La valentía de las hordas

DigitalMex - Periodismo Confiable

Publicado en Opinión

La valentía de las hordas

Miércoles, 21 Julio 2021 04:18 Escrito por 
Alfredo Albiter González Alfredo Albiter González Lo bueno, lo malo y lo serio

Desde antes de arribar al poder el hoy presidente de México Andrés López Obrador, las redes sociales ya se encontraban infestadas de aparentes incondicionales del tabasqueño, las que sin cesar, sin tregua alguna, arremetían contra quien osaba opinar diferente de su líder.

 

 

Lo que al principio asustó a más de uno que se vieron intimidados por la cantidad de ataques que recibían al expresar su punto de vista, con el tiempo se vieron obligados a desistir, abandonando comentarios contrarios a la manera de pensar del orador que tardó tres campañas en lograr el objetivo de llegar a la presidencia.

Y no es porque los hoy “valientes” defensores de la ideología lopezobradorista expresaran su apoyo al tabasqueño con base al mejor criterio y los mejores argumentos, al contrario; únicamente desarrollaban su defensa a partir de una serie de insultos y amenazas, que a la fecha no cesan.

Muy pronto se desenmascaró la forma de operar de las redes que trabajan en favor de lo que se insiste en llamar la 4t. Grupos que sirven a esta administración y sobre todo, que defienden al político morenista, por lo que se volvió imposible ocultar su existencia, y ahora lo hacen con descaro y sin pudor alguno.

Los cruentos ataques en contra de los que se “atreven” a criticar a un gobierno que de principio y hasta la mitad del camino, son duros, a pesar de no tener nada que presumir. Lo ha hecho mal; con decisiones que han sido desastrosas, no hay nada que sea digno de comentar.

Las obras emblemáticas de este gobierno se han visto contaminadas con acusaciones y señalamientos por la falta de un proyecto ejecutivo que implique contar con la evaluación de factibilidad; que permita saber si éstos son viables, y determine el control y mitigación de los riesgos ambientales. Nada de esto parece ser importante para quien está en el poder.

A partir casi desde el primer minuto del inicio de la presente administración todo ha sido tomado por la fuerza, lo que se le ha facilitado por contar con la mayoría en el Congreso. Por lo que pronto se empezaron a realizar los deseos de quien presumió contar con todas las soluciones.

La visión de un nuevo país para López Obrador no se encuentra a partir del progreso y del desarrollo social, sino del sometimiento. Lo ha dicho entrelineas  y se le ha celebrado por parte de sus grupos pagados, y sus incondicionales, tal vez convencidos de que es lo que debe ser.

López disfraza la verdad con mentiras que recita todos los días desde Palacio Nacional por medio de sus mañaneras; seguro que serán reproducidas por todos los medios de comunicación, tanto por los pagados, como por los no pagados que sin querer se convierten en cómplices, las que le sirven como excusa necesaria para continuar con la construcción de lo que piensa será su legado.

Aunque son muchos los que dudan que logre su intento, por ser él el único que brilla en su firmamento, no queda más que pensar en lo que muchas veces se ha señalado. López Obrador no busca un relevo, él busca y siempre ha buscado desde el principio una meta; reelegirse.

No obstante, las hordas que defienden a su líder son todo terreno, y logran convencer a los que cuentan con un débil pensamiento, y con ellos ajustan su mira para desplegar los señalamientos, acusaciones y los insultos de todo tipo en contra de los periodistas principalmente, a los que López identifica como sus adversarios.

Esos adversarios que se ven más poderosos con una pluma y un papel, que con una Ak-47, porque no ha habido mayor insulto día con día que los que se le ha dedicado a la prensa nacional e internacional. Pero de los verdaderos delincuentes no se escucha que se les toque ni con el pétalo de una rosa.

 

 

Valientes los inquisidores que defienden al poder sabiendo que no les pasará nada, sino todo lo contrario; serán recompensados por su labor leal y por emular las hazañas de los grandes guerreros, nada de cobardía, solo defienden la grandeza de su grandilocuente líder.

Puede llamárseles héroes porque con su espada afilada traducida en palabras hieren a muerte a los que piensan diferente, de lo cual, disfrutan con vehemencia, clavando una y otra vez su espada en el cuerpo de los que les han convencido son sus enemigos.

La historia los alcanzará y sólo se espera que su arrogancia y valentía miserable pueda ser compartida a sus descendientes y los descendientes de sus descendientes, para presumir que un día fueron pieza clave para cambiar los destinos de esta gran nación.

Sin embargo, existe del otro lado una conciencia férrea, incontenible, que no se deja impresionar tan fácilmente y que poco a poco les ha ido perdiendo el miedo, a tal grado que su atrevimiento se fortalece, sobre todo, porque se han lanzado en contra de los más débiles; los grupos vulnerables. Como es el caso de los niños con cáncer.

Todos, forman parte de esta gran nación, que ha demostrado en las malas su capacidad de solidaridad. Prueba de ello son los terremotos y los desastres naturales en los que la suma de voluntades supera la reacción de los tres niveles del gobierno.

Ahora, solo se cuentan dos grupos, los buenos (el pueblo bueno y sabio), y los malos (todos los demás). Entonces, la pregunta sería: ¿a cuál bando pertenece la delincuencia?

México es la clase media; los pobres; los trabajadores; los de las diferentes comunidades; los de la comunidad LGBT; los niños con cáncer; los que exigen la legalización de la marihuana; los que no están de acuerdo con el tren maya, o la refinería, o el aeropuerto; los desplazados por la delincuencia; los familiares de los muertos por causa de la pandemia; las víctimas de la violencia; las familias de los desaparecidos; los defensores de los derechos humanos; de todos y cada uno de los que han sido señalados como agitadores, o manipulados por fuerzas extrañas, todos, somos el otro México.


Visto 687 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio