México contra sí mismo (in memoriam de Jürgen Habermas)
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México contra sí mismo (in memoriam de Jürgen Habermas)

Jueves, 19 Marzo 2026 00:00 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

Recientemente falleció Jürgen Habermas, filósofo alemán que dedicó su obra a sustituir el “aliento profético” del marxismo —aquel que preveía una resolución violenta y determinista de la historia— por una racionalidad basada en el entendimiento entre individuos. Según el filósofo, el consenso racional se erigía, a través del diálogo libre de dominación, como la única vía legítima para coordinar las acciones de una sociedad democrática y plural. La crisis por la que atraviesa México representa el colapso del ideal habermasiano.

Habermas tenía gran interés en la “acción comunicativa”, cuyo principal objetivo era el entendimiento mutuo y el consenso racional. El problema fundamental del México actual es que la 4T ha utilizado el espacio público para la imposición de una narrativa que clausura la posibilidad de ese diálogo racional y constructivo, en libertad, y ha trastornado, alterado y destruido el orden que se había construido por años.

Frente al planteamiento racional de Habermas, la 4T busca conseguir el éxito político y mantener el poder a costa de lo que sea. Desde el punto de vista de su teoría, la 4T utiliza la comunicación como una herramienta de persuasión, manipulación y descalificación. Para el filósofo alemán, la relación con el otro parte de reconocer al interlocutor como igual, como sujeto válido. Lamentablemente, en la 4T el otro es visto como un medio para obtener ventajas o como un enemigo a vencer. Mientras Habermas plantea que la fuerza del mejor argumento es el mecanismo de coordinación, al gobierno solo le importa el ejercicio de la autoridad, del dinero y del poder.

Habermas distingue entre “el sistema” (gobernado por el poder y el dinero) y “el mundo de la vida” (donde ocurre la comunicación libre y se reproduce la cultura y la identidad), y advierte que observamos la crisis de la “colonización del mundo de la vida” mediante un proceso de lógicas burocráticas y mercantiles que invaden los espacios de interacción humana y destruyen la capacidad de entendimiento espontáneo.

Otro aspecto de esta crisis, plantea el gran filósofo, es una dimensión psicológica, porque desde niños nos educaron para siempre tener razón. Esta conducta lleva a radicalismos que nos encaminan a la falta de creatividad y los individuos pierden la capacidad de imaginar soluciones que no pasen por la eliminación simbólica del otro. En las discusiones públicas, el objetivo ya no es lograr un acuerdo para alcanzar la mejor política pública, sino “ganar el punto” o destruir la reputación del adversario. Actualmente, esta parálisis creativa es lo que impide que México genere un proyecto de nación inclusivo que trascienda los intereses de grupo.

El radicalismo discursivo es uno de los elementos de la polarización en la que estamos inmersos y ha generado una crisis de identidad en la sociedad: ante la falta de un proyecto de nación coherente y transparente, los mexicanos buscamos refugio en identidades tribales, identificándonos con líderes carismáticos y excluyendo de manera violenta a quienes no comparten dicha identificación.

En 2018, algunos electores percibieron la victoria morenista como el fin de la corrupción y la exclusión porque la narrativa los convenció. Casi ocho años después, podemos afirmar que Morena ha operado para lograr la restauración del sistema de partido hegemónico. De ahí, sin duda, la expresión popular de que representa la “cuarta transformación del PRI”. Este movimiento mantiene viva la lógica corporativista, el (hiper)centralismo presidencial y el desdén por la pluralidad institucional que caracterizaban al PRI de hace cuatro o cinco décadas.

Otros elementos de polarización tienen que ver con el hecho de que Morena no es un fenómeno etéreo; tiene coordenadas geográficas, sociales y económicas precisas. En estudios electorales se puede observar que, en centros neurálgicos, nuestro país se encuentra experimentando una división inusual. Ligado a factores socioeconómicos, el votante de Morena tiene un perfil más homogéneo: menor escolaridad y dependencia de programas sociales, mientras que la oposición se ha atrincherado en sectores con mayor nivel educativo y desarrollo económico.

Nuestro futuro depende de nuestra capacidad de recuperar la creatividad social. El radicalismo actual es una señal de agotamiento intelectual: es la repetición de viejas fórmulas de control bajo un nuevo ropaje discursivo. Si aspiramos a ser una mejor sociedad, no lo lograremos a través de la exclusión del diferente, sino de la construcción de una identidad nacional plural que reconozca que “México es muchos Méxicos”.

La muerte simbólica de la acción comunicativa, perpetrada por el discurso oficial, es un llamado de alerta. Si utilizamos el lenguaje como herramienta de dominación y división, condenamos al país a un ciclo de resentimiento y estancamiento. La verdadera transformación tendría que ocurrir cada vez que un mexicano reconozca en su adversario a un interlocutor válido y se disponga a construir, a través de la palabra, un destino compartido basado en la justicia, la verdad y la solidaridad.

 
 
 
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Juan Carlos Núñez

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