¿Por qué habría de ser diferente el mensaje de AMLO?

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¿Por qué habría de ser diferente el mensaje de AMLO?

Miércoles, 08 Abril 2020 00:10 Escrito por 
¿Por qué habría de ser diferente el mensaje de AMLO? Lo bueno, lo malo y lo serio

El domingo fue la cita; materialmente todos, empresarios, inversionistas, analistas, medios de comunicación, clase política, y ciudadanos en general, esperaban el mensaje que daría el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se encargó de generar gran expectativa, ya que deslizó la idea de que haría un gran anuncio, la imaginativa colectiva se instaló en la esperanza de que finalmente presentaría un plan para lanzar un paquete de apoyo económico, destinado a paliar la crisis que vendrá como consecuencia de la pandemia del Covid-19.

Todos vieron en el patio de honor de Palacio Nacional la figura del presidente, con la ilusión de escuchar un cambio de estrategia, así como del anuncio de que haría movimientos en el Gabinete de su gobierno, algunos incluso, llegaron a pensar que sería general, y sobre todo, que presentaría un proyecto bien estructurado de rescate.

Todo estaba preparado para el gran anuncio, sin embargo, poco duró la emoción, conforme transcurría el mensaje del presidente, al que le llama “informe”, sus palabras se fueron perdiendo en un discurso arcaico y ya conocido, manoseado por ser utilizado siempre por el tabasqueño, con algunas novedades, pero similar en el fondo a lo que ha venido diciendo a lo largo de su carrera política.

No podría haber sido de otra manera, López, es un hombre que ha vivido toda su vida política a la sombra del árbol generoso que esta nación otorga, no importa su preparación, no importa el dominio de finanzas púbicas, no importa si habla inglés, de hecho, no importa ni siquiera si puede expresarse bien en español.

En el patio de Palacio Nacional, se vio a un hombre ordinario, no a quien tiene la gran responsabilidad que le depositaron 30 millones de soñadores ciudadanos, quienes desearon ver un mejor país, con un cambio de rumbo. Solo, ante un gran espacio estaba aquél que prometió, y sigue prometiendo, acabar con la corrupción.

A la distancia de su triunfal campaña, el discurso del tabasqueño suena hueco, no hay ningún resultado que haga presumir que se lo ha tomado en serio, principalmente, que está acabando con ese lastre que prometió sepultar por siempre, la corrupción, pues sus actos dicen lo contrario, apapacha y protege a personajes innombrables que son señalados por tal acción.

Bien, pues al final del solitario discurso, no salió el estadista que todos esperaban, se observó a un personaje de aspecto cansado y de caminado lerdo, de quien pretendió llenar el patio con su exagerada soberbia y una imagen que él mismo adora, para terminar apareciendo, como muchos lo consideran, como un pequeño ser, aislado, vacío, de ideas viejas y caducas, en un espacio que le quedó demasiado grande, como la misma silla que usa en el despacho de presidencia.

A pesar de que a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller no le parezca, pero sí, hubiese sido mejor dar su mensaje desde su despacho, porque su voz, su figura y su ¡Viva México! Lo mostraron en su real magnitud.

Una vez más, López Obrador mostró de qué está hecho. Sólo de palabras banales y populares, sin argumentos sólidos, únicamente de litros de saliva que utiliza todos los días para seguir adormeciendo a su pueblo bueno y sabio, que es el que más le preocupa, y que hoy más que nunca necesita conservar, por eso fue el anuncio de la ampliación de sus programas sociales, cuya lógica es repartir dinero de forma directa, sin intermediarios, pero con un mensaje claro, lo manda el presidente, así lo han señalado sus adversarios, que no se atreven a más, tal vez por miedo, pero ese silencio que guardan “como momias” en el presente, en un futuro no muy lejano se les reprochará.

La repetición de conceptos, de palabras y frases, parecen repetirse incansables desde su campaña, incluso, desde que buscó el gobierno de su natal Tabasco, y después de la Ciudad de México, antes Distrito Federal, las que hace mucho debieron haber quedado guardadas en algún rincón, pero son las mismas que utiliza, y parece, seguirá utilizando.

La base del éxito de López Obrador, parte de la idea de polarizar a la sociedad, busca reñir con quien sea, ha sido su constante, sembró en la mente de sus seguidores recelo en contra de sus enemigos, pues por cada oportunidad que tuvo, maximizó los errores de estos, mismos que ahora él, no tolera que se los señalen, y han sido peores.

El tabasqueño es muy bueno para mentir y destruir, ya lo ha demostrado demasiado, con descaro insistió en arrogarse el precio de la gasolina, aunque no dijo porqué no hizo lo mismo con el peso que superó las 25 unidades por dólar mientras hablaba. En cambio, no sabe construir, y sigue pensando que gobernar no tiene ninguna ciencia, es por lo que, obstinado, continúa con sus proyectos, aunque no cuenten con las autorizaciones correspondientes, pero altanero se empecina en imponerlas por encima de las necesidades de los mexicanos, que el día de mañana serán contados por cientos de miles los que perderán su fuente de trabajo, quedando sin recursos para sobrevivir.

No apareció el plan de rescate financiero que se esperaba, al contrario, AMLO salió con nuevos bríos, sabe que por el momento no hay nada, ni nadie, que se lo impida, ahora incluso, se ha dado el descaro de mostrar alegría por la llegada a territorio azteca de la pandemia del coronavirus, y la crisis económica que vendrá como resultado inminente, al decir que; “…o sea, que nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación” su cuarta transformación, importándole madre el sufrimiento de enfermos, muertos y los miles de trabajadores que quedarán desempleados y no se diga de las empresas, que quedaran quebradas.

Si mientras todo es por su proyecto, lo demás, es lo de menos. La realidad del presidente, no es la realidad de México, y eso ya debería haberse entendido, el discurso del domingo dejó incertidumbre y miedo entre los mexicanos, con una sensación de abandono por parte del jefe del Estado.

Es la clase media la que le estorba al de Macuspana, y es la que quiere desaparecer, no hay que ser mago para descubrirlo, él mismo lo ha dicho pero, pocos escuchan las entre líneas de sus mensajes. Para López, en México solo existen dos clases, los ricos, esos que acusa de ser siempre privilegiados con el perdón de impuestos, de los fobaproas, y que pertenecían a la “Mafia del Poder”, aunque ahora les tiende la mano y los tiene como sus consejeros, y por el otro lado, los pobres, de los que siempre habla por conveniencia, “primero los pobres” es solo el uso cliché en su discurso cotidiano, pero aquellos que se buscan la vida, que pertenecen a la clase media, que son los que crean las micro, pequeñas y medianas empresas, generando riqueza y empleos, no existen, porque ni siquiera los menciona. Es claro, su proyecto es una fábrica de pobres.

 

 

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio