La paradoja de la educación secundaria en México sus 90 años: enseñar a quienes no quieren ser educados
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La paradoja de la educación secundaria en México sus 90 años: enseñar a quienes no quieren ser educados

Viernes, 31 Julio 2026 00:00 Escrito por 
Ecos del pasado Ecos del pasado Juan Manuel Pedraza Velásquez

columna

Un 29 de julio de 1936 se publicó el decreto presidencial mediante el cual se estableció la creación de la Escuela Normal Superior de México, originalmente concebida como Instituto de Preparación del Magisterio en Enseñanza Secundaria. Con su creación se marcó un parteaguas en la historia educativa del país, ya que las escuelas normales previas centraban sus capacitaciones en la enseñanza primaria. Con esto, el presidente Lázaro Cárdenas anunciaba un incremento en la matrícula de educación secundaria, así como la inminente profesionalización del magisterio y del normalismo en el país. No obstante, con el paso del tiempo, esta noble visión se ha desvirtuado un poco.

Social y culturalmente, es en la educación secundaria donde los alumnos entran formalmente a la etapa de la adolescencia, donde forjan una identidad, crecen sus aspiraciones, construyen sus redes de apoyo y amistad, así como sus posibles planes a futuro. En este sentido, la educación secundaria no era solo un mero trámite más entre la primaria y el bachillerato; también era el período donde el adolescente podía prefigurar y visualizar su futuro con base en su entorno social, cultural y económico. De esta forma, la profesionalización del magisterio de educación secundaria era una labor vital si se quería formar ciudadanos que intervinieran en el progreso del país.

Empero, en décadas recientes esta labor no ha podido realizarse en su conjunto debido a toda la problemática social, política, económica y cultural del país. Tal situación ha cambiado constantemente las relaciones de autoridad y respeto que se tenían por el magisterio mexicano. Lo que en años anteriores fue retratado en el cine como una labor casi heroica y noble, en días recientes ha llevado a que los profesores batallen con la pérdida de la autoridad y el respeto, el naufragio de la labor educativa en toneladas de trabajo administrativo, adornos burocráticos y simulacros de eficiencia educativa basados en estándares neoliberales y occidentales. Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿cómo fue que llegamos a esta situación?

Antes de continuar con este resumen y crítica histórica, cabe puntualizar dos factores importantes. El autor de estas líneas nunca ha estado ni estará a favor de una pedagogía de la violencia, el terror, la amenaza y la humillación, muy en boga hoy en día en discusiones que abundan en las redes sociales. Lo segundo, y más importante, es que el trabajo del docente siempre ha sido y será una labor fundamental si se quiere hacer de este país una nación independiente económica y políticamente, que destruya las desigualdades e injusticias que tienen sofocada a nuestra nación. Este espacio es una crítica que pretende señalar algunas fallas del sistema educativo desde un punto de vista histórico y social.

Posterior a su creación, la Escuela Normal Superior, fiel a su labor, fue formando a los profesores que estarían en las aulas de secundaria del país, coordinando sus esfuerzos con grandes secretarios de Educación, como lo fueron Moisés Sáenz y Jaime Torres Bodet. Para 1954, las escuelas secundarias ponen énfasis en la formación propedéutica del adolescente y en la formación de ciertos oficios y ocupaciones técnicas enfocadas en que el alumno adquiriera un oficio que le permitiera valerse por sí mismo en un mundo laboral.

Para 1972, las escuelas secundarias vivieron otra transformación con la puesta en marcha de una nueva reforma educativa, en la cual los contenidos se organizaban por áreas de conocimiento, aunado a la vinculación con la educación primaria y la preparación para el bachillerato. En este tejido, se le dio un gran impulso a las escuelas secundarias técnicas, mismas que hasta la fecha existen. La matrícula crecía, lo cual se traducía en un aparente triunfo del sistema educativo priista; no obstante, el rezago, la deserción y la falta de infraestructura eran problemas cada vez más evidentes. En áreas rurales era aún más incuestionable este problema; la marginación y la falta de profesores fueron un vacío que se trató de llenar con el impulso a las telesecundarias, sistema de enseñanza que en su momento fue novedoso y práctico para áreas donde faltaban profesores e infraestructura escolar.

A mediados de la década de los ochenta, nuevas directrices económicas y políticas alteraron por completo el sistema educativo, causando una profunda transformación en la forma de enseñar y en los contenidos que se requerían. De esta manera, se priorizó la competencia, es decir, la habilidad o "el saber hacer", sobre el contenido o la reflexión. Asimismo, la carga administrativa se convirtió en un tsunami burocrático, donde la planeación (diaria, semanal o mensual) debía llevar ciertos estándares y formatos adecuados a las nuevas exigencias. La cereza en el pastel estuvo en la introducción de pruebas estandarizadas bajo criterios de eficiencia productivos, en su mayoría diseñadas por personas ajenas a la realidad mexicana. Ejemplo de lo anterior fue la prueba PISA, que se aplicaba a países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Gracias a estas exigencias, la forma de evaluar se suavizó y se debatió sobre las maneras de evitar la deserción escolar y el rezago educativo. Sin embargo, el resultado de eso fue ajustar el rango y la forma de aprobación. A pesar de que en ninguna parte de nuestras leyes educativas se señala que está prohibido reprobar, en este contexto una nota no aprobatoria conllevaba un sinfín de señalamientos por parte de las autoridades educativas, quienes responsabilizaban al profesor en medio de un alud burocrático de recomendaciones que podían llegar hasta las sanciones administrativas y penales.

En fechas recientes, el profesor ha perdido más autoridad en el aula y fuera de ella. Padres permisivos, hogares violentos y tutores irresponsables generan en el estudiante las condiciones necesarias para hacer de la escuela un tormento, donde el profesor se siente sin armas para hacerle frente a toda una estructura educativa colapsada por nuestro actual contexto. Las grandes autoridades, como supervisores y jefes de sector, han limitado su papel a ser meros receptores pasivos y celadores de las reformas educativas que lleguen. Hoy es cada vez más notorio ver en redes sociales videos donde imperan el acoso escolar, la falta de respeto y la violencia de los padres hacia los docentes. En pleno siglo XXI, ser docente en México se ha convertido en un oficio de alto riesgo.

A cien años de haberse creado la profesionalización de la enseñanza secundaria, hoy es más que evidente que la carrera docente está despreciada; su labor ya no es la misma de antes y los maestros mexicanos se sienten impotentes y desamparados ante las nuevas generaciones de padres y alumnos. Gobiernos, reformas y contenidos van y vienen sin lograr un cambio significativo; la única transformación que se ha obtenido es evitar el abandono escolar, a veces maquillado por unos criterios de evaluación injustos o la falta de alumnos no aprobados. Esperemos que en un futuro esto cambie; de lo contrario, estaremos ante una peor crisis educativa.

Por Juan Manuel Pedraza, historiador por la UNAM.

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