Neoliberales, Populistas y otros endemoniados que andan sueltos

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Neoliberales, Populistas y otros endemoniados que andan sueltos

Jueves, 27 Febrero 2020 00:08 Escrito por 
Neoliberales, Populistas y otros endemoniados que andan sueltos Neoliberales, Populistas y otros endemoniados que andan sueltos

El problema es –dijo Humpty-Dumpty– saber quién es el que manda. Eso es todo¨. Alicia a través del espejo, Lewis Carroll.

Algunos espíritus inquietos se preguntan en México sobre si el ¨populismo¨ de centro-izquierda que llevó al popular AMLO a la Presidencia de México, puede convertirse en fascismo o nazismo.

Afirmación inquietante pero que como otras tantas andan sueltas en algunos agonizantes medios periodísticos y delirantes mesas de café. En primer lugar, porque da por supuesto un concepto nocivo de populismo (de ïzquierda¨) y se le quiere asociar de entrada con lo que fue un deshumanizado fascismo y una monstruosidad como el nazismo que fueron populismos de derecha. Más que estudiar el concepto, se le descalifica como adjetivo, se usa como insulto.

El asunto es complejo, pero importante analizarlo porque tiene que ver con la obtención y el ejercicio del poder, con quién manda (el concepto de hegemonía elaborado por Gramsci), aclarar si el poder lo logran los representantes del ¨pueblo¨ o lo detentan los que protegen a las élites dominantes, aunque a menudo aparenten todo lo contrario. Lo cual complica el análisis que ya de entrada está polarizado.

El 5 de mayo de 2018, poco antes de las elecciones presidenciales en México, comentamos aquí en DigitalMex el libro de Ernesto Laclau, La Razón Populista. Tras el arrollador triunfo de López Obrador la polarizada discusión sobre el populismo sigue en nuestro país.

Este tema, englobado en la discusión sobre el populismo entendido como tendencia al socialismo (según la ¨Derecha¨) o como democracia radicalizada (de acuerdo con los defensores de las ¨Izquierdas¨), sigue siendo tan polarizado, escabroso y polémico como entonces.

Y no es un asunto meramente teórico, si recordamos el artículo El gurú de Andrés Manuel, de Martha Anaya, 11 de marzo 2019, Heraldo de México, que señala que el coordinador de los delegados estatales del gobierno de López Obrador (Servidores de la Nación), Gabriel García Hernández, se inspira en las ideas de Laclau (a propósito, está pendiente el caso en que el PRD presentó una queja electoral contra Gabriel García por la presunta promoción personalizada del presidente Andrés Manuel López Obrador a través de los “Servidores de la Nación”).

Hay otros vasos comunicantes, Íñigo Errejón y Chantal Mouffe (viuda de Laclau) publicaron en 2015 sus conversaciones sobre el tema Construir Pueblo, asunto que López Obrador y los miembros de Morena estuvieron forjando desde antes de su fundación. Los ideólogos de Podemos, Errejón, Juan Carlos Monedero y su amigo vasco ¨Katu¨ Arkonada visitaron y asesoraron hace años a dirigentes de los ¨Países del Socialismo del siglo 21¨ como Venezuela, Bolivia y Ecuador¨ y estuvieron en México, junto con Pablo Iglesias, en contacto con miembros de Morena. Y más recientemente, el rescate de Evo Morales por el actual gobierno y el gasto incurrido para transportarlo a México en avión especial, fue sumamente criticado y renovó las preocupaciones de las Derechas sobre las tendencias ¨populistas-fascistas¨ de las Izquierdas en México.

En un artículo, del 1 de julio de 2019 de América Latina en Movimiento, 10 claves para entender el México de López Obrador, Katu Arkonada expresa en su punto 9: Polarización. ¨La dicotomía chairo-fifí sirve para poner en el espejo los privilegios de los que han disfrutado hasta el momento las élites políticas, económicas y mediáticas mexicanas, y una minoría privilegiada en un país del G20, pero lleno de pobreza y, sobre todo, desigualdad. Polarizar es la forma de gobernar de Amlo, no conoce otra, y no hay otra más efectiva. Y le funciona. Si no, no se explica por qué su aprobación se sitúa alrededor del 70%, muy por encima del 53% que le votó el 1 de julio de 2018. Las consultas, a pesar de sus deficiencias, son otra forma de ampliar y ensanchar la democracia, más allá de los márgenes de la democracia liberal¨. Más claro...

