“Mataviejitas”, entre judas y reporteros

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“Mataviejitas”, entre judas y reporteros

Miércoles, 24 Enero 2024 00:16 Escrito por 
Raúl Mandujano Serrano Raúl Mandujano Serrano Desde el Sótano

La historia de la justicia mexicana es tan pobre, como pobres son las consignaciones del Ministerio Público en la mayoría de los casos mediáticos, en los que construye pruebas para “resolver” incidentes que perturban a la sociedad… pero no hace justicia´. Platón decía: “La peor forma de injusticia es la justicia simulada”.

Mire –dice el periodista mientras sorbe de su café americano sin azúcar-, Juana Barraza Samperio reveló durante una entrevista intitulada “Cartas para la libertad” –que transmitió el Canal 14-, que es inocente. Y no, no es que el escribano Desde el Sótano, crea la versión de “Juana”, pero “La Mataviejitas” tiene puntos a favor. Recluida desde hace 18 años en Santa Martha Acatitla, y sentenciada a 759 años de prisión (que no cumplirá), hoy, con 66 de edad dice estar harta. “Soy luchadora, no soy asesina. Yo no maté a nadie”.

Quizá la Procuraduría sentía demasiada presión por los medios de nota roja que ganaban clientela publicando “cabezas amarillistas” como: “¡Terror para ancianas!” “¡Merodea a viejitas un asesino serial!”. Desde “el bunker” (así le apodan a las instalaciones de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, antes Procuraduría de Justicia del Distrito Federal), surgió el apodo de “La Mataviejitas”, para hacer más "atractiva e impactante la nota” y suponían en sus redacciones que se trataba de una mujer vestida de enfermera que seleccionaba a sus víctimas ofreciéndoles servicios médicos y una vez dentro del hogar, las mataba y robaba. Sin duda los de Nota Roja eran unos ingeniosos desvergonzados. Sólo basta con echarle “un ojito” a ediciones como "Alarma”, “Alerta”, “Ovaciones” o “La Prensa”, hasta aquellas segundas ediciones de periódicos que ‘bañaban con sangre’ sus contenidos despreciables.

Precisamente tantas y diarias publicaciones llevaron a los “sabuesos judiciales” (los policías que no sabían investigar) a intentar “callar” a los medios presentando en una pomposa conferencia de prensa en abril de 2004, a Araceli Vázquez, como la presunta responsable de las muertes. El descaro fue tanto que hasta una peluca y bata blanca le pusieron, porque "quesque así operaba’". Araceli está recluida también en Santa Martha Acatitla, aunque no por homicidio, sino por robo. Ella confesó atracar a las personas de la tercera edad “porque era fácil”. Pero a ninguna asesinó y los crímenes continuaban, al igual que los encabezados.

 

La Dama del Silencio

En 2006, en otra ostentosa conferencia, en la que hasta un busto con rostro mostraron y que se hizo dizque por retratos hablados (de risa eran los casos armados por agentes de botas norteñas, hebillas de plata, panzones con camisas a cuadros presumiendo pecho con una enorme cadena de oro). Pero así fue expuesta a los medios Juana Barraza. Igualita a su efigie, y una fotografía ampliada donde aparecía con su uniforme de luchadora, apodada ‘La Dama del Silencio”. Huellas, retratos, testigos, eran las pruebas en su contra.

Hoy, los reporteros de la ‘vieja guardia’, los que inventaban casos y encumbraban a “los judas”, poco a poco se han ido extinguiendo. Al igual que esos agentes con quienes tenían ‘arreglos’ para publicar esos “amarillistas casos”. Tal vez por eso Juana siente que es el momento de su verdad. La entrevistadora le comenta: ‘Los agentes que la agarraron dicen que iba vestida de enfermera’ “¡Que me lo demuestren!”. “¡La culpa la tienen los medios de comunicación, porque fueron ellos los que me pusieron el apodo!”.

Quizá no tendrá un nuevo juicio y morirá en su celda. La cosa es caso juzgado. Pero “la Dama del Silencio”, en el ocaso de su vida, quiere ‘lavar sus culpas’ por el alma de 17 ancianas que fueron asesinadas… Tal vez por ella. Mi X @raulmandujano


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Raúl Mandujano Serrano

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