Que no nos gobierne el miedo tras la caída de “El Mencho”
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Que no nos gobierne el miedo tras la caída de “El Mencho”

Lunes, 23 Febrero 2026 00:05 Escrito por 
Sin titubeos Sin titubeos Diana Mancilla Álvarez

Diversos municipios de Jalisco fueron situados: Guadalajara, Zapopan, Puerto Vallarta. La quema de tiendas Oxxo, sucursales del Banco del Bienestar y vehículos particulares fue la reacción inmediata por parte del grupo criminal. Tráileres incendiados bloquearon carreteras, ya no sólo en esa entidad, sino que se extendió a varios estados del país. Vuelos fueron cancelados; corridas de autobuses, suspendidas. Ciudades enteras paralizadas por el miedo.

La psicosis colectiva surgió tras la respuesta inmediata al abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, el hombre que durante años fue considerado el criminal más poderoso del país y que extendió su red a varios continentes.

El crimen organizado mostró su poderío. Mostró su capacidad de fuego, de desestabilización y buscó “castigar” al Estado. No fue sólo un tema de vandalismo, sino una forma de provocar terror. Quemar las tiendas de conveniencia y bancos públicos fue atacar lo cotidiano, lo cercano, lo que la gente usa todos los días. La intención fue clara: sembrar la percepción de que nadie está a salvo y que el Estado pierde el control cuando toca a los líderes criminales.

Sin embargo, este golpe es el más contundente contra el narcotráfico desde la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán, aquel 22 de febrero de 2014. Doce años después, el Estado mexicano vuelve a asestar un impacto directo a una de las organizaciones más violentas y expansivas del país. Golpeó la cabeza de una de las estructuras que no sólo operan en el trasiego de drogas, sino también en redes financieras, logísticas y armadas con alcance internacional.

Pero, además, el operativo envía una señal política interna. La desarticulación del CJNG debía darse en la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum para reforzar el mensaje de que la estrategia de seguridad no sería de continuidad pasiva, sino de resultados visibles. En ese sentido, resalta el nombre de Omar García Harfuch, hoy convertido en el hombre de confianza de la presidenta y en el brazo ejecutor del sistema de seguridad federal.

Hay que recordar que García Harfuch fue víctima de un atentado directo atribuido al Cártel Jalisco Nueva Generación el 26 de junio de 2020, en Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México. Aquel intento de asesinato, ordenado por la misma organización que encabezaba “El Mencho”, marcó parte de esta historia. Con la captura y posterior muerte del líder criminal, García Harfuch queda como el funcionario que sobrevivió al ataque y que se convierte en pieza clave del operativo que acabó con su agresor.

Pero no se debe cantar victoria. La reacción violenta muestra que las estructuras criminales siguen ahí y que la capacidad de movilización permanece. Alguien tomará el mando o surgirán células con líderes locales. Es aquí donde gobiernos estatales y municipales deben hacer lo que les corresponde: contener, investigar, procesar y, sobre todo, recuperar la normalidad con rapidez. No se puede permitir el caos. Si el crimen quiere generar la idea de que puede paralizar ciudades enteras, debe haber respuesta y presencia, coordinación y comunicación clara.

Lo que comenzó este domingo pretendía exactamente lo que ya ocurre: provocar miedo, terror. La prioridad no es sólo detener a las cabezas, sino impedir que su caída se traduzca en mayor violencia o en una guerra interna por el control. El gobierno federal dio un golpe histórico; ahora es evitar que gobierne el pánico.

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