Azul, con “z”: Una historia de terror

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Azul, con “z”: Una historia de terror

Jueves, 21 Noviembre 2019 00:10 Escrito por 
Azul, con “z”: Una historia de terror Reseñas y sucesos

En marzo de 1994 se escogieron a los 45 mejores expedientes de unidades y batallones distintos del ejército mexicano para entrenarlos en el Fuerte Hood en Texas. “Al terminar su discurso de bienvenida, el sargento George Warren Smith interrogó sobre el nombre que le daríamos a la unidad. La pregunta tomó por sorpresa a todos menos al cabo Heriberto Lazcano Lazcano. Dio un paso al frente y propuso que se llamara Grupo Zeta”. Ricardo Raphael hace la apreciación de que los uniformes de gala del ejército se confeccionaron con tela designada en el reglamento como de color azul zeta; “llegó ahí cuando un mando la incluyó como instrucción ortográfica, la tropa solía escribir azul con s en vez de hacerlo con z”.

¿Qué nos muestra esta novela? ¿Usted ha visto las películas de Quentin Tarantino? ¿Conoce el cine snuff, gore o terror? Quizá le suenen familiares algunos títulos como Kill Bill, Bastardos Sin Gloria, Tesis, Saw, Hostel o filmes más cercanos al género que nos ocupa, El Infierno de Luis Estrada o Savages de Oliver Stone; ocupo lo anterior como referencia al mundo que nos adentra este libro del periodista, académico, investigador, comentarista mediático, funcionario público y, recién debutado novelista Ricardo Raphael con Hijo de la Guerra, donde aborda la problemática del narcotráfico contada desde sus entrañas más viles.

“Aprendimos en el Fuerte Hood a rescatar rehenes, a tomar control de territorios extensos, a conducir carros de combate (a cazar, destazar, desmembrar, torturar, cercenar jabalíes) (…) Esta parte del entrenamiento nos enseñó a tomar distancia de las emociones. Había sido fácil matar al animal, pero hacerlo sufrir no lo era; jode estar consciente de que llevará tiempo verlo morir y que, mientras tanto, hay un camino miserable de dolor. (…) El sargento nos informó que únicamente 7 de los 45 que asistimos tomaríamos una capacitación especial: Arturo Guzmán Decena, Heriberto Lazcano Lazcano, Jaime González Durán, Oscar Guerrero Silva, Alejandro Morales Betancourt, Jesús Enrique Rejón Aguilar y yo (…) El Fuerte Hood nos había cambiado; gracias a la formación que recibimos, estábamos preparados para dar la vida por nuestro país. Seríamos los nuevos héroes de la historia mexicana”.

Si me preguntan cómo resumiría el libro, mi respuesta sería: -deshumanización al límite, más extrema impunidad. Ricardo Raphael, por su parte, nos presenta esta novela como una oportunidad para conocer una historia diferente a la que nos ha dicho el gobierno en los últimos años, aduciendo, “nos han mentido en la historia del narco”. De aquí que la base de los relatos, comprendidos en 444 páginas, provengan de una serie de entrevistas que el autor sostuvo con un interno del penal de Chiconautla, en el municipio de Ecatepec durante el 2015; mismo que se presentó como Galdino Mellado Cruz, bajo el alias de Z-9, quien era ubicado por la justicia mexicana como uno de los fundadores del grupo delictivo Los Zetas. No obstante, el mismo gobierno declaró, con bombo y platillo, haberlo abatido en el interior de un domicilio de Reynosa el 12 de mayo de 2014, como se hace constar en infinidad de notas periodísticas y reportes oficiales.

“En el verano de 1997 aparecieron varios cadáveres en distintas ciudades de Tamaulipas. Salvador Gómez era el nuevo líder del cártel del Golfo, junto con Osiel Cárdenas Guillén, ninguno llegaba a los 30 años. Se empezaba a escuchar de Osiel como un funcionario de la Procuraduría que andaba trabajando en Matamoros (…) El problema del negocio no eran las utilidades sino una estructura que pedía una cabeza que pudiera tejer nexos con el gobierno y la particularidad de ese negocio es que no funciona sin la cooperación del poder público (…) Arturo Guzmán Decena se convirtió en el primer soldado con quien Cárdenas Guillén pudo emprender su nueva estrategia. (…) En mayo de 1999 respondimos 21 soldados al llamado de Arturo Guzmán Decena y Heriberto Lazcano, estaríamos encargados de la seguridad de Osiel Cárdenas (…) Nosotros seguíamos cobrando en el ejército hasta 2001, teníamos 3 sueldos, el del ejército, el de la Procuraduría y lo que nos daba Osiel (…) (…) A partir de diciembre dejamos de ser escoltas a fin de desempeñar otras actividades para la compañía. Al Hummer se le encomendó Nuevo León, a Lazca Quintana Roo, Decena Yucatán, Oscar Guadalajara, a mi Ciudad Victoria”.

