La justicia en el día a día
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Publicado en Opinión

La justicia en el día a día

Viernes, 17 Abril 2026 00:05 Escrito por 
Justicia que transforma Justicia que transforma Jesús Ángel Cadena Alcalá

Seguramente, mientras lees esto, tienes las manos cansadas o la mente ya puesta en lo que falta para cerrar el día. O quizá robaste cinco minutos de tu mañana, con un café en la mano o apoyado en la pared junto a tus compañeros. Si alguien se acercara justo ahora y te preguntara: “¿Qué tiene que ver una jueza, un juez, una magistrada o magistrado con tu vida hoy?”, lo más probable es que respondas: “Nada, yo solo salí a trabajar”.

Y es ahí donde quiero detenerme. Porque esa respuesta, aunque honesta, es el síntoma de una distancia que se dejó crecer por demasiado tiempo. Hoy no vengo a recitarte leyes con números romanos ni a hablarte desde un pedestal de madera tallada. Hoy vengo a contarte por qué el Derecho es la herramienta más poderosa que llevas en la mochila, aunque nadie te lo haya dicho antes.

A menudo nos retratan a la justicia como una mujer con los ojos vendados y una balanza en la mano. Se ve imponente, pero se siente lejana, casi como un adorno olvidado en un pasillo de oficina. La justicia debería ser otra cosa: debería ser la certeza firme de que, si haces las cosas bien, las cosas buenas te van a encontrar.

El Derecho no es más que un pacto puesto por escrito para que nadie se olvide de lo que prometió. Es lo que evita que el que tiene más dinero o más fuerza te pase por encima. Por ejemplo: cuando alquilas un cuarto y esperas que no te saquen a medianoche sin razón o cuando dejas a tu hijo en la escuela y confías en que estará seguro.

En todos esos momentos, hay una “red invisible” que te sostiene sin que te des cuenta. Esa red es el Derecho. El trabajo de la magistratura no es inventar esa red, sino remendarla con urgencia cada vez que alguien intenta romperla.

¿Por qué escuchar hablar a los abogados es tan difícil?

A veces, las personas juzgadoras y los abogados parecemos hablar en clave, usando palabras como “jurisprudencia”, “litis” o “procedibilidad”. No lo justifico, pero muchas veces la profesión nos envuelve en una burbuja donde olvidamos que la ley que no se entiende no se puede defender.

Si tú no entiendes tus derechos, es como si no los tuvieras. Es como tener una caja de herramientas cerrada con candado y que nadie te dé la llave. Por eso, la justicia tiene que ser clara. Si un papel legal no se puede leer con la misma facilidad con la que lees una noticia o una receta, entonces es necesario modificarlo para que lo sea.

Mucha gente piensa que “ir a juicio” es algo que solo les pasa a los personajes de las series de televisión. Pero el Derecho se encuentra mucho más cerca, justo en las cosas más pequeñas. Vive en el respeto al vecino.

Imagina que en la unidad habitacional todos hacen lo que quieren. Uno pone la música a todo volumen a las tres de la mañana, otra tapa la entrada de tu casa con su coche y otro más tira basura en tu banqueta. ¿Qué te protege ahí? No es la buena voluntad (que a veces falta), es la norma de convivencia.

El Derecho es ese límite que dice: tu libertad termina donde empieza la mía. Es lo que nos permite vivir juntos sin terminar peleados cada cinco minutos. Cuando una persona juzgadora decide sobre un problema entre vecinos, no está buscando quién es mejor persona, está buscando cómo devolverle la paz a la calle. Porque la paz no es la ausencia de ruido, es la presencia de justicia.

Sin embargo, lo que más nos duele es lo que pasa dentro de casa. Hablemos de algo que a muchos les quita el sueño: ¿qué va a pasar con mis cosas cuando ya no esté? A veces pensamos que hacer un testamento es cosa de ricos o de gente que ya presiente el final. ¡Para nada! Un testamento es la forma más barata y más valiente de ahorrarle peleas y lágrimas a tus hijos. Es dejar la mesa limpia para que ellos no tengan que dividirse con resentimiento el terreno o la casa que levantaste con años de esfuerzo.

Y cuando las parejas deciden que ya no pueden caminar juntas, el Derecho no debería convertirse en un campo de batalla para ver quién hiere más al otro. Mi labor en esos momentos es recordarles que, aunque el amor se agote, la responsabilidad con los hijos no caduca jamás. La pensión alimenticia no es un “castigo” para quien se va; es el derecho del niño a seguir creciendo con dignidad. Es justicia en su forma más pura.

Tú, que te levantas antes de que salga el sol, sabes mejor que nadie lo que cuesta ganar cada moneda. Por eso, quiero regalarte un consejo que vale más que cualquier consulta legal cara: confía en tu palabra, pero firma un papel. En el mundo ideal, la palabra de un hombre o una mujer debería ser suficiente. Pero como persona juzgadora he visto demasiadas veces cómo la memoria falla justo cuando más se necesita. Por eso te digo sin rodeos: el papelito habla, y habla fuerte.

Si prestas dinero, que te firmen; si entras a un trabajo, pide tu contrato; si compras un terreno, asegúrate de que tenga escrituras.

A veces nos da “pena” pedir un papel porque sentimos que estamos desconfiando del otro. No lo veas así. Velo como un seguro de amistad. Un papel claro mantiene las amistades largas y las cuentas sanas.

Cuando termines de leer esto y te incorpores a tus labores, ya sea en la oficina, en el taller, en la calle o en el campo, llévate este pensamiento: el Derecho es tuyo y de nadie más. No es de los abogados, no es de las personas juzgadoras. Es de la gente que trabaja, que respeta y que quiere un futuro mejor para los suyos.

En colaboración con Ivette Flores Noguez.

 
 
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Jesús Ángel Cadena Alcalá

Justicia que transforma