.

El primer tramo de las calles terminaba con una casa muy grande que tenía una serie de accesorias en las que se hallaban establecidos varios comercios en forma ininterrumpida: los billares San Luis, operados por don Pepe Contreras, seguía la fonda del simpático y dicharachero obrero Reyes Alemán, pero quien regenteaba el establecimiento era su esposa, una señora guapa, mamá del Ronco, apodado así por su afonía. Más adelante se encontraban varias pulquerías, entre ellas La Unión; La cantina Niño Perdido, de la familia González Iturbe integrada por la señora Iturbe viuda de González, Angelina, Hernando y otros hermanos; ahí vivía don Raúl Longares, quien después sería funcionario publico del gobierno en la Delegación de Cuautitlán Izcalli. Esta casa remataba en la esquina con Rayón, donde se encontraba La Linterna, también muy conocida, a cuyo frente estaba don Salvador Dávila.

Este crucero era muy concurrido pues había puestos de hojas y café, la frutería de León Infante e hijos, el estanquillo La Violeta, de Emilio Acosta, rico introductor de cacahuate y papá de Juanita y Abacuc. En una de las esquinas se construyo en 1933 un local en el que se establecería una carnicería llamada La Especial, propiedad de Ofelio Gutiérrez. En tiempo de todos los santos, y de muertos, en esta famosa esquina se vendía la caña de Castilla. También era lugar de pleitos callejeros e invariablemente había un gendarme de punto con su imprescindible linterna de petróleo.

En Rayón en el tramo comprendido entre las calles de General Prim y Arteaga, hoy Lerdo, se encontraba la pulquería El Arlequín de Oro, propiedad de Elías Gutiérrez Lozano, pero a nombre de Pepe Gutiérrez Ramírez; el encargado era el muy conocido Leonor Gutiérrez, padre de Valentín y Pepe, quien era profesor de educación física. Enseguida estaba la tienda de Marciano Torres, que atendía invariablemente junto con su esposa; antes ellos habían tenido un puesto en el interior del mercado. Sobre esta misma calle, hacia esquina con Arteaga se encontraba la casa de Roberto Aguilar, que tenía establecida un molino de nixtamal; familia que estaba emparentada con Agustín Gasca, con el doctor Rodolfo Salgado y con el compositor Jorge del Moral, muy conocidos en aquella época en Toluca.

 

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En gran parte de esta manzana se asentaba la plaza del carbón, adonde se habían arrimado los vendedores de cal y de tequesquite desplazados de la plazuela del tequesquite, que se localizaba en lo que fue el jardín Morelos, hoy el flamante Teatro Morelos.

El segundo establecimiento estaba en los bajos de una casa bien construida para la época, propiedad de don Cipriano Gracia, de quien se comentaba había muerto envenenado.

Adelante y hacia el poniente, precisamente en el numero 11 de Arteaga, había un establecimiento de varias puertas y con mucha clientela, era la tienda de don Maximiliano Caballero, padre del muy estimado y distinguido abogado Alejandro Caballero Carrillo. Don Maximiliano formo parte del grupo de comerciantes guanajuatenses que antes de llegar a Toluca, hicieron escala en El Oro, aprovechando su auge minero. Ahí, en 1923, estableció un negocio llamado La Noche Buena, dedicado al ramo de abarrotes y semillas de todas clases; asimismo, auxiliado por tres empleados, tenía un depósito de la Cervecería Moctezuma y de Cementos Tolteca.

En relación con lo anterior, seguía la casa con el número 9, una tienda de abarrotes de don Joaquín Fernández, respetable y pulcro comerciante, padre de Joaquín, gerente de CIMMSA, y de Bernardo, quien trabajo muchos años con don Ignacio Longares en su fábrica de jabón, completaban la familia las señoritas Fernández, quienes pusieron una tienda de estambres de lana en avenida Independencia.

Caminando siempre al Poniente, se encontraba enseguida una hojalatería donde se manufacturaban botes con refuerzos de fleje de acero de distintos tipos y usos, regaderas, yardas (tramos de tubos), para chimenea, jeringas para regar macetas, etc. Este negocio estaba ubicado en donde hoy en día se localiza el pasaje Curi, construido por el año de 1954.

Continuando con nuestro recorrido sobre esta calle de nuestra Toluca, encontramos precisamente en el mismo predio de los Baños Independencia, que se anunciaban como los mejores de la ciudad (habiendo solamente cuatro establecimientos de este giro), la tienda cuyos dueños sucesivos fueron Benjamín Beltrán, hermano de don Juan, y luego Ricardo Macedo. En este lugar, en 1933, se hallaba una casa de madera, de las muy pocas que de este material existían en Toluca.

Llegamos a la esquina con avenida Juárez, aquí en los bajos de la casa de los sucesores de don José Julio Barbabosa, Juárez número 2, estuvo una muy bien montada tienda de abarrotes al semi mayoreo llamada La Sevillana; primero fue de don Apolinar Rivera, luego sucursal del prominente Ciro Estrada a nombre de Guadalupe Montero, activa mujer, y mas tarde de don Nacho Miranda, de donde surgió su respetable capital. El señor Ignacio Miranda, procedente del Estado de Guerrero, su tierra natal, llegó ya casado con la hermana de don J. Concepción Salgado (Don Chon), creciendo ya aquí en Toluca sus hijos de nombre Tete y Javier; también apoyados en su comercio por su incansable y atractiva hermana Felicidad Miranda, que había de casarse después con el recién llegado español Pancho Villa.

¡¡Continuará………!!

En relación con lo anterior descrito, sobre al mercado viejo hoy emblemático inmueble que nos ha dado identidad a nivel mundial; comentare una poesía dentro del marco del Segundo Festival Internacional de Poesía “José María Heredia” 2018; efectuado en este referente recinto; 156 voces poéticas en la Capital con valor “Poetas en el Cosmovitral”; y realizado por nuestro H.  Ayuntamiento de Toluca 2016-2018.

El Rumbo de los Días

No soy yo de los que deciden

el rumbo de los días,

Los dejo pasar, confió

que serán siempre favorables.

No me asusto ni hay asombro

cuando me equivoco.

A veces, pocas veces,

intento obligar las cosas

y lenta, suavemente,

con terquedad tranquila,

voy poniendo cada piedra en su sitio.

Soy definitivamente, una mezcla

de inseguridad e inalterable rumbo.

Nadie sospecha al pavor que antecede

mi primera palabra.

Engaña el gesto seguro del discurso.

Temo a la noche, al olvido, a la traición.

Provoco la infelicidad, es mi costumbre,

pero busco, por encima de todo,

el amor de los otros.

Waldo Leyva…(Villa Clara, Cuba 1943), uno de los poetas más brillantes e incluyentes de la generación de artistas cubanos, cuya biografía y obra han transcurrido de manera casi paralela a la historia del país caribeño.


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Gerardo R. Ozuna

Toluca: Rescatando identidad