Cuando la Desigualdad Marca Destinos
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Cuando la Desigualdad Marca Destinos

Martes, 24 Febrero 2026 00:10 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

En Aguililla, Michoacán, un niño cortaba aguacates bajo el sol. Tenía las manos pequeñas, la escuela a medias y la urgencia de ayudar en casa. Detrás de él, una madre hacía rendir la comida, administraba silencios y sostenía la esperanza con lo poco que había. Esa historia no comenzó con balas. Comenzó con carencias.

Nemesio Oseguera Cervantes nació en 1966 en una familia campesina. Como muchos en la región, trabajó desde niño en el campo y más tarde migró a Estados Unidos buscando una oportunidad distinta. Su nombre, que hoy aparece ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación, antes fue simplemente el de un hijo en un hogar rural donde la pobreza marcaba el ritmo de la vida.

Del nombre de su madre casi no hay registros públicos; sin embargo, su figura importa, y mucho: representa a tantas mujeres de nuestro México que crían en medio de la carencia y después los entornos determinan el rumbo de una vida.

Rosalinda González Valencia, originaria también de Aguililla, proviene de una familia vinculada al grupo conocido como Los Cuinis. Su matrimonio en 1996 con Oseguera Cervantes la colocó en el centro de una estructura que, con los años, se convertiría en una de las organizaciones criminales más poderosas del país.

Apodada “La Jefa”, no fue un personaje secundario. Autoridades mexicanas la señalaron por su participación en la operación financiera del grupo y enfrentó procesos judiciales por delitos relacionados con lavado de dinero. Su historia recuerda que el poder dentro del crimen organizado no distingue género y que la responsabilidad tampoco.

La herencia de un apellido puede convertirse en destino cuando el entorno lo determina.

Rubén Oseguera González, conocido como “El Menchito”, fue identificado como pieza clave dentro del CJNG y sentenciado en Estados Unidos a cadena perpetua.

Jessica Johanna Oseguera González fue detenida en 2020 en Estados Unidos por su participación en negocios vinculados a la organización y posteriormente sentenciada por operaciones financieras relacionadas.

De Laisha Michelle Oseguera González existe menor información pública, pero su nombre también ha aparecido en reportes como parte del núcleo familiar.

Esta no es una narrativa para justificar ni romantizar. Es una reflexión sobre cómo la desigualdad, la ausencia del Estado y las decisiones personales pueden entrelazarse hasta construir estructuras de violencia que terminan afectando generaciones enteras.

En México, el poder criminal no nace de la nada. Se gesta en territorios donde la pobreza reduce horizontes y donde las oportunidades formales no alcanzan. Pero también se consolida a partir de decisiones conscientes que generan daño profundo.

Y cuando la historia estalla, muchas veces son mujeres —madres, esposas, hijas— quienes enfrentan no solo las consecuencias legales, sino el peso social y simbólico de un apellido convertido en estigma.

Hablar de ellas no es absolver. Es entender que detrás de cada estructura de poder hay historias humanas complejas, atravesadas por desigualdad, elección y responsabilidad.

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Lupita Escobar

Voz de mujer