A lo largo del libro surgen una serie de interrogantes: el primero, decidir si hay elementos suficientes para creer que no fue a Galdino Mellado a quien mataron en el enfrentamiento de Tamaulipas; otras preguntas de fondo van orientadas a entender por qué si hay personajes reales, declaraciones contrastadas con información oficial y coincidencia en toda la cronología, entonces qué motivo a presentar este libro como novela, Ricardo Raphael aclara que inicialmente había decidido hacer un reportaje de investigación sobre los dichos de este interno, ingresado con otro nombre, Juan Luis Vallejos de la Sancha, pero quien aseguraba ser el Z-9; pese a ello, al no tener modo de corroborar al 100% la información del submundo del crimen organizado, optó por echar mano de elementos literarios que permitieran dar voz al hombre de los dos nombres: “ésta es una novela de no ficción por parte del periodista, pero yo no puedo asegurar que sea una novela de no ficción por parte de Galdino Mellado Cruz”.

“Septiembre de 2000: tal como lo instruyó el M (Osiel Cárdenas), no era el objetivo de esa etapa controlar el territorio sino sembrar terror entre los adversarios, - Quiero que los Zetas sean muy temidos. Heriberto Lazcano se convirtió en el Verdugo. Decena intentó ser el más sanguinario pero la naturaleza de Heriberto era peor. Al Hummer se le despertaron instintos excesivos: le dio por comer carne humana. (…) Por aquellos días reclutamos a la segunda generación de zetas, así llamaron a los 500 efectivos entrenados por los fundadores. Osiel Cárdenas propuso que cada uno de los zetas originales creara su propia estaca: es decir, que cada uno reclutara a otros 20, los formara y transmitiera los códigos de la compañía.”

A lo largo del texto el periodista destaca la peculiar fe religiosa de los zetas fundadores en la santería o religión yoruba. “Julio de 2004: un día ordenamos a los zetas más jóvenes que cortaran la mano derecha de varias “hormigas” muertas, que las arrojaran dentro de un tambo con harto diésel y les prendieran fuego. Después mezclamos las cenizas de aquellas manos con marihuana, cocaína y tabaco; fabricamos cigarros utilizando la revoltura y los compartimos. Fumarse al muerto es una ceremonia que te protege”.

Este libro es una prueba de que hemos perdido lo único que nos reusábamos a perder: la capacidad de asombro e indignación. Entramos al terreno prohibido, de normalizar las escenas brutales que suceden a diario, aquellas que escuchamos, leemos o vemos. Ésta es una guerra contra el narcotráfico que obtusamente se simplifica definiendo a los buenos contra los malos o, peor aún, se justifica falazmente con el argumento de que se están matando los malos contra los malos.

Vayamos a la infancia de Galdino, quien rememora a su padre “el Marino” por allá de 1982, “era el encargado de una cantina, también se dedicaba a la venta de droga, incursionó en el secuestro y robo a bancos. Fue el lugarteniente de Alfredo Ríos Galena, quien fuera policía en 1975. Tres años después desertó (de acuerdo con registros de prensa participó en más de 100 asaltos a bancos)”. Asimismo, declara el Z-9 haber matado a la edad 15 años “al primero que maté fue un pastor del templo del Divino Salvador que abusó de mí a los 8. (…) Cuando creces en Tepito es mejor pertenecer a una pandilla que tener una familia; ahí estas más seguro que en ningún otro lado, me juntaba con la banda los Morelianos”.

En este relato, Ricardo Raphael nos cuenta cuatro historias a lo largo de 128 pasajes que se enmarcan, sin orden cronológico, en un periodo que va de 1982 a 2016; un libro sin índice, que de momentos pareciera sin orden, pero que termina cuadrando milimétricamente hacía el final de sus hojas. En los cuatro episodios Galdino Mellado, el Z-9, aparece como protagonista: 1) Su niñez en el barrio bravo de Tepito y sus orígenes como delincuente; 2) Su incorporación al ejército, su posicionamiento como militar condecorado y el nacimiento del grupo delictivo; 3) En primera persona, Galdino narra anécdotas mediante manuscritos entregados al periodista, a los que denomina: “Diario de un hijo de la guerra”; y 4) “Apuntes del periodista”, como apartado epistemológico, donde Ricardo Raphael describe los encuentros con el recluso, las acotaciones que dan forma a sus declaraciones y la batalla personal que su subconsciente enfrentó al tratar con un personaje que parecía humano, pero que por sus narraciones, perfectamente encuadraría con un perfil de troglodita.