Antonio Gramsci, con su noción de hegemonía cultural fue el guía espiritual de Laclau y éste una influencia ideológica en movimientos como Podemos encabezado por Pablo Iglesias (hoy Vice Presidente de Derechos Sociales con el gobierno socialista de España) y Morena, que para conquistar el poder electoralmente se constituyeron como Partidos, sin dejar de ser importantes movimientos populares y, en el caso de López Obrador con Morena y su coalición, que logró el poder presidencial.

Esta definición gramsciana de hegemonía, quién manda, según Laclau, es un concepto clave al hablar de política en la sociedad y su polarización. Gramsci y Laclau reconocen al lenguaje como un instrumento de influencia cultural y que hoy en día es el lenguaje en y de los medios la arena en la que se dirime el juego político (como lo demuestra la disputa diaria por la fijación de la agenda pública y política, el Presidente por medio de su conferencia ¨mañanera¨ y sus giras cotidianas sin descanso, incluyendo los fines de semana por todo el país y la agenda propia de los diversos medios de difusión según su criterio e intereses).

Ya Lewis Carroll, en Alicia en el país de las maravillas, ponía de manifiesto que es quien ostenta el poder quien utiliza el lenguaje como le da la gana y según sus propios intereses. Recuerden el polarizador diálogo entre Humpty Dumpty y Alicia:

– Cuando yo uso una palabra – dijo Humpty-Dumpty con un tono burlón – significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos.

– El problema es – dijo Alicia – si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– El problema es – dijo Humpty-Dumpty – saber quién es el que manda. Eso es todo.

En México, a las ¨Derechas¨ dispersas les inquieta el populismo del gobierno actual y las ¨Izquierdas¨ unidas temen lo que llaman ¨el golpe blando¨ que impulsa a protestas y descalificaciones que pueden, según ellos, llevar a un golpe de estado. Estos son los polos extremos.

Para el análisis, los hechos deben mandar. Veamos en concreto esta cuestión del llamado Populismo, que de entrada tiene dos polos o facetas: Se suele hablar del populismo político y del populismo económico.

En términos políticos el popular Gobierno del Presidente López Obrador puede calificarse de ¨populista¨, si consideramos que el gobernante populista claramente comparte y expresa tener el objetivo de beneficiar al Pueblo. Sin embargo, la coalición de Amlo representa una mayoría legislativa, pero no conforma una mayoría en la población total ni encuentra simpatías en todas las clases.

En general, la narrativa del populismo, de una y mil formas, se basa en la descalificación de una élite conservadora. En este caso, la llamada mafia del poder y la tecnocracia neoliberal y sus adeptos, que incluyen a todos los adversarios del proyecto gubernamental (sean estos líderes del sector privado, sindical e incluso de la opinión pública influenciada por medios adversos al régimen).

En cuanto a la definición de su política económica, hasta el momento ha mostrado una mezcla de algunas acciones anti-populistas (lo que Gabriel Zaid llama contradictoriamente el populismo recortador, que según él, es menos malo que el populismo gastador), rayando en la ortodoxia (entendida como el neoliberalismo contrario a la intervención del gobierno y asociado al desarrollo del libre mercado) y mezclado con algunas decisiones económicas que podrían calificarse de heterodoxas, que se desvían del modelo neoliberal:

 

Acciones económicas ortodoxas:

 

El gobierno actual no ha hecho uso dispendioso del gasto corriente y hasta el momento ha impuesto una política económica de austeridad, sin recurrir a deuda externa. No rompió el equilibrio macroeconómico, ajustándose a la disciplina presupuestaria.
No ha hecho uso intensivo de controles de precios, cuyos aumentos han sido moderados, prácticamente en línea con el objetivo de inflación fijado por el Banco Central autónomo, pese a la sustancial elevación de los salarios mínimos.
No ha recurrido a una sobrevaluación sistemática del tipo de cambio que ha mantenido una relativa estabilidad mediante el esquema de flotación e incluso con una reducción en las tasas de interés propiciada por el Banco de México que mantiene su autonomía.
El combate al robo de gasolina dio la señal para la política de cero corrupción en la Administración Pública y las empresas paraestatales.

