El INE no es Guadalupe Taddei
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El INE no es Guadalupe Taddei

Miércoles, 28 Octubre 2026 00:15 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Solo fue cuestión de tiempo. Materialmente, desde que Guadalupe Taddei tomó la presidencia del Instituto Nacional Electoral dejó ver la inclinación que tenía con lo que se hace llamar la cuarta transformación. No tuvo empacho en exhibirlo. Los constantes señalamientos de diversos actores políticos por su cercanía con el régimen, las sospechas de su actuar, así como del acomodo de familiares en diferentes espacios, fueron ignorados. Todos.

Tal vez en efecto no tenía de qué preocuparse, pues el mismísimo expresidente Andrés López Obrador estaba feliz con su nombramiento y fue más allá; la presentó como “gente honesta, nada que ver con el conservadurismo”. En razón a lo cual, la nueva presidenta del INE México se sintió protegida, ya que el tabasqueño había demostrado en los hechos que todo aquel que fuera calificado por él como buen elemento, “honesto e incorruptible”, gozaba de su apoyo total.

Taddei fue propuesta por el impresentable gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño. El camino se le limpió para que no tuviera ningún contratiempo, entendiendo que cualquier propuesta que llevara el visto bueno de López pasaría sin objeción alguna por el Congreso de la Unión. Así sucedió.

Pero no fue suficiente obtener la presidencia. Taddei exigía más poder. Quería hacer y deshacer; quitar y poner a su antojo posiciones. Y entonces se le dio el poder omnímodo que reclamaba. En octubre de 2024 Morena le dio manga ancha para designar a sus colaboradores. Anteriormente era por consenso y votación del Consejo General.

¿Cuál fue el resultado?

Es precisamente lo que se ha venido señalando por quienes han levantado la voz. Los contrapesos evitan el abuso del poder. Cuando se le quitan los diques a quien tiene la capacidad de tomar decisiones importantes en la administración pública, se vuelve soberbio, y eso nunca ha terminado bien para nadie.

De la misma forma como se reveló el afán autoritario de López Obrador y su incansable sed de control, que terminó por derribar todo ente que daba vida a la incipiente democracia mexicana, dejó ver que con ello podía mover todo a su antojo, sin tener que pedir autorización para absolutamente nada. Ese es el ejemplo que la mayoría del régimen quiere imitar. La democracia se desmoronó y nos demostró que las instituciones no eran tan fuertes como se llegó a pensar. También dejó en evidencia que su autocontrol fue un engaño más.

Tras los escándalos exhibidos por medios informativos como el Reforma, El Universal y Latinus, sostener a Taddei en la presidencia del INE se volvió imposible. El peso de las evidencias mostradas es contundente; voltear hacia otro lado ya no era opción.

Complicado para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que aún viene cargando la defensa que ha hecho de Rubén Rocha Moya, los hijos del expresidente y otros angelitos que militan en su movimiento. Porque apoyar a la presidenta del órgano electoral hubiera significado un desgaste por demás insostenible.

La —hasta ese momento— consejera presidenta en un principio defendió la institución y atribuyó las acusaciones a intentos de debilitar a la autoridad electoral, que quien la atacaba a ella atacaba al INE. El INE no es Guadalupe Taddei, aunque evidentemente le apostaba al transcurso del tiempo y al olvido, al señalar: “…voy a esperar que las cosas se enfríen”, y no lo dijo por casualidad, lo dijo porque ha resultado efectivo, como el vergonzoso caso de Rocha. Por cierto, los escándalos han favorecido al descarado exgobernador de Sinaloa, y los mexicanos cada vez pierden la esperanza de que responda ante la justicia —americana, desde luego, porque en México goza de indulgencia—.

No obstante, en este caso la mandataria no ha salido a exigir pruebas, pruebas, pruebas, lo que han acusado recibo los morenistas. Quiere decir entonces que el manto protector no la alcanzará como ha alcanzado a otros.

Sin embargo, en su mañanera del lunes 26, la presidenta se mostró indignada por lo que, según le pareció, una burla en contra de la referida, diciendo: “Es muy cobarde quien agrede a una mujer, no por lo que hizo como servidora pública, sino por razones personales”. ¿Serán diferentes o más personales los actos ilegales de un hombre a los de una mujer? Ojalá esa misma indignación la hubiera manifestado por la falta de medicamentos para los niños con cáncer o por las madres de los desaparecidos.

La posible responsabilidad de Guadalupe Taddei en actos de corrupción no podría ser suficiente como para guardar la esperanza, aún pequeña, de ver elegido a alguien competente e imparcial para esa importante responsabilidad, porque la mayoría oficialista seguramente está lista para palomear la próxima propuesta que provenga desde lo más alto y, sin obstáculo alguno, colocar un perfil parecido.

Es lamentable, porque las impresionantes marchas en defensa del INE se ahogaron en la indiferencia total del gobierno. De nada sirvió la movilización de cientos de miles de ciudadanos. La captura se llevó a cabo por los métodos acostumbrados por el padre del morenismo.

Al final, posiblemente Guadalupe Taddei no fue ni honesta, ni ejemplar, ni recta, como la presentó López, a menos de que demuestre lo contrario.

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