Vivimos en la época de la velocidad.
Comemos rápido, trabajamos rápido, dormimos poco… y amamos de forma exprés.
Si algo se tuerce, lo descarto. Si no fluye como imaginé, paso al siguiente.
Entre aplicaciones de citas, redes sociales y la ilusión de que siempre hay “alguien más” a un clic, hemos perdido la capacidad de sostener procesos.
La promesa del “para siempre” se desvanece entre matches y notificaciones.
Y, en este contexto, la infidelidad no siempre viene por crisis o vacíos profundos. Esther Perel lo dijo claro:
“No tiene que haber un motivo concreto para que se dé una infidelidad. A veces, simplemente, se da la ocasión… y la persona la toma.”
Cuando el pacto se rompe
En mi consulta llegan parejas con la misma herida, contada en mil versiones distintas:
uno de los dos se saltó el pacto de exclusividad.
A veces fue una aventura fugaz; otras, un romance paralelo.
Pero el efecto siempre es igual: traición, desconfianza y el piso que se quiebra bajo los pies.
Reconstruir después de esto no es “borrón y cuenta nueva”.
Es abrir la herida, limpiarla y aprender a sostenerse mientras arde.
Como terapeutas, nos arremangamos y entramos a un terreno denso: lágrimas, silencios y verdades que pesan.
Pero quien completa el proceso suele salir con una relación más sólida y consciente.
No porque olviden, sino porque transforman.
Los casos más difíciles en terapia de pareja
1. Cuando los hijos se vuelven campo de batalla
El divorcio no tiene por qué ser un trauma para los hijos… pero muchas veces lo es.
No por la separación en sí, sino por cómo los padres gestionan su enojo.
Si uno de los miembros de la pareja usa al niño para desahogar su coraje contra el otro, empieza el envenenamiento emocional.
Y ahí no solo se rompe la pareja: se fractura la seguridad emocional del hijo.
La regla es simple:
el niño debe saber —y sentir— que cuenta con el amor y cuidado de ambos padres, sin importar la historia entre adultos.
2. El pasado no resuelto es presente
Las relaciones anteriores condicionan, aunque juremos que no.
Si llegas a una nueva relación con la autoestima rota por engaños pasados, es fácil proyectar esa herida en el presente.
Frases como:
“Ya sé cómo va a terminar esto”
son veneno en cápsula.
Porque si actúas desde la sospecha, puedes caer en la profecía autocumplida: provocar justo lo que temes.
Cuando aparecen fantasmas de relaciones anteriores, lo más sabio es parar, analizar y distinguir:
¿lo que siento viene de esta relación… o de mi historia previa?
El top ONE en mi consulta: el amor
La gente llega preguntando:
“¿Alguien me va a querer?”,
“¿Qué es el amor, de verdad?”.
El amor no es solo una emoción fugaz; es un sentimiento que se construye.
Puede nacer del flechazo… o de la amistad. Un estudio reciente reveló que dos tercios de las parejas comenzaron como amigos.
Eso rompe el mito de que todo empieza con atracción física intensa.
El amor se edifica sobre conexión, admiración, deseo, complicidad… y, sobre todo, vínculo.
Porque vínculo significa que puede sostenerse en el tiempo, incluso cuando la emoción inicial cambia de forma.
¿Se busca o llega solo?
Las dos cosas.
Si no genero oportunidades y me expongo, no pasará.
Hay que salir, moverse, explorar.
Sí, incluso si estás triste, incluso si piensas que nadie te va a querer.
Porque esperar a que el amor toque tu puerta mientras te escondes… es como esperar cosecha sin sembrar nada.
¿Por qué cuesta tanto soltar, incluso cuando duele?
Porque no solo soltamos a una persona.
Soltamos una identidad, un “nosotros” que construimos, una historia que creímos eterna.
El cuerpo guarda memoria de la conexión, aunque la mente recuerde la traición.
La dependencia emocional y fisiológica no se corta con frases motivacionales.
Es como una adicción: aunque duela, tu sistema nervioso pide otra dosis.
Y ahí está el verdadero reto: aprender a vivir sin ese estímulo que un día te dio placer… y ahora te envenena.
Entonces, ¿cómo se sigue?
Con verdad radical.
Con paciencia quirúrgica.
Y con la disposición de crear algo nuevo desde las ruinas.
La infidelidad no siempre mata una relación, pero siempre la redefine.
El reto no es volver a lo que éramos antes, sino construir algo que nunca hemos sido.
Y, si no es con esa persona, será contigo mismo como primer gran proyecto de amor.
Porque, a veces, el “para siempre” empieza en ti.
Lux Áurea Signature™
“Donde termina el autoengaño, empieza la verdadera sanación”
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