 

Acciones económicas heterodoxas:

 

Creó incertidumbre entre los inversionistas del sector privado al anunciar la cancelación de proyectos, principalmente el aeropuerto de Texcoco.
La decisión de construir refinerías ha sido criticada por el sector privado. También el llamado tren Maya, criticado especialmente por las comunidades indígenas, así como la idea de sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables en el sureste, además del rechazo a las mineras transnacionales.
Los reparos a otras decisiones económicas, además de denuncias respecto del conflicto de intereses, han ido acompañadas por incompetencia y falta de experiencia de algunos de los miembros del gobierno, más leales que eficaces, a medias remediada por la imposición pragmática de funcionarios experimentados, pero cuestionables.
La renuncia del Secretario de Hacienda Urzúa a mediados de 2019 señaló el voluntarismo con el que se maneja la actual Administración y la renuencia a realizar una reforma fiscal para enfrentar los gastos derivados de los programas sociales y del rescate de Pemex con fondos públicos.

En términos económicos, el actual gobierno hasta ahora no ha recurrido en balance al populismo económico o gastador. La acción de elevar substancialmente en 2019-2020 los salarios mínimos fue acordada con los representantes empresariales y a diferencia de la misma decisión en tiempos de Echeverría, no ha causado una fuerte inflación.

Sin embargo, la transformación política y económica en curso -como todo proceso evolutivo-, va lenta y no sin obstáculos y resistencias.

La amalgama política que López Obrador diseñó para ganar la presidencia se debate en confrontaciones ante la aparente indiferencia de su creador, que con el amplio margen de acción que le da el poder presidencial y el carisma que lo acompaña, aparentemente considera prescindible a Morena como Partido aunque mantiene directamente sus nexos con su movimiento por todo el país, reforzado por los Servidores de la Nación y sigue buscando el apoyo de otros partidos, posibles nuevos (como Fuerza Social por México) y viejos (como algunos sectores del PRI), para gobernar.

El Presidente intenta recrear un Ejecutivo fuerte pero sin subordinar a los Poderes autónomos Legislativo y Judicial, aunque de manera indirecta influyendo en sus esferas. En cuanto al pacto federal, López Obrador creó la figura paralela de los cuestionados súper delegados siervos de la Nación que representan a la Federación en los estados. Y lucha con las instituciones autónomas, quitándoles facultades o colocando incondicionales en sus cargos y con las Organizaciones No Gubernamentales producto de las luchas sociales de la sociedad civil pero consideradas herencia no siempre bien vista de gobiernos anteriores.

En materia de seguridad, el Presidente profundizó -con otro nombre- la militarización de las labores policíacas al crear la Guardia Nacional. Todo legalmente, sin romper el marco democrático ni el orden constitucional, gracias a la mayoría que obtuvo en las elecciones, que se traduce en una especie de centralismo paternalista, no siempre eficiente, pero benefactor y redistributivo aceptable para la mayoría popular, aunque con un declinante apoyo para parte de la clase media debido a la creciente criminalidad, al estancamiento económico y las deficiencias en la seguridad social.

Si bien los sectores populares mantienen su esperanza en el liderazgo presidencial, parte de las clases medias que votaron por él muestran su descontento respecto de algunas acciones en economía, como la austeridad en salarios de funcionarios y recortes laborales suplidos por la irrupción de partidarios improvisados en puestos gubernamentales, y otras en materia social como la sustitución de recursos para las estancias infantiles por un limitada transferencia monetaria, la falta de medicinas, etc.

Este descontento, si sigue creciendo, ¿puede llevar al fascismo? En política, como decía Churchill, ¨las cosas siempre pueden empeorar¨. La propuesta presidencial de hacer una votación a mediados del periodo sobre la revocación de mandato es un arma polarizada de dos filos, una parte piensa que es un intento de prolongar populistamente el mandato y la otra que sirva para dar alejar la posibilidad de golpes de estado, suaves o duros, de uno u otro extremo ideológico.

Ciertamente, si la economía mexicana no se recupera la esfera política puede verse incitada a recurrir a medidas de emergencia, que requieran que el gobierno empiece a revertir el marco actual de restricciones que obstaculizan el crecimiento económico. Con todos los riesgos que eso implica.

Una limitación importante es la presupuestaria, que carga con el diseño neoliberal de reducción del impuesto sobre la renta para los altos ingresos (era de 55% y la consecuente elevación de la deuda pública a niveles preocupantes. Inquietud hasta para las complacientes calificadoras de crédito que durante décadas cobraron sus buenas comisiones por evaluar (o subvaluar) el riesgo crediticio del país, hasta que a finales del sexenio anterior empezaron a preocuparse por la excesiva deuda pública que rebasó el 50% del producto interno del país.