“Enero de 1995: regresando del entrenamiento en el fuerte Hood, nos presentaron, durante un acto oficial, con el director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas. Dijo que sabía de nosotros y que pronto nos asignarían una misión muy importante (…) Meses después se nos informó que nos mandarían a la frontera a cumplir una misión delicada, iríamos a Tamaulipas. A Lazcano lo ubicaron en Ciudad Victoria, a Rejón y a mí a Reynosa, al Hummer a Matamoros, Decena a Tampico, Guerrero a Ciudad Mier y Betancourt a Miguel Alemán”. De los apuntes del periodista sabemos que cuando Saúl Quiroz estuvo a cargo de la unidad especial dedicada a perseguir narcotraficantes, fue que la Procuraduría contrató algunos miembros del Grupo Aeromóvil de las Fuerzas Especiales (GAFE) como policías federales “no tenían ni 25 años cuando los enviaron como jefes de la Policía Judicial. Los arrojaron a los brazos del enemigo”.

A lo largo de estos laberínticos fragmentos pareciera que la novela pretendiera pintarse como una apología del narcotráfico, pero en realidad, un periodista no está para juzgar, engrandecer o vilipendiar a los mencionados; sino para presentar la realidad de la forma más objetiva posible. Con esta propuesta se le muestra al lector un relato que refleja el mundo donde vivimos y del cual poco sabemos, y, a partir de ello, se pretende generar consciencia y también exigir justicia.

El 14 de marzo de 2003, Osiel Cárdenas fue aprendido en su domicilio en Matamoros. “Fue la raza de Sinaloa la que lo puso. Esa fue su venganza porque el patrón les había declarado la guerra. Días después comenzó a circular en los medios de comunicación una lista de nuestras fotos y nombres. El arresto de Osiel Cárdenas se vio opacado por la noticia de que el cártel del Golfo había reclutado a varios militares pertenecientes del GAFE (…) Para marzo de 2006 (estaba claro que) el Lazca no sólo sustituyó a Osiel Cárdenas, sino que lo superó, con él se dio la mayor expansión. Los Zetas consolidamos las posiciones de la empresa en Veracruz, sembramos amapola en la montaña de Guerrero, entramos a Acapulco, fortalecimos la asociación de los hermanos Valencia en Michoacán, tomamos Hidalgo, San Luis Potosí, Coahuila y Zacatecas, pusimos un pie en Tabasco y otro en Guatemala. Debimos someter a mucha banda que luego nos traicionó, pero durante un tiempo fuimos la empresa más chingona del país”.

Con la intención de antojarle a usted estimado leyente la lectura completa de esta novela, he presentado en estos párrafos datos y extractos sobre las historias antes mencionadas. Como se ha percatado, encuentra en estas líneas nombres, sobrenombres, sucesos y fechas que, seguro estoy, habrá escuchado en las noticias o leído en diarios de circulación nacional. La información presentada es parafraseada como la recuerdo, otras líneas son textuales, todas referencias extraídas del libro y replicadas indistintamente.

“Diciembre de 2006: Fueron los enemigos de Sinaloa quienes hicieron cuanto pudieron para derrotar a los Zetas. Nos habían chingado y no faltaba mucho para que también entráramos en rivalidad con el Golfo.

Marzo de 2007: El Lazca quiso sacarme de Reynosa para entregarle la plaza al Hummer. Me sentí traicionado, entonces fue que me ofreció Chiapas. Y ahí fue donde me desgració la Familia Michoacana (…) Nazario Moreno era un líder importante de la Familia Michoacana. Fue él quien ordenó que me enterraran vivo, pero antes me usó para enviar un mensaje (…) Para la primavera de 2009 quedaban ya pocos zetas fundadores activos. El Lazca había concluido que allá en Chiapas quedó enterrado el verdadero Zeta-9”.

Apuntes del periodista: “La escalada de violencia creció hasta hacerse insoportable: entre 2006 y 2018; a causa de este conflicto armado se ha contabilizado la pérdida de 240,000 personas y más de 60,000 desaparecidos (…) En muchas regiones los panteones se han poblado de gente muy joven. Antes de morir, esos seres humanos fueron torturados, tasajeados, decapitados (…) Los Zetas fueron protagonistas de esta tragedia. Ellos introdujeron terror, ferocidad militar y competencia armada a la pugna que ya había entre organizaciones. Antes de volverse delincuentes fueron militares bien entrenados (…) Con mi periodismo me dedico a denunciar el desastre que nuestros gobernantes produjeron por acción y también por negligencia”.

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Edgar Tinoco González

Reseñas y sucesos