Las campañas políticas construidas sobre descalificaciones

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Las campañas políticas construidas sobre descalificaciones

Miércoles, 14 Abril 2021 00:10 Escrito por 
Alfredo Albíter González Alfredo Albíter González Lo bueno, lo malo y lo serio

Es muy común en México que los ciudadanos sean testigos de una impresionante andanada de campañas sucias en las que lo primordial es descalificar al adversario.

Las campañas negras prevalecen por encima de las propuestas, tal vez sea así porque se piensa que es más fácil ganar a costa de señalar los errores y pasado que incluso puede ser infame de los contrincantes, que proponer soluciones idóneas a través de propuestas responsables para mejorar las condiciones de vida del pueblo.

 

 

Las campañas se han visto manchadas a través del tiempo por la exposición exagerada de lo peor que algún partido, coalición o candidato puede llevar a cuestas. En lo particular, son los institutos políticos los que sí o sí son encadenados a un pasado ominoso; aunque los nuevos militantes no tengan nada o muy poco que ver con algún antecedente bochornoso, o que de alguna manera se hayan visto beneficiados con ese pasado obscuro al que son encadenados.

Sin embargo, existen en todos los partidos políticos activistas de a pie orgullosos y con sentido de pertenencia, de esos que muchas veces pasan desapercibidos pero que disfrutan del trabajo de cercanía con sus vecinos. Muchas de las veces se han acostumbrado a recibir muy poco y con eso se conforman.

Pero también están los que se adaptan a las diferentes circunstancias políticas, esos que sin pudor alguno se acomodan a la disyuntiva para su beneficio, con la posibilidad de tomar una posición privilegiada que consiguen al presumir lo que tal vez no representan, y con ello obtener lo que buscan. Han hecho de esta práctica su forma de vivir.

 

 

Y así; es un ir y venir de romances y peleas de unos contra otros; de promesas que no se cumplen; se abandonan y después regresan. Pero los que en realidad representan alguna parte de posibles votos, en varias ocasiones se lanzan a los brazos de quien les ofrece más. ¿El resultado? Es lo que hoy tenemos. No hay avances importantes en las condiciones de vida de una gran mayoría porque se prefiere conservar el privilegio recibido, que apoyar una propuesta que pueda ofrecer mejores soluciones.

De esta forma se construye como sentencia un futuro de aletargamiento con base en la indiferencia de muchos ciudadanos. Sin embargo, de forma silenciosa se va levantando un nuevo sentido de responsabilidad civil de esa parte de la sociedad poco estridente y que siempre ha estado ahí, estudiando, observando, premiando y castigando con sus decisiones por medio de su voto secreto.

Esa parte de la comunidad que se encuentra diseminada va tomando conciencia del poder que tiene, porque al no utilizar el escándalo como medio para hacerse notar, y que de la misma forma repudia el insulto como forma de llamar la atención; se ha venido dando cuenta de lo que puede lograr. Es a lo que le teme la clase política, una sociedad más exigente, más consciente y mejor enterada de lo que sucede a su alrededor.

Por lo anterior, la guerra sucia empieza a decaer, el despertar ciudadano sustituirá a la apatía, y en su lugar habrá un enfrentamiento con aquellos aspirantes a los cargos de elección popular para exigirles expliquen la forma en la que piensan cumplir con sus promesas. Cuando esto tome más cuerpo, será el apocalipsis para la clase política.

En este momento aún prevalece la pobreza de buenos proyectos y se sigue privilegiando una infinidad de promesas que carecen de sustento, y parece que se forma una apuesta para saber quien propone lo más exageradamente irrealizable, cayendo en una perversa condición de burla al pueblo.

Por el momento, los medios de comunicación se llenan de vergonzantes señalamientos en donde se exalta lo peor de los enemigos políticos. Pero aún y con todo eso, existía cierto límite, con el que se imponía un punto insuperable. Hoy las cosas han escalado peligrosamente en una condición más preocupante.

Ya no es únicamente la descalificación con la que se exhibía a los adversarios para ser juzgados por la sociedad. Ya no es suficiente. Hoy se insiste con la descalificación del árbitro electoral, lo que pone a prueba la fortaleza de un instituto que no pertenece a nadie más que a los ciudadanos, pero que al parecer; hoy le estorba al partido en el poder y al titular del ejecutivo, principalmente.

Para ocultar esto, se le ha dado rienda suelta al impresentable Félix Salgado Macedonio, quien fue despojado de su candidatura por el Estado de Guerrero al haber incumplido con una obligación, lo peligroso de todo, es que es precisamente este personaje quien ha lanzado graves amenazas a los consejeros del instituto, sin ninguna condena por parte del ejecutivo.

Con base en lo anterior, apareció un tibio y mediocre posicionamiento de una secretaria de gobernación que no ha sabido responder a su cargo como responsable de la política interna del país. Ni de nada. Olga Sánchez Cordero lanzó un tuit en el que determina que: hace “un enérgico llamado a mantener las diferencias dentro de la legalidad y el respeto mutuo, tanto a las instituciones, como a los servidores públicos”. ¿Es en serio? ¿alguien del INE cometió alguna falta?

La desesperación del partido en el poder y su dueño es notoria, a pesar de presumir que cuentan con el aval de la gente, pero se han enterado que han ido perdiendo de a poco ese apoyo. El asedio al INE no es en lo único en lo que los opositores al régimen deben preocuparse. Deben cuidarse de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) a cargo de Santiago Nieto, o de la propia Fiscalía General de la República, porque son perseguidos para quitarlos de en medio, sea como sea.

Peligroso rumbo para la incipiente democracia mexicana que estará a prueba en los próximos meses.


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