El actual gobierno de entrada decidió no aumentar la deuda pública, ni los impuestos, sino recurrir a la austeridad para mantener controlado el gasto público. Con eso y con las medidas monetarias de desarrollo social esperaba que el consumo y la inversión privada guiara el crecimiento económico, pero no ha sucedido así. Aunque el consumo de básicos se ha mantenido ligeramente positivo, el gasto en otros bienes de consumo, especialmente los duraderos ha caído, pese al crédito disponible.

De notarse es que la inversión del sector privado ha ido en declive. La inversión en México en la actualidad es predominantemente privada, en una proporción de casi 90% del total y sólo el restante 10% es realizada por el gobierno. Como comparación, en tiempos de Echeverría y su famosa disputa por la nación con los ëndemoniados¨ empresarios de su tiempo que se negaron a invertir, la inversión pública compensó el desplome privado hasta convertir a la inversión pública en la mitad de la total.

Recuerden que entonces, allá en los años setenta del sigo pasado algunos ¨endemoniados intelectuales¨ falsamente se planteaban la disyuntiva de ¨ECHEVERRÍA O EL FASCISMO¨... y el resultado fue que nos llevó el ¨demonio echeverrista¨del populismo económico desastroso, sin que llegara el tan temido ¨diabólico fascismo¨ golpista por parte de la Derecha.

Bajo López Portillo el auge petrolero de México en 1978 puso pausa a estos problemas, pero a la postre soltó los diablos que nos siguen amenazando desde la crisis de 1982, principalmente la dependencia del presupuesto gubernamental del ingreso petrolero.

Con Miguel de La Madrid la respuesta de sus ¨endemoniados neoliberales¨ a las crisis desatadas por los populismos anteriores y las caídas en el precio del petróleo fue un cambio estructural (sin cumplir la prometida renovación moral que la iba a acompañar), un cambio de modelo hacia la exportación de manufacturas que requería insertarse en la globalización económica, entrando como miembro del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio en 1986, luego Organización Mundial de Comercio a partir de 1994) y coronado por la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (en 1993).

La intensificación de la vinculación externa de México a la economía mundial nos hizo parte de un desarrollo económico cada vez más combinado (principalmente con Estados Unidos, mediante maquiladoras) y desigual (limitado a algunos sectores como el automotriz), ligados no sólo al ciclo económico de Estados Unidos sino a la mundialización económica en que irrumpió con redoblada fuerza la exportación China al iniciar el siglo 21 y menoscabó nuestras ventas a Estados Unidos y otros países.

En la actualidad, aunque tenemos un superávit comercial con Estados Unidos, registramos un enorme déficit con China (y toda Asia y Europa). Situación que no ha estallado debido a que el bajo o nulo crecimiento económico de México y el bajo ingreso de la población en general no demanda mayores importaciones y gracias a la entrada de inversión extranjera, sobre todo financiera que cubre el déficit (pero exige altos rendimientos mediante elevadas tasas de interés, lo que a su vez frena un mayor crecimiento económico del país).

La pregunta es si con esta estructura económica y en esta coyuntura, que tiene semejanzas y diferencias con el pasado mexicano, va a poder recuperarse el dinamismo de la economía mexicana y cómo puede hacerlo. Dada las restricciones presupuestales que tiene el gobierno, para que la economía crezca se requiere de inversión privada en forma y tiempo suficiente. Y para ello, en pocas palabras, se necesita que los dueños del capital tengan el deseo de invertir.

Eso es absolutamente necesario para que el país retome un nivel aceptable de crecimiento económico, acompañado por un mejor desarrollo social. Sólo de esta manera podrá la transformación planteada calificarse de relativamente exitosa y contribuir a retomar la senda del bienestar. Además, solamente así se podrá garantizar la estabilidad del país, sin duda amenazada por la corrupción, el crimen organizado y la creciente delincuencia de todo tipo (especialmente femenicidios), lo cual requiere una especial atención y serio esfuerzo por parte del gobierno.

Con esta fórmula se podría empezar a amarrar a algunos endemoniados que andan sueltos, sean del signo ideológico extremo que sean. El reto no es fácil, pues además de los problemas estructurales internos, la economía mexicana enfrenta graves peligros derivados de la cíclica desaceleración de la economía mundial. La propagación de la epidemia china del COVID-19 ya ha creado turbulencias en el mercado mundial (incrementos extraordinarios en metales preciosos como el oro) y viene a aumentar el riesgo de recesión en la economía mundial, ya en evidente desaceleración.

El desafío económico es mayúsculo y pondrá a prueba no sólo el polo económico sino al polarizado sistema político mexicano.

Febrero 2020

 

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Javier Ortiz de Montellano

Articulista invitado