La mujer y sus paradigmas
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Publicado en Opinión

La mujer y sus paradigmas

Lunes, 19 Enero 2026 00:00 Escrito por 
Con Singular Alegría Con Singular Alegría Gilda Montaño

Cuando se hace análisis de género, existen dos paradigmas dentro de cualquier organización: el de la teoría clásica y el de la teoría científica. Entonces, hay que buscar, desde la estructura de género, cuál es el ideal de paradigma dentro de estos dos. Esto desde el punto de vista de género. No se puede estar pensando sólo en hombres, ¿por qué no toman el punto de vista de género?

En el ámbito laboral se acepta a un trabajador —hombre o mujer— con las características suficientes para poder desarrollar el trabajo que está establecido. El problema es que se hace a un lado a la trabajadora porque se presume —paradigma— que es diferente en sus condiciones sociales, políticas, educativas y culturales al hombre. Porque el rol que se ha dado para las mujeres es el de ser amas de casa y criadoras de sus hijos.

Por eso no hay lugar dentro de los paradigmas de la administración. La organización es una modalidad de la administración para la mujer. En el paradigma de la administración se puede incorporar la diferencia de género en la administración general.

En síntesis, detrás de un modelo ideal de paradigmas no debería estar un hombre, sino un ser humano impersonal, entregado a la empresa y desligado de la familia: éste debe ser el máximo exponente de la organización.

¿Por qué no volteamos el sartén y pensamos que todos los programas establecidos para la mujer desde el gobierno y las organizaciones no gubernamentales deben ser entendidos desde la perspectiva de género? Pensar: ¿qué les podemos nosotros dar a ellas? ¿Qué es lo que necesitan de nosotros y no nosotros de ellas?

Esto viene arrastrándose hace años, de culturas orientales y occidentales, y en este momento está inserto dentro del marco de la globalización. Es increíble que en este momento de vida, en pleno siglo XXI, algunas mujeres en Afganistán estén siendo matadas por no reunir los paradigmas establecidos alrededor de los hombres talibanes, que expresan su furia por querer quedar bien con un Dios que creen tener y conocer.

Para muchas culturas, la mujer está en su casa y es la variable únicamente de reproducción social. El hombre es la variable de la organización económica, de la producción.

La mujer es distinta en las culturas. En los judíos es más la base de la idealidad. Así, las mujeres determinan la pertenencia al clan. Eso es un producto ideológico de su tiempo: el patriarcado.

La ideología, es decir: esto es científico y lo tomo en cuenta. Pero también podemos decir: esto no es cierto. Proponer y tratar de entender que una nueva verdad que es conocida durante siglos y no mencionada es que estas mujeres no están capacitadas: la ausencia del no saber es un producto social. Tampoco están educadas sino sólo para hacer su rol de reproductoras sociales. Y esto obedece a principios distintos, a distintos productos de culturas locales.

Hay cuestiones que no sirven para lo inmediato. Pero conocerlas sirve para tratar de entender el lugar en donde estamos parados y con qué técnica lo estamos haciendo. La idea es que, como cualquier instrumento del conocimiento, pueda tener un espacio en nuestras vidas y aprendamos a usarlas.

Me ubico detrás de un escritorio y me pregunto cómo me siento con relación a ser parte de la burocracia de este México de hoy. De este Estado. Del colegio al que pertenezco como investigadora. Y trato de entender cómo esta parte —crema y nata— de la burocracia puede servir —dentro de la teoría general de sistemas y la teoría de la administración pública— a la gente. ¿Cuál es la finalidad de estar con estas mujeres que reclaman a diario un pedazo de tierra, educación, cultura, bienestar, salud, trabajo y dignidad? ¿Les estoy sirviendo a ellas o ellas me están sirviendo para hacer un trabajo, una línea de investigación, qué?

Esa es la utilidad que le sirve a una organización. Si yo sé que le puede servir más mi trabajo a las mujeres y a la organización que represento y en la que trabajo, mi meta está cumplida. Es cuestión superada analizar si las uso, si este trabajo me dota de poder o no, pero para servirlas. ¿O es simbólico todo?

Pero si yo puedo resolver los problemas por la organización a la que pertenezco y usar el poder que tengo para hacer algo por ellas, la organización sirve y yo también. Así pues, el trabajo valió la pena.

Hubo y existen en este Estado mujeres de excepción. Hoy, en el municipio de Toluca, celebran a Yolanda Sentíes Echeverría, mujer extraordinaria. Plena, amable, casi perfecta: educada, bonita, inteligente y buena. Y Roberto Moreno, con esa inteligencia que a veces lo sobrepasa (y que a mí me gustaría que fuera nuestro próximo gobernador), la va a festejar. No importa si es de un partido distinto. Es una mujer verdadera, llena de brillo por donde quiera que la quieran ver. A sus años, es bien respetada y querida por todos. Yo la quiero mucho y la conozco hace años. Es a la única persona a la que yo, la norteña que tiene todo el descaro de hablarle de tú a todo el mundo, le hablo de “usted”.

La conocí hace casi 45 años. Era la presidenta de la ANFER, en el CEN del PRI. Entonces me acababa de hacer del CREA, la titular del programa de la mujer joven de este país, y de no ser por el apoyo constante y sonante que tuve de Yolanda Sentíes, nunca hubiera podido manejar éste.

Me la volví a encontrar en Toluca ya hace 36 años y siempre ha sido una mujer tersa, educada, amable y que guio a muchas, muchísimas mujeres que vinieron detrás de ella. De sus antepasadas honra a Remedios Albertina Ezeta.

Fue hace 50 años la primera presidenta municipal de Toluca. Y muy joven caminó todas las calles y oyó a sus habitantes. Nunca se sintió protegida (que debió de haber estado) de su padre, que era el regente de la ahora Ciudad de México.

Ahora se dedica a hacer sus columnas para El Sol de Toluca y Radio Miled, y también hace libros históricos de mujeres como Leona Vicario, con su imaginación y su talento.

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Gilda Montaño

Con singular alegría