Los Estados Unidos y sus intervenciones en América Latina. Parte 1. “América para los americanos”.
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Los Estados Unidos y sus intervenciones en América Latina. Parte 1. “América para los americanos”.

Viernes, 16 Enero 2026 00:00 Escrito por 
Ecos del pasado Ecos del pasado Juan Manuel Pedraza Velásquez

En los últimos días, los Estados Unidos han quedado en el centro del debate geopolítico debido a los recientes acontecimientos ocurridos en Venezuela. La intervención armada del vecino país en el gobierno de Nicolás Maduro ha sembrado duda, incertidumbre y alarma en diversos sectores políticos, económicos y sociales, aunque también ha sido bien recibida por los detractores del régimen chavista y simpatizantes de la oposición venezolana. En un presente incierto, nuevamente la historia como disciplina científica nos puede ofrecer una perspectiva global del panorama político reciente; solo basta escudriñar el pasado yanqui y analizar el intervencionismo en América Latina a lo largo de poco más de 200 años.

Y es que no es la primera vez —y al parecer no será la última— que el gobierno norteamericano realiza una intervención armada para derrocar a un mandatario y “liberar” a un país de la tiranía y opresión que representan los dictadores. Sin embargo, detrás de estos actos aparentemente altruistas hay varios intereses políticos y económicos que los norteamericanos han priorizado por encima del bienestar de la sociedad latinoamericana. Y en este presente artículo, dividido en cuatro entregas, se analizará, expondrá y disertará sobre el impacto y los motivos ocultos de las intervenciones estadounidenses en la región latinoamericana desde el siglo XIX hasta la época actual.

Primeramente, es necesario señalar que los colonos estadounidenses ya tenían su visión expansionista, misma que se vio reforzada a partir de la independencia bajo la creencia, errónea por supuesto, de una supuesta superioridad moral y la voluntad de expandirse y llevar los valores y tradiciones de los colonos hacia todo el mundo. Estados Unidos comenzó un proceso de expansión hacia el oeste, donde millones de nativos perdieron sus tierras y fueron brutalmente masacrados en el proceso. Esta ideología, a la que posteriormente el periodista John L. O’Sullivan llamó Destino Manifiesto, fue la carta de presentación de Washington en toda la región, y para asegurar sus intereses, así como su influencia en el continente, Estados Unidos usaría todos sus medios posibles para lograr este cometido.

En 1808, las tropas napoleónicas invaden territorio español, lo que trajo como principal consecuencia las luchas por la independencia de sus colonias en América. La debilidad del Imperio español, aunada a la necesidad de armas y pertrechos de las colonias, hizo que Estados Unidos viera una ocasión propicia para instaurar su influencia de manera paulatina, pero certera. Esta aparente debilidad hizo que el gobierno estadounidense negociara en 1816 la compra de Florida por la irrisoria cantidad de cinco millones de dólares. Sin embargo, pese a que Estados Unidos se declaró neutral en las guerras de independencia y no intervino militarmente, comerció armamento, envió a sus representantes y permitió que aventureros y filibusteros de su nación se mezclaran en los conflictos contra el Imperio español, una extraña forma de neutralidad.

Concretadas las independencias, nuestro vecino incómodo fue de los primeros países que dio reconocimiento político oficial a las nuevas naciones. En seguida, envió a embajadores y dignatarios para asegurar la diplomacia de Norteamérica; empero, el voraz apetito territorial de la nación anglosajona fijó sus objetivos en la obtención de mayor territorio y un dominio total sobre el continente. Incluso Thomas Jefferson afirmó las pretensiones de Estados Unidos sobre algunas islas del Caribe, principalmente Cuba.

En 1823, ante los rumores sobre la posible reconquista de Hispanoamérica a manos del Imperio español ayudado por la Santa Alianza, Estados Unidos reitera su posición en la región mediante un discurso preparado por el secretario de Estado John Quincy Adams y pronunciado por el presidente James Monroe, en el que afirmaban, entre otras cosas, que “…es imposible que las potencias aliadas [europeas] extiendan su sistema político a cualquier porción de alguno de estos continentes sin hacer peligrar nuestra paz y felicidad; y nadie puede creer que nuestros hermanos del Sur, dejados solos, lo adoptaran por voluntad propia…”. El discurso posteriormente fue reducido a la frase “América para los americanos” y conocido mundialmente por el nombre de “Doctrina Monroe”.

En un principio, muchas naciones hispánicas festejaron la aparente defensa de la soberanía americana; sin embargo, la Doctrina Monroe pronto se convertiría en un justificante para todas las intervenciones estadounidenses en las incipientes naciones latinoamericanas. Al parecer, con este manifiesto los Estados Unidos se otorgaban el derecho de intervenir en política interna de las excolonias españolas, buscando de esta manera una forma de expandir su zona de influencia y acrecentar sus dominios, obteniendo más recursos naturales, los cuales eran vitales para su creciente producción industrial.

Ante el fracaso de expandirse hacia el norte y frenados en seco por Gran Bretaña, los norteamericanos fijaron sus ojos en México, su vecino país del sur. Promoviendo una inmigración masiva e ilegal, los norteamericanos incitaron un movimiento emancipatorio en el entonces territorio mexicano de Texas, mismo que se separó de México en 1836. Años más tarde, Estados Unidos y su presidente James K. Polk iniciaron una guerra contra México bajo el pretexto de un enfrentamiento militar en una zona de disputa. La inestabilidad política, la miseria económica, el nulo apoyo de la Iglesia católica, la falta de pericia y coordinación del Ejército mexicano y la escasez de pertrechos provocaron una severa derrota mexicana, en la cual terminaría “cediendo” un aproximado de dos millones de kilómetros cuadrados.

La pérdida del territorio no solo dejó una secuela humillante en territorio nacional, va a marcar el derrotero que seguirán las relaciones diplomáticas entre los dos países en los próximos años. Estados Unidos vio y notó que tenía el suficiente poder económico y militar para someter a cualquier nación americana que se le opusiera a sus intereses, y muy pronto, amparados en la seguridad nacional, iniciarían una exitosa pero lamentable historia en la que se violaría la soberanía de varios países solo para salvaguardar los intereses de las barras y las estrellas. Centroamérica, Paraguay, Argentina y Cuba serían otros territorios que tendrán como destino una intervención armada…

CONTINUARÁ

Por Juan Manuel Pedraza, historiador por la UNAM.

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