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De la “guerra con balazos” a la “guerra con abrazos”

Domingo, 17 Febrero 2019 10:30 Escrito por 
De la “guerra con balazos” a la “guerra con abrazos” Los Sonámbulos

Según la liturgia argótica desplegada en el último mes y medio, nada más catastrófico y envilecedor de la vida pública que un gobierno que cree que lo es y, peor, que pretende asumirse en los hechos como tal.

Por un lado, es verdad que resulta muy extraño que, por ejemplo, se ponga fin a una guerra por decreto (contra el narcotráfico) mientras se abren otras en diversos frentes y justo contra aquellos que, por interés, por conveniencia o por honesta adicción al ficticio libre mercado, han estado imaginando su propio apocalípsis, intentando (sin éxito) generalizarlo.

Hasta ahora, lo rescatable de todo esto es que la guerra, con todo y abrazos y hasta sonrisas de pose, son las escaramuzas que han definidos bandos supuestamente encontrados, faltando el riguroso contraste de los hechos con las ideas para comenzar a intentar nuevos proyectos.
Porque, en efecto, los “señores delincuentes” no están de acuerdo con esos finales inesperados y siguen jalando alegremente del gatillo, haciendo sonar las “tartamudas” (la siembra de cadáveres sigue fortaleciendo a la industria funeraria, contribuyendo a su feliz expansión); de la misma manera, los selectos miembros de la oligarquía local y foránea (el club del “1 por ciento”) no están dispuestos a dejar que les arrebaten la “joya de la corona” (el negocio petrolero, vía “reforma energética”), ni que controlen sus abusos financieros (comisiones bancarias), ni que sus monopolios sigan contando con todo el “andamiaje institucional” para no resultar afectados.

Por eso, si es la cancelación del NAIM en el ex lago de Texcoco, sobre el país van a caer toda clases de bichos, se ha anticipado. Igual, si es el combate contra los “huachicoleros”, mal se hizo en no avisar en el cierre de ductos (para que los ordeñadores puedan prepararse); si se pronuncia o no se pronuncia contra el locuaz Nicolás Maduro (sino todo lo contrario, según la oportuna aclaración de Manuel Bernardo Aguirre, ex de Agricultura), se apoya a un dictador porque va para allá o porque prefiere respaldar un golpe de estado para favorecer los intereses, principalmente, de las petroleras estadounidenses.

También, si no se envía a nadie a esa reunión para la foto posada por parte de “inversores” que es Davos, en Suiza, se le están cerrando al país millonarias inversiones (ajá); y si se critica a las agencias de opinión y de presión que son las mal llamadas “calificadoras de riesgo” (Fitch Ratings, Standard&Poors, Moody´s y demás), en vez de organizar “mañaneras” hay que acudir con el sicólogo pues todo se reduce a lances de deschavetados, encarnación viva del nuevo autoritarismo, que no tienen temor de “Dios” (en este caso, el dinero, sus dueños y sus despachos opinadores de “riesgos”).

“Estamos mejor En Algún Valle de Lágrimas”, parecen decir “inversores” locales y foráneos y sus calificadoras, entre otros, plagiando así a José Revueltas sólo para poder seguir prestando con una mano y recibiendo el doble con la otra, esto conforme a la incómoda expresión de ignorados pero nunca vencidos (totalmente) espectros que, ni siquiera porque están muertos, han pasado a formar parte de las fingidas consideraciones de la comentocracia capitalista (“tan buena gente que era… lástima de ideas”, podría decirse al menos).

El asunto es que, lamentablemente y parafraseando al converso religioso Richard John Neuhaus respecto de “la desnuda plaza pública”, esto es, el debate de la vida pública, lo que prevalece es una espesa carga teológico-económico-política, cuasi religiosa, que deja de lado cualquier análisis de los hechos ni expone argumentos con base en estos (el caso de las opinadoras de riesgo es ejemplar).

Las nuevas “guerras” protagonizadas en diversos frentes, todas con derivaciones esencialmente económicas, se están efectuando sin balazos pero, y esto hay que remarcarlo, podrían resultar igualmente letales para el país si en vez de buscar alternativas frente a modelos económico-políticos fracasados se insiste en imponer lo más pernicioso de cada cual.

Al final todos aseguran estar preocupados por los pobres, de modo que lo que habría que procurar principalmente es que el miserable -por su situación de pobreza- no lo siga siendo, y que no sea “ciudadano” de pleno derecho sólo cuando es convocado a las urnas, signos ominoso de la democracia presuntamente liberal.

Ante ello, es de esperar que pasen las calenturas, que no se desborden las pasiones y se pueda abrir un espacio para terminar con la desorientación reinante.

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Jesús Delgado

Los sonámbulos