¡Aprieta el corazón!
DigitalMex - Periodismo Confiable
Publicado en Opinión

¡Aprieta el corazón!

Lunes, 23 Febrero 2026 00:00 Escrito por 
Sin Riesgos Sin Riesgos Hugo Antonio Espinosa

¿De qué se muere la gente en México? Según datos del INEGI, en 2023 murieron casi 800,000 personas. El 89.5 % fue por enfermedades y el 10.5 % por accidentes, homicidios y suicidios. Las cinco principales causas de muerte ese año fueron: enfermedades del corazón (189,289 decesos); diabetes mellitus (110,174 decesos); tumores malignos (91,682 decesos); enfermedades del hígado (40,109 decesos); y accidentes (39,553 decesos).

Si se consideran sólo las dos principales causas de muerte hace dos años, son casi 300,000 personas fallecidas por causas cardiovasculares y metabólicas, la mayoría asociadas a la obesidad y corresponden al 37.4 % del total. En promedio, cuatro de cada diez personas fallecen a consecuencia de una mala alimentación y hábitos sedentarios de vida.

La Facultad de Medicina de la UNAM, en otro estudio del mismo año, indica que las tres principales causas de morbilidad en adultos de entre 45 y 64 años, indistintamente de su género, son: infecciones respiratorias agudas, infecciones intestinales e infecciones de vías urinarias. La principal diferencia entre morbilidad y mortalidad es la frecuencia de enfermedades y la frecuencia de defunciones, respectivamente.

En tal contexto, se puede resumir que las personas que más se enferman y las que más mueren en México tienen, o tuvieron, en su historia clínica la amenaza latente de una crisis respiratoria y/o cardiovascular, la cual casi siempre ocurre lejos de un hospital y sin la oportuna y eficaz atención de una persona entrenada y con conocimientos para brindarle ayuda cuando más se necesita.

Los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia son muy prolongados en México; la llegada de una ambulancia a una escena de emergencia puede tardar más de 20 minutos o nunca llegar. El paro cardiaco súbito es una de las principales causas de muerte en el mundo. Una de las razones por las cuales la esperanza de vida de quienes sufren este tipo de incidentes es reducida se debe a que son muy pocas las personas que poseen conocimientos y destrezas mínimas para ayudar adecuadamente a quienes experimentan súbitamente una situación crítica de salud o un accidente.

En una escena de emergencia, un ciudadano común, sin conocimientos específicos en primeros auxilios, se encuentra desprovisto de herramientas y habilidades para brindar una respuesta regulada o ceñida a protocolos exigidos profesionalmente. En contraste, la mayoría de los accidentes cerebrovasculares o paradas cardiacas ocurren en presencia de familiares y amigos que no saben qué hacer para ayudar adecuadamente a quien la padece.

En tal contexto, proporcionar el Soporte Vital Básico (BLS, por sus siglas en inglés) es necesario, y saber qué hacer durante los primeros minutos después de un incidente como los mencionados es fundamental, ya que, tras un infarto o parada cardiaca, las neuronas comienzan a morir a partir de cinco minutos cuando estas carecen de oxígeno. Por lo tanto, inmediatamente después del colapso todavía hay oxígeno tanto a nivel sanguíneo como pulmonar; en consecuencia, proporcionar Reanimación Cardiopulmonar (RCP) podría salvarle la vida y evitar secuelas definitivas.

Contrario a lo que podría pensarse, una RCP proporcionada por personas no especializadas es muy poco probable que cause daño al paciente, mientras que su ejecución inmediata aumenta considerablemente su posibilidad de supervivencia. En razón de lo anterior, desde hace dos décadas existen propuestas encaminadas a implementar la enseñanza obligatoria de Soporte Vital Básico (BLS) en las escuelas secundaria y preparatoria, en un segmento poblacional de jóvenes entre 12 y 18 años, lo cual sería una forma eficaz de interiorizar estos conocimientos de manera temprana; con ello, proporcionar primeros auxilios dejaría de ser un acto heroico y se convertiría en una convicción ciudadana, basada en el conocimiento y la práctica fomentada desde las aulas escolares.

Esta columna hace votos para que se formalicen estos esfuerzos en México y se haga más asequible y cotidiano el entrenamiento en RCP desde la infancia, fomentando la cultura de la autoprotección y la ayuda solidaria a nuestros semejantes que han tenido un accidente o están enfermos. Esto es protección civil. ¡Que su semana sea de éxito!

Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, Académico y Asesor en Gestión de Riesgos de Desastre
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Visto 109 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Hugo Antonio Espinosa

Sin riesgos