Entre el odio y los "Héroes" de papel digital
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Entre el odio y los "Héroes" de papel digital

Viernes, 27 Marzo 2026 00:15 Escrito por 
Ana Liza en línea Ana Liza en línea Mariel Álvarez Sánchez

La tragedia de Tangancícuaro, Michoacán, donde un adolescente de apenas 15 años arrebató la vida a dos maestras, no es un hecho aislado ni un arrebato de locura espontánea. Es el síntoma de una metástasis social que crece en los rincones más oscuros de internet y que hoy tiene un nombre propio en las comunidades de odio: la radicalización digital. Este joven no actuó solo; lo hizo impulsado por una "audiencia" invisible que valida la violencia y glorifica el resentimiento.

El caso guarda un paralelismo aterrador con el de "Ashton", aquel personaje que alcanzó una fama macabra en grupos como la Secta Holk y otras legiones similares tras el asesinato de un universitario y el intento de asesinato de su novia, pero quien, afortunadamente, pudo escapar. Ashton no solo era un agresor; era un "referente". En estas comunidades, la jerarquía no se gana con méritos, sino con la magnitud del daño provocado. Para estos jóvenes, el mundo real es un escenario y el crimen es el contenido que les otorga la "notoriedad" que no encuentran en sus hogares o escuelas.

El Culto a la Misoginia y el Fenómeno Incel

Lo que une al adolescente de Michoacán con figuras como Ashton es un hilo conductor ponzoñoso: el odio sistemático hacia las mujeres. No es coincidencia que las víctimas en Michoacán fueran docentes, figuras de autoridad femenina. Estos agresores se nutren de la retórica incel (célibes involuntarios), donde se pregona que el hombre es una víctima del "sistema feminista" y que la única respuesta válida es la "venganza social".

En estos grupos de Facebook, Discord y Telegram, se comparten "manifiestos" y se rinde culto a perpetradores de matanzas escolares. Para ellos, matar no es un fin, es un rito de iniciación. La tragedia en Michoacán es la ejecución de un guion que ya ha sido ensayado miles de veces en hilos de comentarios y chats cerrados.

La Familia: El Aislamiento bajo el mismo Techo

Aquí surge la pregunta más dolorosa y lo que se supone que sí se puede controlar. ¿Dónde estaba la familia? En el caso del joven de 15 años, como en muchos otros, el agresor vivía bajo el mismo techo que sus padres, comía en la misma mesa y dormía en su propia cama. Sin embargo, su verdadera vida transcurría en una pantalla.

Existe un aislamiento digital que es más peligroso que el físico. Un adolescente puede ser "el hijo ejemplar" ante los ojos de sus padres, mientras en su teléfono es un soldado de una "secta" que le pide sangre para subir de rango. La falta de supervisión digital no es un descuido tecnológico; es una grieta por la que se cuelan ideologías extremistas que deforman la percepción de la realidad.

Padres, ¿de dónde sacó un adolescente de 15 años una R15? No era un arma pequeña ni fácil de ocultar. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de la familia en estos casos donde un par de mujeres jóvenes pierden la vida en trágicas circunstancias? Y pudieron haber sido muchas más.

Ahora se forman grupos y movimientos exigiendo que se le juzgue como adulto, porque de lo contrario estos dos aberrantes asesinatos serán pagados con apenas tres años de reclusión.

La verdad es que estas peticiones no tienen futuro. En México no existe un antecedente sobre que esta petición, que no es nueva, lo haya logrado. Constitucionalmente es imposible que un adolescente sea juzgado como un adulto, sin importar la gravedad del crimen (incluyendo los casos de homicidio múltiple o con tintes de odio como los que hemos analizado).

Esto se debe a que México cuenta con un sistema de justicia especializado y garantista para menores, basado en el Artículo 18 de la Constitución y la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes.

El sistema mexicano se basa en el principio de interés superior de la niñez y la reivindicación. La ley asume que un menor de edad no tiene la madurez cognitiva completa para comprender las consecuencias de sus actos de la misma forma que un adulto, y que su personalidad aún es "moldeable" para la reinserción.

¿Se acuerdan del caso de El Ponchis?

El caso más famoso que puso a prueba este sistema fue el de Edgar Jiménez Lugo, mejor conocido como "El Ponchis", un niño sicario detenido a los 14 años en 2010. A pesar de haber confesado crímenes atroces, muchos homicidios bajo tortura, violaciones y más, solo pudo ser sentenciado a 3 años de prisión (la pena máxima entonces para su edad). Al cumplir su condena, salió libre y fue enviado a Estados Unidos. Este caso generó una enorme indignación social, pero reafirmó que la ley mexicana no hace excepciones.

Responsabilidad Digital: ¿Hasta cuándo, Meta?

Es imperativo cuestionar el papel de las plataformas. A pesar de las denuncias, grupos como la Secta Holk o la Legión Holk mutan, cambian de nombre y siguen operando. Los algoritmos detectan palabras prohibidas, pero los usuarios usan códigos, memes y lenguajes cifrados que las redes sociales parecen ignorar por conveniencia o incapacidad.

Como sociedad, no podemos seguir tratando estos casos como "tragedias fortuitas". Debemos aprender a leer las señales: el cambio en el lenguaje, el aislamiento excesivo, el desprecio por la figura femenina y la obsesión por foros de odio.

Meta pierde juicio por ser declarada culpable de volver adictos

Tan culpables son las redes sociales que, en un fallo histórico que marca un antes y un después para la industria tecnológica, diversos estados y organismos reguladores (liderados por una coalición en Estados Unidos) sentenciaron a Meta al pago de multas multimillonarias tras demostrarse que la compañía diseñó sus algoritmos de Instagram y Facebook con el objetivo deliberado de fomentar la adicción en niños y adolescentes.

La denuncia sostuvo que la empresa de Mark Zuckerberg implementó funciones psicológicamente manipuladoras, como el "scroll" infinito y las notificaciones persistentes, ignorando reportes internos que ya advertían sobre el impacto negativo en la salud mental de los menores, incluyendo trastornos de ansiedad, depresión y problemas de imagen corporal.

Hoy, Michoacán llora a dos maestras; ayer fue un universitario en manos de un "famoso" radical, y me vienen a la cabeza muchas otras muertes macabras y dramáticas efectuadas por personas de mente débil y manipulable que, tal vez, no tienen con quién hablar. Si no intervenimos en la formación digital de las nuevas generaciones, seguiremos viendo cómo el algoritmo fabrica asesinos mientras nosotros, desde el sofá, nos preguntamos qué salió mal.

El reto es muy difícil; se antoja imposible. Incluso, el diputado del PRI Mariano Camacho San Martín ya lo propuso ante el pleno legislativo: prohibir el uso de redes sociales a los niños menores de 13 años y, a los de 13 a 18, permitírselas de manera muy vigilada. ¿Pero quién vigilará que los vigilantes los vigilen? Los adolescentes no quieren hablar con sus padres y los padres prefieren darle la vuelta al asunto.

Hasta otro Ana Liza en línea, los escucho en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
 
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