“Utupía de la felicidad”

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Publicado en Opinión

“Utupía de la felicidad”

Martes, 28 Septiembre 2021 00:55 Escrito por 
Iván Olivares Iván Olivares Paradojas

¿Qué sucedería si a nuestro alrededor pudiéramos contemplar un mundo donde no existieran gobernantes ni gobernados, guerras ni maldad, bancos ni monedas, y donde además, todo fuese un remolino de alegría inconmensurable a costa de la desgracia de uno solo o de solo algunos?

Recordé un cuento titulado “Los que se marchan de Omelas”, de Ursula K. Le Guin, creado en 1973; donde reflexiona acerca de la disyuntiva moral y la vida en la sociedad de su época, que entrañablemente nos hace pensar en el mundo de hoy,  y nos permite repensar sobre muchos de los temas que se encuentran en discusión permanente; desde aquellos que nos influyen a todos, como la pandemia y las crisis financieras, hasta otros, regionalizados, como las guerras en medio oriente, el hambre en africa y las crisis sociopoliticas de América; unos más de agenda común, como la violencia por razones de género, el aborto y la libertad sexual, la legalización de las drogas y la muerte como moneda de cambio en todas las latitudes del mundo.

“Omelas es una ciudad que parece tenerlo todo, de esas que sólo se encuentran en los cuentos de hadas. Paisajes coloreados por melodías que inundan el aire con procesiones y desfiles donde los habitantes celebran su felicidad y alegría permanentes. Una sociedad pacífica, sin crímenes, guerras o injusticias; mucho menos monarquías o esclavos. Sus habitantes poseen la sabiduría suficiente como para discernir lo necesario de lo nocivo, sin que la avaricia los domine”.

Detrás de esa idílica y casi melancólica imagen, uno podría preguntarse ¿es posible que existiera alguna vez un lugar así? Estamos tan acostumbrados a lo malo, a lo pernicioso, a la crueldad y la injusticia como premisa. Miramos a diario un sinfín de acontecimientos perturbadores que la vida por sí misma y otras veces el actuar humano, nos proporcionan como un vulgar espectáculo que nos recuerda en qué nos hemos convertido individual y socialmente. ¿Nos gustaría acaso formar parte de un mundo donde todo signifique paz?, o ¿acaso somos y siempre hemos sido sujetos de confrontación y violencia, y por ello no toleraríamos el sopor que la infinita alegría nos cause?

Omelas tiene un secreto: “Encerrado en lo más profundo de un calabozo oscuro y estrecho se encuentra un niño, en condiciones míseras de vida: un ser atravesado por el sufrimiento y el dolor, consciente de su condición, aunque no lo suficiente como para poder disfrutar de la vida si algún día fuera liberado de su tormento”. Que además, de ser liberado, las bondades del lugar desaparecerían y entonces la condena no sería de uno, sino de todos. 

En tal caso, si reflexionamos lo que a nuestro alrededor acontece, desde cada una de nuestras perspectivas y principios, pensemos en todo aquel que desfavorecido por las circunstancias y la opresión sobreviven a la angustia y la maldad que les rodea, provocada por la avaricia y la iniquidad de otros; pensemos también si acaso miramos hacia ese lado, y qué estamos dispuestos a hacer para ayudar. Somos solidarios o preferimos la indiferencia, porque es más fácil para cada uno de nosotros no salir de nuestra zona de confort y continuar con lo que nos corresponde, que desafortunadamente, muchas veces, también es poco.

La utopía para nosotros no radica tanto en cómo procurar que nuestra felicidad no se desvanezca, por el contrario, se centra en imaginar que pudiéramos tener un poco más y evadir la continua desdicha, al menos la que a la mayoría nos acecha, porque en nuestra realidad, no son todos los que disfrutan y uno solo el que padece, son unos cuantos los que a base de poder han construido su alegría y el paradigma de la felicidad se da a cuentagotas para las mayorías.

En Omelas, algunos han visto al niño, más no soportan la desgracia de aquel pequeño y muchas veces se marchan, para no ser cómplices y víctimas de tan horrendo secreto, sabedores de que después de verlo no podrán ser felices en realidad. ¿A dónde van? es imposible saber, aunque uno diría que se van a un lugar más bien parecido al tuyo o al mío, donde se cohabita con todo lo malo y lo bueno que puede haber, resignados muchas veces a esa realidad que no nos deja entender que todo ha sido construido sobre las ruinas de la moral, de la sabiduría, de la bondad y de la paz.

Somos artífices de una sociedad cada vez menos empática, más voraz y aniquilante, que cada día nos consume y nos cercena un poco el alma. Pero, ¿somos capaces entonces de comenzar de cero? De saber que existe en el interior algo que nos impide ser felices, después de ver a ese niño en cada rincón del mundo, y con la utopía invertida,  ¿estamos dispuestos a sacrificar lo común para que a todos nos vaya mejor, o preferimos vivir en nuestro Omelas particular?, donde nuestra felicidad limitada, puede ser poca, pero al fin y al cabo, nuestra.


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Iván Olivares

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