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La forma para castigar a los culpables en la 4-T será el linchamiento mediático

Domingo, 17 Febrero 2019 00:06 Escrito por 
La forma para castigar a los culpables en la 4-T será el linchamiento mediático Lo bueno, lo malo y lo serio

Erigido como el salvador del pueblo, ahí, cada mañana, el venerado apóstol que debería ser el presidente de todos los mexicanos, en sus acostumbradas homilías dicta la moralidad que debe regir a una sociedad que había perdido el rumbo a causa de un neoliberalismo libertino y pecador, pero no hay de qué preocuparse, con la sola intención de arrepentimiento todo se perdona, por el único capaz de hacerlo.

Por lo anterior, no debe ser extraño el hecho de que con el dedo acusador, desde su privilegiada posición, hace gala de una honestidad que presume es a prueba de todo, y la cual le da el poder de señalar a quien le acomode, respecto de sus pecados y falta de arrepentimiento y rendición ante sabio presidente que tiene México.

Ya sea Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y quienes con ellos colaboraron y no se han alineado a la salvación que ofrece AMLO, quien se siente como tocado por la mano de dios, ya que no importa el pasado del arrepentido, no importan las fechorías que hizo en otra época antes de conocerlo, incluso, pueden haber sido de los más señalados, como el caso de Manuel Bartlett Díaz, Director de la Comisión Federal de Electricidad.

Ni siquiera Napoleón Gómez Urrutia (Napito) ahora Senador, y quien crea la Confederación Sindical Internacional Democrática (CSID) la cual, dice, ayudará a la transformación de México hacia la democracia, libertad, y la defensa de los derechos de los trabajadores, además de presidir la Comisión de Trabajo ¿así o más? En cuanto a los mineros que estuvieron reclamando por mucho tiempo al líder sindical, se quedarán con el desánimo de que haya regresado de su exilio en Canadá, no para devolver lo que le reclamaban, no, sino para aceptar de buena manera un cargo de quien dijo no conocerlo, pero que si lo defendió.

Todo lo que antes se descalificó en la llamada época neoliberal, si lo decide el presidente, con sólo decirlo, pasará a la aceptación por su infinita bondad, en base única y exclusivamente a su decisión, no importa que pase por encima de las leyes y de las instituciones.

Ahora, y después de semanas de pelearse a muerte con los que llama sus adversarios, que son de hecho, todos los que no piensan como él, ha determinado que va a sacar una iniciativa de ley para aquél que haya trabajado en el gobierno y después de dejar su cargo tendrá que enfrentar una veda de 10 años para, materialmente no dedicarse a nada. Dicha ley sólo ha sido anunciada, habrá que ver qué nivel administrativo contempla, cuál será el mecanismo, la sanción, su reglamento, etcétera.

Aunque como en muchas otras cosas, al parecer al presidente le hace falta asesoramiento, porque en apariencia la veda lleva etiqueta con dedicatoria, y resulta que si hay ley o reglamento que aplique lo que la voluntad del sabio quiere, tendrá que ser de la Cuarta Transformación hacia delante (para los demás gobiernos que le sucedan), claro, si no llega alguien con mejor visión y tumba lo que la locura de este sexenio emprenda, y lo peor, empezaremos de nuevo.

Pero, como aquella frase “no tiene la menor importancia”, que inmortalizó el actor mexicano conocido como Arturo de Córdova (Arturo García Rodríguez), pues no tiene nada que ver que las múltiples acusaciones que hace en las mañanas López Obrador que tengan un fondo legal, lo legal no es lo que busca, recordemos que lo importante para él no es que sea ilegal, sino que sea inmoral, palabras más que sabias, un ritual de sabiduría del mesías tropical.

Por lo que no requiere de pruebas ni de ninguna otra banalidad, ¿eso para qué? no hay acusación ante autoridad competente, la autoridad la compone el pueblo sabio a quien presenta y acusa a sus detractores, y la sentencia es dictada de inmediato, una mejor y pronta acción de justicia jamás en ningún otro lado, bueno, tal vez sí, en Venezuela, con Maduro, y la sentencia es un linchamiento mediático, con eso es suficiente, porque será publicado en medios de comunicación y redes sociales y será aceptado como una verdad absoluta, así que debe considerarse incluso que tendrá, mientras dure su reinado, mayor validez que la de un Tribunal.

Y, para todo tiene una salida, como lo que pasó con la negativa de intervenir en los bloqueos de la CNTE que dejaron pérdidas millonarias en Michoacán, Estado que por alguna razón el presidente se ha empeñado en ponerle el pie, para que le sea más difícil superar sus problemas, como los bloqueos, falta de combustible, pero si se queja, se puede quedar hasta sin apoyo del gobierno federal. El caso es que anunció del presidente, respecto a los mencionados bloqueos a la vías de ferrocarril, que ya se había interpuesto una queja ante la Comisión de los Derechos Humanos, ¿es en serio? Pues sí, lo dijo el presidente y si lo dijo, debe ser cierto.

Pero eso tampoco tiene la menor importancia, porque si se solicitó o no la intervención de la Comisión de Derechos Humanos, el resultado, que si importa, fue llamar la atención, y lo logró.

Sólo que no dejará de hacer berrinche porque no todo lo que tiene que ver con México lo puede controlar con sus mañaneras, las calificadoras han impuesto una reducción en el grado de inversión para algunos bancos, como consecuencia de la incertidumbre con la que ven al país, y el presidente podrá enojarse todo lo que quiera, y salir a reclamar que no toman en cuenta su lucha contra la corrupción y que presuma de ser honesto, pues todo eso se lo compran barato en México, pero en el exterior es otra cosa, ahí no se le puede dorar la píldora a nadie, si no ven al país con una percepción favorable para el crédito, para la inversión, no lo es, y no hay nada que sus señalamientos puedan corregir.

La percepción en el extranjero no es culpa del neoliberalismo o de la minoría rapaz, es el resultado de las acciones que se han emprendido desde el gobierno y en eso señor López Obrador, no hay fifís, conservadurismos, mezquinos o algo que se le parezca para culpar.

 

 

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio